Melissa Panerello – Entrevista con la pornógrafa punk

“Pero ni las mujeres de antaño ni las de hoy en día, presentables o no, podrían disimular su ingenuidad: albergar esa clase de vana ilusión de que su príncipe azul algún día llegará. En especial las bravuconas, con sus portacajas y sus bocas sucias, o las que les gusta aparentar con sus coches de dos plazas y el bolso lleno de estimulantes. Incluso aquellas que llevan las cicatrices como si fueran condecoraciones de guerra y se enrollan las medias hasta los tobillos no pueden ocultar a la dulce criatura, a la atractiva niña acurrucada en algún lugar íntimo, entre las costillas, o quizás debajo del corazón”.(Toni Morrison, Amor)

A Melissa Panarello no le gusta cómo suena diciannove (diecinueve), que es la edad que acaba de cumplir. No es que importe porque, tal como lo señala ella, luego de la publicación de su primer libro en Italia, Los Cien Golpes [Cento Colpi di Spazzola Prima di Andare a Dormire] basta con que se mencione su nombre para que la gente sepa su edad, ya que en el momento de la aparición del libro, su edad constituyó el foco de la discusión. Panarello distó mucho de mostrarse sorprendida cuando el libro, sincera descripción de varias relaciones sexuales, fue publicado: “Ciertamente la interpretación superficial que le hicieron al libro no me dejó satisfecha”, explica por correo electrónico, “pero eso fue la vía rápida que tomaron los críticos literarios y los diarios. Se refirieron al sexo de un modo escandalizado, como si eso fuera la única cosa interesante en el libro”.

Parece algo insincero de parte de Melissa sugerir que los críticos se hayan de algún modo centrado en un tema secundario. Que no quepa duda: el tema principal del libro es el sexo, y lo que escandaliza en particular es que el sexo desidealizado provenga no de una mujer madura, sino de una adolescente. De todas formas está segura de sus intenciones, y descarta comparaciones con La Vida Sexual de Catherine M, de Catherine Millet, por la misma razón de que ese libro está también considerado un retrato del sexo. Según las palabras de Panarello: “Lo leí y no me gustó. El sexo no me parece un asunto intelectual o filosófico, más bien me parece de carne y hueso. La comparación no habría podido ser más errónea o artificial: Millet tiene más de cincuenta, y yo tengo diecinueve, venimos de dos mundos diferentes, tenemos mentalidades distintas, y además (es aquí donde hace un gesto dramático arrogante) yo soy más bonita”.

Su libro, ¿es pornografía o literatura, o excluye lo primero a lo segundo? “Para empezar, creo que tanto la pornografía como el arte erótico pueden sin duda alguna ser obras literarias”. Pasa a citar al Opus Pistorum de Henry Miller y a Un Espía en la Casa del Amor [Spy in the House of Love] de Anaïs Nin como Obras de Literatura (con mayúscula) que caen en la categoría de arte pornográfico-erótico. Para que conste, Panarello considera su libro pornografía, aunque su concepto de la pornografía sea bastante diferente de la presunta “moral ética de la mayoría”. “A mí me parece que la pornografía tiene cierta sinceridad, aunque no en el sentido corriente de “fidelidad”, y pureza de propósito. No todo lo pornográfico es por definición superficial u ordinario: cuando la pornografía encubre una idea puede ser tan profunda e introspectiva como cualquier otro trabajo”.

Es interesante que use la palabra “introspectiva” porque su propio libro es profundamente introspectivo. El diario va desde julio de 2000 a agosto de 2004. Es tan envolvente que resulta fácil olvidarse que, fuera del despertar sexual de Melissa, otras cosas dignas de mención sucedieran en el mundo. La única vez que el mundo exterior es mencionado brevemente es cuando se hace un comentario acerca del 11 de septiembre: “Quizás Daniele esté mirando las mismas imágenes por la tele, las mismas que yo veo”. Está de acuerdo con que el libro haya sido catalogado de introspectivo y explica, con ironía: “Los críticos deberían saber que yo soy terriblemente narcisista”. Pero dicha introspección es más que simple vanidad: “El único mundo al que el lector puede acceder es el de Melissa. Todos los demás mundos son irreales y lejanos, tan sólo ecos perturbadores de la realidad personal”.

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