Historias de Tortura y Otros Menesteres: Entrevista con Jon Ronson, autor de The Men Who Stare at Goats

Será interesante evaluar la reacción que recibirá el libro cuando se saque a la venta en Estados Unidos, en abril del año que viene. Su libro anterior, “Extremistas: Mis Aventuras con los Radicales” (Them: Adventures with Extremists) salió en un momento inoportuno, explica: “Fue el peor momento, justo después del 11 de septiembre, en Nueva York. A nadie le interesaba un libro divertido y placentero sobre extremistas en la última parte de 2001”. En cierto modo el libro ha encontrado su lugar en el tiempo en calidad de documento. “Creo que mi libro de “Extremistas” sobresale más ahora después del 11 de septiembre, cuando todo comienza a volver a la normalidad, y se puede ver a los personajes nuevamente como seres humanos”.

En una entrevista sobre Extremistas con la revista Salon Ronson comentó que “En retrospectiva, uno siente cómo el libro refleja un poco la creciente presión, una especie de situación tipo olla a presión que llega a un punto crítico en el capítulo dedicado a David Icke (el cual es fabuloso porque es un capítulo tan burlesco, tan absurdo pero a la misma vez es justamente eso de lo que se trata: los extremistas se están volviendo más locos, y otro tanto vale con respecto a nuestras respuestas hacia ellos”. De alguna manera The Men Who Stare at Goats constituye la parte virada de la historia. Mientras que las teorías de la conspiración florecieron entre los marginados y los inestables, dentro de los recintos del poder se estaban produciendo reacciones. “Me gustaría que [la editorial] Picador algún día publique los dos libros en un solo tomo, porque se me hace que en cierta forma cada uno muestra la otra cara de la moneda. En parte esto se debe a que se mueve desde los sectores marginales de la sociedad hacia la dominante, pero también tiene que ver con el hecho que The Men Who Stare at Goats plantea una de las teorías de la conspiración más alocadas que existen” afirma Ronson, “David Icke creería que un equipo elite compuesto por soldados de fuerzas especiales que intenta matar cabras mirándolas fijamente cabe enteramente en la idea de que la elite mundial desciende de estas líneas de sangre fría que intentan frenar los poderes de Satán para controlar a la gente [se ríe]. En la vida real, está loco de remate que pretendan esto, pero en la vida real se trata de un grupo de cabras ahí paradas, no cayéndose. El libro humaniza la teoría de la conspiración más grandilocuente que existe, y valida su existencia, pero existe de una manera muy diferente a la que creen”.

Los críticos pueden sugerir que mientras Ronson habla acerca de humanizar las historias, la verdad es que trata a los personajes en el centro de su historia de manera condescendiente. Esta acusación no resulta nueva para él, y la niega rápidamente: “Hace un par de años la gente me hubiera acusado, supongo, al igual que a Louis Theroux, de alejarnos de la gente que estábamos describiendo, porque nos considerábamos de alguna manera mejores que aquellos con un tornillo flojo. Además nunca pensé que eso fuera cierto sobre mí (no puedo hablar por Louis), de todas formas nunca me sonó a cierto sobre mí mismo. Pensé que estaba implícito en lo que escribía, que yo era tan flexible como la gente que yo estaba describiendo. Y ahora. Durante los últimos años, he estado concentrando mis esfuerzos en presentarme de esa manera, porque no quiero que exista este tipo de distancia moral entre la gente sobre la cual escribo. La razón por la cual elijo las personas sobre quienes escribo es porque de alguna manera me identifico con ellos.”

De hecho, mientras se habla con Ronson, se nota un genuino afecto cuando habla sobre gente como Jim Channon, a pesar de las ideas descabelladas que ha tenido. Menciona cuántas invenciones modernas útiles han surgido de investigaciones militares: “En cierta forma hay que respetarlo. Existen algunas invenciones que han tenido un impacto positivo en nuestras vidas, que surgieron a raíz de los intentos “innovadores” de los científicos m
ilitares estadounidenses. Una de ellas son las chaquetas fosforescentes: fueron inventadas porque los aviones de los aliados necesitaban algo para reconocerse entre sí y así evitar el fuego amigo durante la segunda guerra mundial, por lo que en cierta forma se merecen nuestro respeto por no temer ser considerados algo disparatados, pero a la misma vez se dieron invenciones bastante locas.

No cabe duda que Ronson sabe cómo relatar una historia descabellada. Parece que ambos libros están en camino a ser filmados en Hollywood, lo que tiene a Ronson verdaderamente entusiasmado. En el caso de “Extremistas” parece que la película será rodada por uno de sus directores preferidos, que de momento debe permanecer en el anonimato. A primera vista, a mi parecer al menos, “Extremistas” será un proyecto difícil de llevar a la pantalla. Ronson predice entusiasmado “Ahí está la idea de un tipo simple, tímido, un liberal, que es absorbido por el mundo de las conspiraciones, y que comienza a cuestionar su racionalidad. Comienza a parecer como si los locos tuvieran razón. ¡Algo así como la conjunción de Woody Allen con El Candidato Manchuriano!

Tras admitir que ha echado un vistazo a los informes y testimonios de los prisioneros de la bahía de Guantánamo puestos en libertad, como asimismo buscado pistas de las ideas del Batallón Terrestre Primero, se va por las ramas sobre la “bomba gay” tomándome el pelo, supongo, con una investigación llevada a cabo por militares estadounidenses para desarrollar una bomba que despediría un afrodisíaco químico que provocaría la homosexualidad generalizada entre las tropas enemigas. Una rápida verificación demuestra más tarde que (¡quién diría!) es cierto: “Los militares estadounidenses investigaron la construcción de una “bomba gay” que volvería a los soldados enemigos “sexualmente irresistibles” entre ellos, según afirman los documentos oficiales” (fuente: BBC News. A veces lo único que queda es la risa…).

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