El cuerpo del delito: el petróleo en Irak como motivo de guerra

Previo a la guerra en Irak, el petróleo estaba en boca de todos, fuera ya para acusar o desmentir: manifestantes a favor de la paz, los medios de comunicación y los gobiernos involucrados. En el Irak de posguerra, no obstante, y en la ausencia de armas de destrucción masiva, poco se menciona respecto a la cuestión del petróleo. ¿Cuál es la evidencia de que la invasión haya estado fundamentada en intereses empresariales? ¿Cuál es la situación de la actual producción petrolífera en Irak? Three Monkeys Online planteó estas y otras preguntas a James A. Paul, director ejecutivo de Global Policy Forum, la organización con sede en Nueva York. Paul ha estudiado los precedentes históricos y la evidencia actual que sugiere que esta invasión ha girado en torno al petróleo y a los grandes negocios, y ha escrito específicamente sobre el tema.

¿Parte de la opinión que el motivo principal detrás de la invasión fue el petróleo?

Vamos a ver, he escrito un par de artículos al respecto. A mí me parece que la guerra en Irak fue conducida principalmente por EE.UU. y el Reino Unido porque deseaban controlar los recursos petrolíferos de Irak. Está en claro que eventos humanos de esta complejidad raramente están ocasionados por una sola causa; no quisiera pecar de simplicidad excesiva. Es obvio que hubo una variedad de factores en juego, todos relacionados con esta guerra de manera supedita. Los neoconservadores de la administración estadounidense tenían cierta imagen de un imperio de EE.UU. y sentían la necesidad de imponer su país al resto del mundo; posiblemente hasta albergaran ciertas fantasías de llevar la democracia a Medio Oriente. Existe una variedad de elementos políticos e ideológicos que conforman el cuadro completo; aún así sostengo que nada de esto hubiera conducido a (a) una guerra en Irak o (b) una guerra en este determinado momento, si no hubiese sido por un elemento abrumadoramente primordial: el deseo de asir el poder sobre los recursos petrolíferos de Irak. En los varios artículos que he escrito (nota del editor: ver los enlaces al pie de este artículo), he tratado de debatir por qué el petróleo constituye un elemento tan abrumador. Le he dado un enfoque histórico, donde se consideran las guerras del Reino Unido en Irak y cómo una compañía británica, o una compañía con sede en y controlada por intereses del Reino Unido, ha controlado los recursos petrolíferos de Irak por largo tiempo. He intentado mostrarlo desde un número de ángulos diferentes para que se comprenda mejor y para que el debate quede más claro y persuasivo. Mi conclusión es que el petróleo ha sido el factor número uno detrás de esta guerra.

¿Pero cuál es la evidencia clave?

Mi punto de partida no fue una teoría acerca del petróleo: fue el seguir de cerca los debates en las Naciones Unidas durante los años de sanciones. Se notaba una gran división en la ONU entre los cinco miembros permanentes del Consejo de Seguridad: Francia, Rusia y China en un bando, y EE.UU. con el Reino Unido en el otro. No me explicaba la razón para que, desacuerdo tan profundo causara esta escisión, que se mantuvo por espacio de 13 años. Comencé a encontrarle sentido sólo cuando empecé a adentrarme en la política del petróleo y me di cuenta de la feroz competencia existente entre las empresas de esos países. Los franceses, los rusos y los chinos habían estado haciendo grandes negocios con el régimen de Saddam Hussein a fin de ganarse la renovación de la explotación privada de los recursos petrolíferos de Irak (luego de 30 años de nacionalización) y tanto EE.UU. como Gran Bretaña se vieron fuera de dichos negociados. Las empresas estadounidenses y británicas son las más grandes del mundo y temieron ser excluidas; esto es particularmente grave porque Irak tiene los costes de producción más bajos del mundo y es la segunda (sino la primera) reserva petrolífera más grande del mundo.

Se me hizo cada vez más claro que el petróleo era el elemento crítico, y me di cuenta que muchos diplomáticos estaban de acuerdo. De hecho, dieron por sentado que el petróleo fuera el tema central de la contienda. A medida que me fui adentrando en el tema, comencé a sumar el valor de las reservas petrolíferas de Irak, más el coste de la producción en este país, más la calidad del petróleo iraquí. Necesité además desarrollar un cuadro global de la industria petrolífera que incluyera las dificultades que las petroleras estaban teniendo en reemplazar las actuales reservas.

Ni bien comencé mi trabajo, y luego de entrevistar a expertos en petróleo y a hacer cuentas, me di cuenta que esto se trata de recursos de un valor gigantesco, un valor que simplemente escapa a la comprensión. Una de las razones claves es el coste de producción extremadamente bajo: es sabido que Irak cuenta con los menores costes de producción del mundo, como se puede apreciar en el sitio web del Departamento de Energía de EE.UU. Las causas: primero, la producción se realiza tierra adentro en su totalidad (sin las caras plataformas petrolíferas y los costes de perforación profunda submarina); segundo, las reservas se encuentran muy cerca de la superficie, lo que las hace baratas de perforar; y tercero, la presión en las reservas es ideal. El coste de toda exploración, perforación y extracción de petróleo cuesta un dólar el barril, comparado con casi veinte dólares el barril en Texas. Es cuestión de hacer aritmética y calcular la ganancia potencial cuando se vende el petróleo a 30 dólares el barril, como es el caso hoy en día; se puede multiplicar la ganancia potencial por barril por los barriles recuperables estimados, y esto resulta en un número enorme. El Departamento de Energía de EE.UU. estima que hay entre 200 y 400 mil millones de barriles de petróleo. Cuando se sacan las cuentas se llega a una ganancia potencial de alrededor de ocho a doce billones de dólares, ¡increíble!

La petrolera más rentable del mundo es Exxon-Mobil, que reportó una ganancia récord el año pasado, con 22 mil millones de dólares. Esto la convirtió en la compañía más rentable que el mundo haya jamás visto. En el caso de Irak, no obstante, estamos hablando de ganancias a razón de ocho o diez u once billones de dólares (millón de millones) distribuidas por espacio de unos cincuenta años. Son ganancias que harían salir de órbita los ojos de cualquier ejecutivo. Este nivel de ganancias hace florecer la codicia empresarial: las compañías están dispuestas a hacer prácticamente todo lo posible para dar con estos recursos.

El otro punto en el debate es que si se estudia la industria petrolífera en todo el mundo, se observan muchos, muchos casos de guerras locales y violaciones de derechos humanos extremas que se han cometido para ganar control sobre estos recursos. Los expertos a veces hablan sobre los “recursos naturales y conflictos” de Irak, refiriéndose a las guerras locales sobre árboles madereros, diamantes, etc. El petróleo hace pasar todos estos recursos a la insignificancia: es mucho más valioso, y no debería sorprendernos que lleve a conflicto armado. Si se permitió una
guerra civil en Angola durante 30 años mayormente a causa de diamantes, ciertamente se puede pelear una guerra en Irak por el petróleo. De hecho, la última guerra en Irak es la séptima guerra desde 1914 sobre los recursos nacionales de petróleo.

En los ensayos que he publicado, consideré asimismo la influencia que las petroleras han ejercido sobre el gobierno estadounidense en los últimos cien años; he citado un número de casos que ilustran su tremenda influencia. He intentado asimismo demostrar cómo estas organizaciones debatían con el gobierno de EE.UU., mientras que en el Reino Unido, las empresas británicas tenían una relación muy estrecha con el gobierno. En este caso, estamos hablando de los gobiernos de Blair y Bush. Pero demócratas y republicanos, laboristas y conservadores han mantenido estrechas relaciones con las petroleras durante años. Para mí es una exageración afirmar que esta guerra es responsabilidad absoluta de la familia Bush debido a su especial relación con la industria petrolífera.

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