¿Quién es culpable? Las Fosas Ardeatinas y la disputa por la memoria en la Italia moderna.

Traducción de Cecilia Fontelles Rodriguez

Uno de los más graves ataques llevados a cabo contra civiles durante la fase final de la Segunda Guerra Mundial en Italia tuvo lugar el 24 de marzo de 1944: trescientos treinta y cinco hombres italianos fueron las víctimas de la masacre de las Fosas Ardeatinas. Eso es un hecho reconocido por todos. Lo que está menos claro, al menos en la memoria popular, es quienes fueron los responsables últimos de dichas muertes. Desde días después de la masacre hasta el momento actual, la polémica sigue viva sobre quién es culpable de las ejecuciones.

El 23 de marzo, un pequeño grupo del G.A.P (Grupo de Acción Patriótica) llevó a cabo un ataque con una bomba contra una columna de la policía de las fuerzas alemanas de ocupación, en una callejuela, la Via Rasella, cerca del centro de Roma. El ataque mató a 32 policías y provocó el pánico y la rabia de los mandos nazis de la ciudad. En menos de 24 horas fueron seleccionados y ejecutados 335 hombres, de manera arbitraria: algunos eran reclusos, otros eran judíos y otros fueron detenidos en la zona de la Via Rasella. Una revancha salvaje: más de diez hombres italianos ejecutados  por cada víctima alemana.     

Resulta evidente que las víctimas fueron ejecutadas por las fuerzas de ocupación alemanas, bajo las órdenes del comandante de la Gestapo Herbert Kappler. Sin embargo, muchos italianos se muestran ambivalentes a la hora de culpar tanto a Kappler (quien escapó fácilmente de un hospital penitenciario italiano en 1976 para huir a Alemania Occidental, donde murió en su cama en 1978, a pesar de las peticiones de extradición por parte de las autoridades italianas) como también a Erich Priebke, quien confesó haber matado personalmente a dos de las víctimas de las Fosas y fue el responsable de administrar la lista de las ejecuciones  y, por lo tanto, en cierto modo responsable de esos cinco hombres de más por encima de la salvaje proporción de 10 a 1 ordenada por Hitler y Kappler.

Durante los días posteriores a la matanza se gestó una versión que venía a sugerir que el grupo partisano responsable del ataque de la Vía Rasella  podría haber evitado la masacre entregándose a los nazis. Muchos, incluso algunos familiares de las víctimas, culpaban a los partisanos de la masacre llegando a sugerir que una represalia como aquella era inevitable tras un ataque como aquel. Ambas versiones son fácilmente contrastadas con los hechos. Los alemanes no realizaron amenaza o  llamamiento alguno para que los partisanos se entregaran  y además en 24 horas ya habían detenido y ejecutado a 335 hombres sin preocuparse de encontrar a los verdaderos responsables del ataque. Con anterioridad al golpe de Via Rasella, los partisanos ya habían realizado otros ataques contra las fuerzas de ocupación (tal y como querían los aliados tras el desembarco en Anzio) sin haber sufrido represalias. Y sin embargo se mantiene la creencia entre la población.

La brecha entre la narración  histórica oficial y la popular resulta fascinante y nadie la explica mejor que Alessandro Portelli en su libro La orden ya fue ejecutada. Nos muestra una amplia gama de entrevistas con personas directamente implicadas tanto en el ataque de Via Rasella como con la masacre de las Fosas Ardeatinas, incluyendo miembros de la unidad de partisanos y miembros de las familias de los masacrados en las Fosas, todo ello con la historia y la política de la Italia de posguerra como telón de fondo.  Se trata de un libro de gran importancia, no sólo para estudiosos de la historia italiana sino también para lectores en general interesados en cómo la memoria popular y el significado quedan fijados ante hechos traumáticos: por ejemplo, surgen paralelismos con la reacción a los ataques del 11 de septiembre en Estados Unidos  en lo que se refiere a la atribución  de la culpabilidad, los intentos de racionalizar lo irracional y la génesis de mitos urbanos.

Historiador oral y profesor de literatura e historia  norteamericana en la universidad romana de La Sapienza, Portelli se prestó amablemente a una conversación telefónica con Three Monkeys Online acerca de su libro y los diversos temas sociopolíticos que despierta.

TMO: Empecemos por una pregunta básica: ¿por qué escribir ahora sobre las Fosas Ardeatinas?

Portelli: La memoria de las Fosas Ardeatinas resulta todavía hoy muy controvertida y presente. Desde el final de la guerra ha supuesto el foco del discurso anti-partisano puesto que, según estos mitos urbanos o leyendas negras, la culpa era de esos partisanos que deberían haberse entregado. Si hay que enfrentarse al revisionismo histórico, el discurso anti-anti fascista, es ésta la base sobre la que descansa todo. Por otro lado, teniendo en cuenta que  las víctimas provenían de todos los sectores de Roma, se convirtió en una posición desde la cual escribir una verdadera historia oral, trazando los orígenes de esta gente, sus familias y de todo lo que pasó después. La manera en que ha sido recordado, cómo se ha celebrado o profanado y qué ha sido de los que sobrevivieron. Un día en las Fosas Ardeatinas es el eje de 130 años de la historia de la ciudad.

Me atrajo el tema: por un lado, los 90 se parecían mucho al momento actual: un momento en el que los ex-fascistas (y siempre pongo un interrogante en el “ex”) habían vuelto a llegar al gobierno italiano y de alguna manera se empezaba a socavar toda la historia del movimiento de liberación, de la resistencia. Aunque al final fue el hecho de conocer a algunas de estas personas y escuchar sus historias lo que me hizo querer saber más, personas como Mario Fiorentini (miembro del comité central del G.A.P y uno de los organizadores del ataque en la Via Rasella). Me fue gustando cada vez más. No me senté y decidí escribir un libro sobre las fosas, simplemente ocurrió.   

TMO: En la introducción de La orden ya fue ejecutada afirma usted, de forma muy valiente para un historiador, que su libro “no contiene revelaciones ni descubrimientos”.

Portelli: No ha habido historiadores que hayan escrito acerca del tema. Ahí está la ironía. Uno de las razones de que eso sea así es que no había nada que descubrir, todo estaba ya ahí en las fuentes, así que los historiadores decidieron hacer la vista gorda, dando pie a los rumores, las leyendas y los mitos que se enquistaron en la prensa popular.

A los historiadores lo que les interesaba era reconstruir los hechos, no la memoria. Aquí al menos, fue en los 90 cuando los historiadores descubrieron la importancia de la memoria como factor político y le dieron así legitimidad a la historia oral. Por un lado, lo que yo propongo es que el ataque de la Via Rasella no fue, tal y como mantienen muchas versiones, la primera ni la única acción de la resistencia en Roma. Hubo cuarenta ataques contra nazis y fascistas con anterioridad a aquel hecho, así que conviene poner los hechos en el contexto de una guerra de guerrillas que duraba desde septiembre, y esto ocurrió en marzo.

  Por otro lado, mi argumento es que la relación entre ataque y represalia no es automática. La gente habla de las Fosas Ardeatinas y de la Via Rasella como si se tratara de un único hecho, cuando en realidad son dos, relacionados. Una parte es el ataque, otra parte es la masacre alemana pero entre ambas partes existe una decisión política por parte de los alemanes. Podrían no haberlo hecho. Tomaron esa decisión política y militar a sangre fría, luego no hay una relación automática entre las Fosas Ardeatinas y la Via Rasella sino una relación política.

TMO: Y sin embargo, como queda patente en su libro, la cultura  popular se resiste a aceptar estos sencillos hechos. ¿A qué se debe esto?

Portelli:  La maquinaria propagandística se puso en marcha inmediatamente. Los oficiales fascistas, la monarquía y la derecha inventaron de inmediato la historia de la negativa de los partisanos a entregarse. Pero la verdadera razón por la que creo que ha arraigado en la imaginación popular es porque se trata de un relato perfecto. Te imaginas silencio, una explosión, una respuesta, silencio. No ocurrió así pero es un relato perfecto.

 Ocurrió durante la guerra y a los alemanes no les interesaba buscar a los partisanos. Los alemanes querían aterrorizar a la ciudad y decirle: “no podéis hacernos nada, el precio es demasiado alto”. No se molestaron en buscar a los partisanos. Perpetraron la masacre en menos de 24 horas. No obstante, según L’Osservatore Romano (el periódico del Vaticano) e incluso la imaginación del pueblo, alguien comete un ataque contra la autoridad –en este caso las fuerzas de ocupación nazis- y la lógica dicta que la autoridad castigará a los responsables y dejará como último recurso la amenaza de represalias como medida de presión sobre los responsables o sobre la comunidad para que los entregue.

Lo que fue una decisión militar alemana en tiempo de guerra es imaginada y recordada como un proceso judicial en tiempo de paz. Tendría sentido buscar a los responsables de ese caso. Pero también el hecho de que existan tantas versiones falsas nos da una pista sobre lo absurdo que es todo.  Lo que sucedió es tan increíble que la gente tiene que inventarse historias para lograr entenderlo.

TMO: Dentro de poco, el director norteamericano Spike Lee estrenará su película con el telón de fondo de  la masacre de Sant’Anna de Stazzema, durante la guerra partisana. Teniendo en cuenta los problemas que usted ha mencionado respecto al relato de las Fosas Ardeatinas, y siendo un hombre interesado por la cultura y el cine norteamericano,  ¿cómo le sienta a usted la entrada de Lee en este escenario tan cargado?

 

Portelli: Aquí hay un problema: ¿qué entenderá Spike Lee de esta historia? Como ya he dicho, no es un hecho que vino de la nada, hay todo un mundo detrás. Espero que haya hecho los deberes, que se haya documentado y haya sido capaz de comprender el mundo en qué pasó, el contexto, la historia y veremos qué ha hecho.

Sant’Anna fue muy distinto a las Fosas Ardeatinas. En Sant’Anna se volvieron locos: mataron a mujeres, niños, viejos, arrasaron con todo. Fue una salvajada. Lo de las Fosas Ardeatinas, en cierto modo,  fue muy civilizado. Debían tener logística, estaba muy organizado. Sant’Anna fue una masacre salvaje, las Fosas Ardeatinas no podían haber ocurrido sin tecnología, logística, sin un estado occidental moderno. Ese es uno de los motivos que me fascinaron de la historia porque es un ejemplo de lo que la modernidad occidental puede conseguir.

TMO: La ambigüedad que rodea la masacre de las Fosas Ardeatinas, ¿podría ser una muestra de las carencias en la enseñanza de la Historia? Al igual que ocurre con la negación del Holocausto, algunos argumentan que se necesitan leyes que protejan los hechos de la historia. ¿Qué opina usted?

Portelli: Mire; había una ley, un artículo en la Constitución de 1948, que establecía que era delito no sólo recrear el partido Fascista sino también hacer declaraciones favorables al fascismo. Esa ley nunca se cumplió. Una de las razones por las que esto fue así fue porque los mismos magistrados que trabajaban bajo el régimen fascista  eran los que estaban encargados de aplicarla.

No obstante, no se puede derrotar a una ideología con la represión, sino con la política. No tengo tan claro que funcione lo de convertir en delito negar la Shoah pero por otro lado esas personas son repugnantes. Quizás resulta más fácil en el caso de la Shoah.  En el caso de la resistencia no se trata de si ocurrió o no sino quién hizo qué y si estaba bien o mal, a veces los árboles no te dejan ver el bosque. Por ejemplo, algunos partisanos hicieron cosas moral y políticamente equivocadas y se puede olvidar, pero esencialmente había gente luchando por la libertad y otros que estaban aliados con los nazis, y no hay que perder eso de vista. Esa es la diferencia básica.

TMO: Uno de los problemas que plantea la historia “oficial” de la resistencia en Italia es que ha sido colonizada por la izquierda, reduciendo así las complejidades de los distintos actores sociales que formaban parte del movimiento.

Portelli: Uno de los motivos de que la memoria de la resistencia haya sido colonizada por la izquierda ha sido que tanto el centro, los demócrata-cristianos y la Iglesia se negaban a admitir la verdad. Estamos descubriendo actos de resistencia de los militares  pero las instituciones militares de este país siempre se han negado a hablar de ello. La única fuerza que hablaba de ello era la izquierda y por supuesto, la izquierda se centró en su propio papel pero a otros les interesaba olvidarlo.

TMO: Gianfranco Fini, actual presidente de la Cámara Baja del parlamento (y una de las personalidades entrevistadas en el libro de Portelli), habló el 25 de abril (día de la liberación) sobre una “festividad nacional, compartida por todos”, declaraciones que algunos han tomado como signo de reconciliación entre la derecha y la izquierda. ¿Cuál es su opinión?

Portelli: Ha habido una falsa reconciliación, animada desde la Iglesia, que ha emborronado la frontera entre el fascismo y el anti-fascismo. Y lo ha hecho la institución más importante y poderosa, la Iglesia y el partido que ha ostentado el poder durante cincuenta años, la Democracia Cristiana. De este modo la Constitución –posiblemente la más maravillosa constitución de occidente- nunca tuvo arraigo. Durante más de sesenta años hemos sido gobernados por unas fuerzas políticas que no creían en esa constitución.

Al anti-fascismo le siguió la Guerra Fría y ese fue uno de los motivos por los que nunca se llevó a juicio a los criminales de guerra italianos y los criminales de guerra alemanes fueron liberados y rehabilitados con rapidez. La Guerra Fría tiene un papel importante en todo esto.

Resulta irónico que Gianfranco Fini acaba de dar un discurso elogiando el 25 de abril como el día de la libertad y eso. Existe un intento de reconciliación sin verdad que también cuenta con el apoyo de la izquierda. En los Estados Unidos imagino que el Norte y el Sur se reconciliaron  pero nadie dijo que el Sur hizo bien en defender la esclavitud. Aquí tenemos algo llamado reconciliación basada en la idea de que ambas partes tenían razón o no la tenían, que los que lucharon con los fascistas o los nazis y los que lucharon con los aliados estaban al mismo nivel. Los dos igualmente respetables y ambas causas igualmente respetables y eso no es verdad. Así se socava la base de lo que es esta democracia.

TMO: Hablemos ahora un poco sobre la historia oral y la diferencia con la investigación histórica basada únicamente en las fuentes escritas.

Portelli: En la historia oral se trata de manejar una serie de relaciones, una relación entre el presente y el pasado, y otra relación entre entrevistador y entrevistado. Eso hace que sea una fuente flexible. No creo que las fuentes de archivo o la hemeroteca sean más fiables que los relatos orales; siempre es necesario contrastar. Con la historia oral se obtiene la importancia que la gente adscribe a los hechos del pasado, lo que la gente cree que significan para ellos  los hechos hoy y por eso el libro trata sobre la historia de la memoria, no sólo un libro de memorias. La cuestión es: ¿qué significa para nosotros ahora?

TMO: Una de las cuestiones que plantea la resistencia es la legitimidad de la lucha armada. Desde el 11 de septiembre la imagen de la lucha armada ha cambiado radicalmente. ¿Cree usted que los acontecimientos del 11 de septiembre, junto con la guerra en Irak, cambian el contexto en el que situamos a la resistencia italiana?

Portelli: No estoy seguro. Uno de los comentarios que hicieron los partisanos entrevistados para el libro era que la necesidad de luchar, de tomar las armas, les vino impuesta ya que había una guerra en marcha, una ocupación y no había alternativa. No daban ningún crédito moral al uso de la violencia como algo más progresista o liberador, al contrario de lo que hicieron las Brigadas Rojas en los setenta o incluso Malcolm X en los Estados Unidos cuando hablaba de la lucha armada como vía para recuperar la dignidad perdida. Hay muy poca retórica guerrera en la resistencia italiana.

TMO: Tras la victoria electoral de Berlusconi, y más en concreto tras la elección de un alcalde derechista en Roma, Gianni Alemanno, son muchas las voces que se han alzado para proclamar su temor a que desaparezca la memoria de la resistencia. ¿Se trata de un miedo fundado?

Portelli: Sí. No es sólo que el gobierno actúe en contra o algo así sino que ya no se puede discutir en términos de fascismo y anti-fascismo porque la gente ya no reacciona. La semana próxima tengo que ir a una escuela para hablar sobre la resistencia y ya no sé qué contar. Intentaré darles información pero creo que ahora tenemos que centrarnos en qué tipo de valores, qué tipo de mundo soñaban los partisanos; cómo se plasmó esa visión en la constitución. En lugar de contar lo malos que fueron los fascistas,  hablemos de igualdad, hablemos de democracia participativa que, curiosamente, no parece interesarle al centro-izquierda de Veltroni y Rutelli. Hablemos del tipo de democracia política que la resistencia creó en la constitución. Quizás el “anti” de la lucha anti-fascista esté superado y debemos concentrarnos en las cosas por las que combatía la resistencia y no contra qué luchaba.

Alessandro Portelli (1999) La orden ya fue ejecutada. Roma, las Fosas Ardeatinas, la memoria. Buenos Aires. FCE, 2004. 407 páginas.

The Order Has Been Carried Outby Alessandro Portelli is published by Palgrave MacMillan

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