Los antiguos americanos: una nueva interpretación de la historia del Nuevo Mundo. Una entrevista con Charles C. Mann.

¿Cómo era el continente americano antes de la llegada de los europeos? Los avances en los campos de la antropología, arqueología, ecología, geografía e historia se han combinado para desafiar a muchas de las teorías mantenidas por largo tiempo sobre los habitantes de la América precolombina y sus orígenes. A partir de un viaje no planificado a las ruinas mayas de Chichén Itzá en 1983 que lo dejara fascinado con la cultura mesoamericana, el escritor científico Charles C. Mann ha estado siguiendo este progreso con el interés y la vista aguda de un periodista. Mann ha sido descrito como “un brillante sintetizador y popularizador de las ideas académicas”, que en su último libro Ancient Americans: Rewritting the History of the New World (“Antiguos americanos: la historia del Nuevo Mundo re escrita”) saca a relucir algunos de los principales temas contemporáneos de la arqueología y la historia referentes a las Américas antes de 1492. Temas que no sólo son pertinentes a los estudios académicos, sino que también tienen implicaciones significantes para los americanos y europeos del siglo XXI, y para nuestra percepción de nuestra relación moderna con el mundo natural.

Charles C. Mann accedió amablemente a concedernos la siguiente entrevista (realizada por medio de correo electrónico).

El título de su libro, al menos en Europa, es Ancient Americans (“Antiguos americanos”), que es un punto de partida tan bueno como cualquier otro. Subraya argumentos que sugieren que no sólo nos hemos equivocado con referencia al tamaño de las sociedades precolombinas, sino también su edad. ¿A qué edad podemos remontar con fiabilidad la primera sociedad urbana en el continente americano?

El complejo urbano más antiguo en el continente Americano del que tengamos conocimiento era un clúster de más de 20 poblaciones sobre la zona costera de Perú, a aproximadamente una hora del norte de Lima. Un equipo peruano/estadounidense en 2001 se sirvió del método del carbono 14 para determinar que las ciudades se remontaban al 3000 A.C. (algunas más antiguas, y otras más recientes). Esto es antiguo no sólo para los americanos sino también para el resto del mundo, porque por ejemplo las pirámides egipcias no habían sido construidas.

Una larga sección del libro se dedica al debate sobre el tamaño de la población precolombina en el continente americano. ¿Cuál considera el cálculo más creíble, y por qué tiene tanta importancia?

Hasta la década de los sesenta la mayoría de los investigadores pensaba que en el momento de la llegada de Colón todo el hemisferio contaba con sólo unos pocos millones de habitantes. Ahora la mayoría (aunque no todos) cree que el número real era mucho, mucho más elevado. La estimación académica más elevada que he visto es de 140 millones, si bien el porcentaje de investigadores que considera que el número pueda llegar a estas proporciones es pequeño. Actualmente la cantidad mayormente más aceptada es de 40-60 millones. Nótese, sin embargo, que la cantidad “mayormente aceptada” sigue aumentando a medida que va entrando nueva información. No me sorprendería si la cifra consensual termina en los 80 millones.

El debate reviste importancia por varias razones, pero mencionaré sólo dos: la primera es que los números poblacionales dan una idea de la escala de las civilizaciones indígenas. Las sociedades pequeñas encuentran difícil proporcionar el excedente y la mano de obra necesaria para construir obras arquitectónicas públicas, redes viales, sistemas de transporte que definen a las culturas materialmente sofisticadas. Se necesita cierta cantidad de gente para construir Chartres o el Templo del Cielo.

La segunda razón es la justificación empleada por los europeos para asumir el control de las Américas: la doctrina legal de res nullius, o bien el concepto que cualquier persona tiene derecho a tomar territorio que esté vacío y sin utilizar. Si la población nativa de Estados Unidos en 1491 era de 900.000, tal como hasta hace poco lo creían los eruditos, queda bastante claro que los británicos, los españoles y los franceses no dejaron pasar la oportunidad de tomar posesión de tierras sin hacerle un mal a nadie. Si, por lo contrario, el país estaba habitado por millones de gente, esta justificación deja de ser sostenible.

La última edición (la cuarta) de The Times Compact History of the World (“Historia concisa del mundo de The Times”) de 2005 presenta a las Américas de la siguiente manera: “El continente americano fue colonizado desde Asia a finales del último período glacial, cuando los niveles marinos se reducieron, convirtiendo al estrecho de Bering en tierra firme. El subsiguiente derretimiento del hielo aisló al continente de Eurasia”. ¿Por qué cree que la teoría del estrecho de Bering ha dominado y eclipsado a las demás teorías sobre los orígenes de los colonizadores originales de las Américas? ¿Nos estamos acercando a un nuevo consenso sobre la pregunta de dónde y cómo se colonizó inicialmente el continente americano?

La teoría del estrecho de Bering es sustanciosa y se entiende fácilmente, lo que la hace intelectualmente atractiva. Aparte de esto, la evidencia generalmente más aceptada sobre la primera presencia humana en el hemisferio fue inmediatamente después que el estrecho se hundiera bajo las olas, y no se puede ignorar el periodo del suceso. Durante las últimas dos décadas, sin embargo, una gran cantidad de datos arqueológicos, geológicos, genéticos y lingüísticos han desafiado a la teoría del estrecho de Bering: en la opinión de muchos investigadores, la han herido de muerte.

En primer lugar, un equipo chileno/estadounidense de investigadores desenterró pruebas convincentes que indicaban que el extremo sur, cerca de Tierra del Fuego, había estado habitado aproximadamente al mismo tiempo que el estrecho de Bering se estaba cerrando. Dado que la mayoría de los investigadores creen que a los paleoindios (así los han llamado) les hubiera llevado miles de años en colonizar el hemisferio, la evidencia sugiere que habían habitado el lugar desde un periodo mucho más anterior al estimado. En segundo lugar, no se ha logrado descubrir evidencia en lo que respecta a un “pasaje libre de hielo”. Esto está relacionado con el problema que cualquiera que caminara sobre el estrecho de Bering se hubiera topado con enormes capas de hielo de 2000 millas de longitud [NT: Algo más de 3200 KM] que cubrían en ese entonces a una América del Norte en plena glaciación. Se había especulado que el derretimiento del hielo habría abierto una brecha entre las dos capas de hielo, partiéndolas como el Mar Rojo ante Moisés. Los paleoindios habrían atravesado la brecha a pie y así llegado a las Américas. Al parecer no es esto lo que ocurrió. Y en tercer lugar, la genética indica que los indígenas se separaron genéticamente de sus afines en Siberia hace veinte o incluso treinta mil años.

Todo esto, si bien no es concluyente, indica que los orígenes fueron más tempranos. Dado que nadie puede explicarse de qué otra manera hubieran cruzado el hiel
o, cada vez más investigadores comienzan a pensar que deben haber venido en embarcaciones. No existen evidencias para probar esto, pero en cierta forma tendría que ser la hipótesis por defecto: después de todo, los asiáticos llegaron a Australia por mar hace decenas de miles de años.

Cuando se trata de las hazañas de los aztecas, los mayas y los incas, una respuesta común ha sido: “eso está muy bien, pero ni siquiera tenían la rueda”. Sin pedirle que evalúe las dos culturas diferentes en forma competitiva, ¿podría comparar en grandes trazos el nivel de innovación técnica entre las Américas y Europa en el tiempo de la Conquista?

Los europeos tenían en verdad algunas ventajas sobre las sociedades indígenas (el caballo, las enfermedades contagiosas como la viruela) pero en general estas no eran ventajas 'tecnológicas'. Mejor dicho: cada sociedad tenía sus propias áreas de desarrollo especializado. Muchos investigadores agrícolas creen, por ejemplo, que los cultivos y métodos de las Américas eran superiores a los empleados en Europa. Los europeos, a su vez, poseían medios superiores para aprovechar la energía hidráulica: bombas y molinos. ¿Qué aspecto reviste más importancia? Es difícil decidirse.

Un ejemplo que desarrollo extensamente en mi libro es el de la metalurgia. Los europeos tenían acero y los indígenas no, lo que ha llevado a algunos investigadores a sostener que esencialmente la metalurgia indígena no existía. Después de todo, no tenían hachas de acero. Pero éste no es el caso. Los incas, por ejemplo, valoraban a los metales no por su dureza y filo, sino por su color y ductilidad. De esta manera aprendieron a crear aleaciones complejas de oro y plata y desarrollaron técnicas para unir y moldear chapas extremadamente finas que iban más allá de lo conocido en Europa en ese momento. Y resultó que las armas de acero hubieran sido útiles en la confrontación con Europa, pero la ausencia de las mismas no era el resultado de una falta de metalurgia sofisticada. Existen muchos ejemplos más.

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