Desde símbolo de la fertilidad a propaganda política: interpretando el mural de Massa Marittima

En el año 2000, durante trabajos de restauración, se descubrió un mural único e importante en la fuente comunal del pueblo toscano de Massa Marítima. No fue necesariamente una sorpresa bienvenida, al menos en un comienzo, porque esta pintura medieval representaba un árbol cubierto de falos. “Al principio, cuando el mural fue descubierto, la gente no sabía qué pensar”, explica George Ferzoco, el director del Centro para los Estudios Toscanos de la Universidad de Leicester (Gran Bretaña), acerca de la reacción general de la gente del pueblo y de la administración pública, “lo consideraban de alguna manera obsceno o erótico”, continúa, “lo uno o lo otro. Aquellos que lo veían como erótico lo miraban como si fuera un símbolo que reflejaba la realidad del agua y del lugar. El agua da vida, los falos dan vida: ¿no es esta una manera única e interesante de representar las propiedades que dan vida del agua? El bando que lo veía como pornográfico (si podemos llamarlo de esta forma) lo consideraba de alguna manera deliberadamente obsceno y por lo tanto sostenía que merecía la mínima cantidad de atención posible”.

Afortunadamente para el pueblo, Ferzoco (quien lo había seleccionado para que fuera la base del programa de verano de su universidad) se sintió inmediatamente intrigado por el mural y sus extrañas imágenes. Su investigación ha revelado varios niveles de significado que amplían considerablemente nuestro conocimiento sobre la cultura popular de la Toscana y la Europa medieval y renacentista. Según la teoría de Ferzoco, el mural no representa ni un extravagante símbolo de fertilidad, ni escandalosa pornografía.

Antecedentes

Para interpretar el mural es necesario sumergirse en la historia y la política de Italia medieval (el cuadro data de fines del siglo XIII). “En líneas generales”, explica Ferzoco, “éste fue el periodo durante el cual se constituyeron las comunas italianas, también conocidas como ciudades-repúblicas. En la región norte de la península en particular estos Estados independientes surgieron como hongos. Considerado desde un punto de vista moderno, si a fines del siglo XIII se hubieran celebrado los Juegos Olímpicos, lo que es Italia hoy en día habría estado representada por al menos una docena de equipos: cada una de estas ciudades-estado era de hecho una nación en sí. Algunas de las más famosas son conocidas por incluso aquellos que saben muy poco sobre la Italia medieval o renacentista: baste mencionar por ejemplo a Venecia, Florencia o Pisa”.En la ilustre lista de nombres de las ciudades-estado italianas, Massa Marittima será un nombre desconocido por muchos. “Hace un par de años se publicó una enciclopedia de seis volúmenes, que fue además premiada, sobre el Renacimiento, pero en ninguna parte de esos seis volúmenes se hace remota mención sobre Massa Marítima” afirma Ferzoco, “aunque en su tiempo fue un lugar sumamente acaudalado y completamente independiente entre los años 1225 y 1335. Fue justo en el medio de este periodo de independencia que se creó este mural”.

Massa obtuvo su dinero de una fuente poco común: la mayor parte del caudal que financiaba el crecimiento vertiginoso de estos Estados independientes provenía de actividades bancarias, en especial en el caso de las ciudades-estado toscanas, y del comercio en textiles. Pero en el caso de Massa Marítima, se trataba de una materia prima diferente, casi única, la que le confería su riqueza, y esta consistía en minerales. Las colinas que rodean Massa Marittima son de hecho conocidas por el nombre de “Colline Metelifere”: las Colinas Metalíferas. Durante la Edad Media se habrían excavado, extraído y refinado alrededor de treinta tipos diferentes de minerales metalíferos, que iban desde el oro al plomo. Era de lejos el mayor centro minero de la península italiana, por lo que cualquiera que deseara obtener estas materias primas de una fuente relativamente cercana tenía que, como única alternativa, buscar relaciones comerciales con Massa Marittima, lo que explica su prestigio y riqueza. Como resultado, el pueblo era muy codiciado, y como de costumbre eran los vecinos más cercanos los que daban más lata: Pisa y Siena fueron las que intentaron con más asiduidad e insistencia apoderarse de Massa Marittima, y fue últimamente Siena la que prevaleció cuando invadió Massa Marittima en 1335”.

Los antecedentes de riqueza y guerra son vitales para la interpretación de este tan peculiar mural. Pintado en la fuente comunal del pueblo, el mural muestra un árbol cubierto de falos, con un número de águilas circunvolándolo, y con mujeres a sus pies. La ubicación del mural constituye el primer indicio de su importancia: “La intención era que la obra fuera vista”, enfatiza Ferzoco, “por todos en el pueblo y por todos los que visitaran el pueblo, porque la habían posicionado en la fuente de agua central. La fuente de agua era de por sí una extraordinaria proeza sanitaria y tecnológica. La mayoría de los pueblos situados en la loma de una colina tenían su fuente de agua bastante afuera de las murallas de la ciudad, cuesta abajo en algún área baja. Esto significaba para los habitantes de la mayoría de las ciudades que para obtener agua a diario tenían que tener en cuenta excursiones considerables, cargando grandes jarras de agua, quizás con la ayuda de mulas o burros. El mismo esfuerzo que se requería no era para menospreciar: incluso los turistas modernos que visitan lugares como San Gimignano y que visitan la fuente de agua comunal fuera de las murallas de la ciudad, regresan cuesta arriba a pie con sólo su cámara de fotos a cuesta, cubiertos de sudor y bastante cansados. Aparte de eso, existe otro factor importante cuando se trata de la provisión de agua, y éste es una invasión enemiga, como fueron los casos de Pisa y Siena. Los enemigos que intentan atacar cualquier pueblo primero y principal lo sitiarán, y la manera más fácil de conseguir hacer caer una ciudad de rodillas es apoderándose de su provisión de agua. Esto significa que para estos pueblos y ciudades-estado en la loma de las colinas era muy difícil salvaguardar su provisión de agua de un ataque. El factor extremadamente peculiar de Massa Marittima era que, gracias a su caudal y en particular a su pericia tecnológica desarrollada a través de la construcción de galerías y pozos de minería, podían canalizar agua en grandes cantidades hacia el mismo centro de su ciudad-estado, dentro de las murallas de la ciudad. En otras palabras, nadie tenía la necesidad de ir lejos para obtener grandes cantidades de agua, y esta provisión de agua estaba completamente a salvo si el enemigo atacaba. Nadie tenía que arriesgar una carrera suicida para ir a buscar agua fuera de las murallas de la ciudad”.

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