La Cosa Nostra y una nueva imagen para la Mafia

Ud. toma un argumento interesante de una investigación de Leopoldo Franchetti [publicada en 1877], Condizioni Politiche e Amministrative della Sicilia (“Condiciones Político-Administrativas de Sicilia”), que afirma que la Mafia es en esencia una asociación comercial especializada en la venta de la violencia. Lo que es más, fue la ausencia de un monopolio estatal sobre la violencia lo que le otorgó poderes. En el transcurso del feudalismo al capitalismo, ¿qué es lo que creó las condiciones para la Mafia en Sicilia particularmente?

Aparte del capitalismo y un Estado débil, hay dos ingredientes claves más que ayudaron a formar la Mafia. El primero es una fuerte tradición de conspiración política: en vez de hacer como los miembros de los grupos terroristas republicanos y loyalistas norirlandeses, quienes son también gángsters, muchos de los primeros mafiosi eran tanto criminales como conspiradores patrióticos, o al menos se movían en ese ambiente. El segundo ingrediente son los limones, como lo explico en el libro. Es decir, el efectivo de un cultivo valioso y vulnerable que vinculó a Sicilia occidental a la economía mundial.

Para muchos, ciertamente en el mundo de los medios de comunicación, el momento en el cual Tommaso Buscetta se convierte en el “supersoplón” de la policía representó el primer avance en la lucha contra la mafia [Buscetta, un nombre importante en la Cosa Nostra, prestó declaración ante Falcone y desempeñó un papel fundamental en los enormes procesos que tuvieron lugar en Sicilia en la década de los ochenta]. En realidad, el libro documenta la numerosas ocasiones donde se hicieron intentos similares, en forma legal y política, de combatir a la Mafia. ¿Qué diferenció al testimonio de Buscetta, fue tan único como nos hacen creer?

En el libro relato la historia de Francesco Siino, el “capo supremo o regional” del área de Palermo en la década de los 1890, quien se dirigió a la policía cuando lo vencieron en una guerra de la mafia. (De una manera significativa, parece que fue su esposa la que lo convenció para que hablara). Pero una vez ante el tribunal, cuando se hizo claro que la causa, basada en parte en sus confesiones estaba desbaratándose, Siino se retractó. Los mafiosos, generalmente los que han sido vencidos, han estado colaborando con la policía desde el principio. Lo que es característico de Buscetta es simplemente que fue el primer “supersoplón” de la mafia creíble. Le creyeron porque hubo un juez, Giovanni Falcone, con el coraje, la empatía y la inteligencia de tomar su declaración en serio. Y gracias a Falcone, Buscetta entró más en detalle sobre la Cosa Nostra, y sobre lo que significa ser un hombre de honor, que lo que nadie había hecho nunca antes.

El testimonio de Buscetta hizo historia de una forma bastante literal. Fue su descripción de la mafia siciliana desde un punto de vista de alguien que ha estado adentro lo que llevó a los historiadores italianos a fijarse nuevamente en la evidencia y reescribir la historia de la mafia completamente. Es el trabajo de esos historiadores lo que he recopilado en mi libro.

No es justo pedirle que mire al futuro en vez del pasado, pero de aquí a cien años, ¿cuán probable es que Falcone, Buscetta y estos enormes procesos sean otro pie de página en la historia de la Mafia?

Sinceramente espero que no. Una de las lecciones de la historia de la Mafia es que ha sido casi derrotada en un número de oportunidades. No existe nada inevitable en la existencia de la Cosa Nostra. Si se puede encontrar la voluntad política (y ese es una gran tarea en Italia, si se lleva a cabo) la Mafia puede ser derrotada.

A menudo se describe a la Mafia como un Estado dentro de un Estado. Con su implicación en el tráfico de armas y drogas, ¿de qué manera ha afectado la guerra contra el terrorismo en pos del 11/9 a la organización? Aparte de posibles conexiones desde tráfico de drogas y blanqueo de dinero a grupos radicales islámicos, la Mafia ha demostrado en el pasado ser una organización terrorista (si la definición requiere víctimas civiles para lograr propósitos políticos), ¿cómo encaja esto en el mundo en pos del 11/9?

No sé si en verdad podemos considerar al 11/9 como un hito en la historia de la mafia de acuerdo a lo que implica esta pregunta. No creo que el surgimiento del terrorismo islámico signifique mucho para la Cosa Nostra, excepto en el sentido de que probablemente haya desviado parte del personal policial en EE.UU. e Italia a otras áreas fuera del crimen organizado. Los mayores momentos decisivos en la reciente historia de la mafia siciliana fueron el veredicto del Tribunal de Casación en 1992 que finalmente demostró la existencia de la Cosa Nostra, y los asesinatos de los jueces Falcone y Borsellino, unos pocos meses después. Otro momento decisivo fue la caída del muro de Berlín y el derrumbe del viejo sistema político en Italia: la Mafia no se podía ya más disfrazar como baluarte contra el Comunismo, lo que había sido la justificación de algunos actos de terrorismo de la mafia en el pasado).

Un grupo ausente en su historia, en su mayor parte, son las mujeres: ¿tienen las mujeres algún papel importante en la organización, que no sea pasivo?

Hay mujeres en mi libro: en los capítulos sobre el Informe Sangiorgi, por ejemplo, o sobre Peppino Impastato. Pero para contestar a la pregunta: sí, claro. A las mujeres no se les permite iniciarse en la Cosa Nostra, pero su cooperación es fundamental para la supervivencia de la organización. Es por eso que la Cosa Nostra tiene tantas reglas sobre el comportamiento de las mujeres y sobre el comportamiento de los hombres para con las mujeres. Es casi inevitable que las mujeres aprendan algunos de los secretos de sus sus hombres criminales: es a la mujer de un mafioso a quien le toca lavar la sangre y los excrementos de la ropa de su marido cuando ha estado estrangulando a una víctima. La Cosa Nostra no puede permitirse ganarse la antipatía de sus mujeres por miedo a que traicionen esos secretos. Las mujeres crían a sus niños para que admiren y emulen a los padres mafiosos quienes se pasan gran parte del tiempo fuera de casa (entre rejas, por ejemplo). Prestan sus nombres para los encubrir negocios ilegales. Aceitan la carrocería del poder de la Mafia en infinitas formas.

De vez en cuando ha habido mujeres de mafiosos que h
an ejercido poder: no podemos estar seguros de que si esto constituye un fenómeno enteramente nuevo. Pero cualquier mujer que participe en la elaboración de políticas siempre lo hace con autoridad prestada: está al mando a nombre de un marido en prisión, por ejemplo. Un caso muy reciente es el de Giusy Vitale, la hermana del jefe de Partinico; era jefe suplente de una Familia hasta que informó al Estado. Pero aún hoy en día, estos casos son sumamente raros, y más raros en Sicilia que en las otras asociaciones criminales en Italia. Cada jefe de la Cosa Nostra tiene, o debería tener, un segundo que esté pronto a tomar riendas en mano si matan o envían a prisión al jefe. La Cosa Nostra existe como organización precisamente para garantizar la continuidad del liderazgo.

La Mafia continúa existiendo en parte gracias a la complicidad de varios importantes socios sociales, ¿qué rol ha tenido la Iglesia en la lucha contra la Mafia? ¿Sería justo afirmar que, a nivel institucional más que por parte de los sacerdotes individualmente, la Iglesia ha estado lejos de ser estridente con respecto a sus críticas sobre la Mafia?

¡Ése resumen está bastante bien, aunque es algo generoso con la Iglesia! El hecho de que se tardara hasta 1993 para que el Papa saliera y declarara en público que la Mafia era un mal habla por sí mismo. Durante la Guerra Fría, el Vaticano estaba mucho más preocupado por el comunismo en Sicilia que por la mafia. A nivel local, ha habido bastante complicidad entre los clérigos individuales y la mafia, así como también casos extraordinarios de resistencia heroica.

Muchos mafiosos profesan además una versión de la fe católica; los ayuda a vivir con ellos mismos. Tal como ha dicho un desertor de la mafia recientemente:

“Nosotros los mafiosos somos creyentes porque […] estamos hechos de piel y hueso como cualquier otra persona. Claro que las primeras veces cae mal ver a la gente morirse mientras nosotros… bueno… nosotros hacemos el papel de verdugos. Pero después se vuelve normal.

La religion (o lo que pasa por ello) funciona como pegamento cultural que mantiene compacta a la Cosa Nostra. No se trata solamente de que la política dinástica de las redes de enlaces familiares líderes se interprete en rituales religiosos de paso tales como bautizos, bodas y funerales: convertirse en mafioso significa asumir una nueva identidad, y una extraña clase de moral religiosa como esta es a menudo parte íntegra de esa identidad. “Te voy a matar antes que Dios”, como un hombre de honor anunciara a un pilluela antes de ejecutarlo en público hace un par de años.

Existe un estereotipo político de la mafia, en particular luego de episodios como la masacre de Portella della Ginestra [una masacre de once personas en una reunión del Día del Trabajador en 1947, por parte de Salvatore Giuliano, según se cree, un mafioso], que ha sido alineado con la centro-derecha (y más obviamente con el CD). ¿Hasta qué medida ha logrado la izquierda italiana evitar contacto político con la mafia?

La mejor manera de evitar contacto político con la mafia es mantenerse alejado del poder, que es lo que ha hecho la izquierda en Sicilia durante la mayor parte de su historia. La mafia tiene un legado de sospecha con respecto a la derecha, que tiene su origen en la guerra del fascismo contra la mafia a fines de la década de los veinte. La Cosa Nostra es muy política, pero no es ideológica. Su hogar político natural es el terreno central amoral y amorfo de la vida pública italiana. Es ahí donde los políticos tienen más posibilidad de permanecer al poder, y donde la mafia puede llegar a los acuerdos de intercambio de los cuales depende para obtener acceso a los contratos de obras públicas y cosas por el estilo.

Cosa Nostra, a History of the Sicilian Mafia (La Cosa Nostra, una historia de la mafia siciliana) está publicado en inglés por la editorial Palgrave Macmillan, ISBN 1-4039-6696-6 (no disponible en castellano hasta la fecha).

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