La Nueva Turquía: Reflexiones desde Estambul

“Cabe señalar que la adhesión a la UE es un largo proceso”, comenta Chris Morris, autor de The New TurkeyThe Quiet Revolution on the Edge of Europe (“La Nueva Turquía: Revolución Silenciosa en las Afueras de Europa”1 ). Morris trabajó gran parte de su estadía en Turquía como corresponsal de la cadena británica BBC [1997-2001], y se pasó el tiempo, necesariamente, examinando las complejidades y las contradicciones relacionadas a la propuesta candidatura de Turquía a la UE. “Para la adhesión de Turquía a la UE en sí, en caso de llegar a darse, pasará al menos una década… ¡sobra el tiempo para que ocurran más crisis! Algo que sorprenderá a muchos turcos es la magnitud del cambio al cual deberán enfrentarse: existen más de ochenta mil páginas de normas y regulaciones de la UE que tendrán que ser adoptadas por el sistema legal turco (y algunos de los temas a tratar más difíciles serán algunos de los más comunes: seguridad alimenticia, reforma agrícola, estándares medioambientales, etc. Luego están las controversias, que suelen encabezar los titulares: los derechos humanos y el papel de los militares, en especial en lo que respecta a la continua división de Chipre. Ahora que los griegos chipriotas son parte de la UE ellos mismos, pareciera como que quisieran hacerle la vida difícil a Turquía a cada paso, y eso puede acabar la paciencia de muchos en Ankara y en Estambul. Los nacionalistas profesan rigurosas críticas sobre el gobierno de Tayyip Erdogan por haber cedido demasiado en lo que respecta al asunto de Chipre”.

La mayor parte del debate en países como Francia e Italia tiene que ver con el hecho de que la candidatura de Turquía ha presupuesto que ser parte de la UE es vital para Turquía. Quizás el actual gobierno turco y varios grupos en pro del proceso de reforma compartan esta opinión pero, tal como lo demuestra el libro de Morris, existen muchas opiniones en lo que respecta al futuro de Turquía. Morris realizó una encuesta entre los mercados de pescadores de Estambul, y la respuesta de un comerciante a lo que pensaba acerca de la adhesión de Turquía a Europa fue: “Pero sí, nos encanta Europa, queremos ser parte de Europa, pero si no nos quieren, que se vayan al diablo”. Turquía está ajustándose al mundo moderno, examinando su cultura, leyes, sociedad y lugar en el mundo. ¿Es realista, sin embargo, sugerir que Turquía pueda llegar a rechazar la adhesión a la UE algún día? “Es ciertamente una posibilidad”, responde Morris. “Si Turquía adopta todas las reformas impuestas por la UE, surgirá en 10-15 años como un país totalmente diferente en los ámbitos político, económico y social. No es difícil imaginarse que un creciente número de turcos se darán vuelta y dirán ´Un momento… hemos llegado a lo que queríamos: hemos efectuado cambios en el país, nos va bien y tenemos una situación estable; ya no sentimos la necesidad imperiosa de adherirnos a la UE´. Muchos turcos están comenzando a darse cuenta de la pérdida de soberanía que entrar en la UE trae aparejada, y en un país tan celoso de su independencia, esto constituirá uno de los grandes puntos en la agenda de las discusiones futuras”.

Aquellos en la UE involucrados en el debate sobre la adhesión de Turquía señalan las serias reformas logradas como parte del proceso de adhesión. Cabe preguntar qué puede llegar a pasar si la UE decidiera rechazar la candidatura de Turquía a la UE. ¿Existe el riesgo de que una decisión tal arrase con las reformas logradas durante los últimos años? “No creo que se pueda volver totalmente atrás, no”, responde Morris, antes de proseguir para señalar que “se ha ciertamente vinculado a las reformas con el proceso de adhesión a la UE, aunque éstas son también el resultado de demandas internas de cambio que se venían cocinando en el sistema político. El estado turco estuvo muchos años estancado en la manera antigua de hacer las cosas, pero la gente ya no está dispuesta a aceptar más eso. A pesar de que el proceso de adhesión a la UE muestre signos de inestabilidad, creo que la reforma va a su propia velocidad. Y aún así, todavía habrá miles de intentos de sacarla de curso”.

En países como Italia, donde tienen como quien dice “una historia” con Turquía, o más precisamente con el Imperio Otomano, se nota cierto prejuicio en las discusiones acerca de Turquía. El idioma italiano cuenta con muchísimas frases que utilizan la palabra “turco” de manera peyorativa, incluyendo la famosa “Mamma li Turchi” [“Mamá, ahí vienen los turcos”]. Los adversarios a la adhesión de Turquía a la UE han incluso llegado a mencionar entre dientes a la Batalla de Lepanto, la cual se libró en 1571 [El partido político italiano Lega Nord hizo referencia a la batalla en una demostración en Milán en contra a las negociaciones de adhesión]. Como corresponsal de la BBC en Turquía, ¿se topó Morris con prejuicios residuales similares en el bando turco, como resultado de nuestra agitada pero compartida historia? “Sí. Tal como ocurre en países como Italia, Hungría y Austria, existe todavía una memoria histórica de conquistas otomanas, por lo que Turquía recuerda los intentos de occidente de dividir el país luego de la caída del Imperio Otomano. El apoyo extranjero para los kurdos, o para los armenios, está todavía considerado en círculos políticos bastante serios como parte de un plan a largo plazo que apunta a debilitar y dividir la República Turca”. De hecho Morris dedica considerable parte de su libro a la exploración de la historia turca/europea porque, en sus propias palabras, “estos problemas históricos siguen jugando también hoy en día un papel importante en las relaciones entre Turquía y Europa”.

Mientras que los partidos de extrema derecha a lo ancho del continente advierten sobre una posible afluencia de inmigrantes turcos en Europa, la realidad es que los turcos han sido bienvenidos en varios países europeos como fuente de mano de obra económica desde la década de los sesenta. El milagro económico alemán occidental fue impulsado tanto por los Gastarbeiters (literalmente y del alemán: “trabajadores invitados”) turcos como por la eficiencia germana. Turquía, con una población de 72 millones, ha sufrido desde la década de los sesenta grandes trastornos a través de movimientos migratorios internos y externos. “El movimiento migratorio más significativo en la Turquía moderna ha sido interno, con millones de personas emigrando del campo a las ciudades. Esa tendencia se aceleró en la década de los noventa cuando las fuerzas armadas obligaron a cientos de kurdos a abandonar sus pueblos en el sureste, durante la guerra contra el movimiento rebelde PKK”, explica Morris. “Creo que el efecto principal de la emigración a otros países europeos ha sido el de abrir Turquía al mundo. Cincuenta años atrás esto era una sociedad muy cerrada con poco conocimiento acerca de otras sociedades o culturas. Ahora la mayor&iacute
;a de la gente, incluso si viven en el pueblito más remoto, tiene parientes o amigos que viven o trabajan en el extranjero. Algunos regresan y traen consigo ideas nuevas y perspectivas más amplias. Por lo general puede afirmarse que esto ha sido un desarrollo positivo, pero ha creado también algunas tensiones sociales, por ejemplo el choque cultural entre mujeres jóvenes, con valores modernos, y sus progenitores conservativos”.

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