Un rojo perfecto: la historia de la cochinilla

Uno de los temas secundarios interesantes del libro es el desarrollo de la clase científica que, contraria al mundo de los gremios profesionales secretos, intentó examinar y discutir abiertamente nuevos materiales tales como la cochinilla. Mientras que los miembros de los gremios profesionales como los tintoreros, podían encontrase sujetos a duros castigos si revelaban los secretos de la profesión (incluyendo, en casos extremos, la pena capital), el creciente número de hombres de ciencia buscaba fomentar una actitud abierta. Por ejemplo, el conocimiento sobre la fuente de la cochinilla estaba restringida a la corona española, por lo que uno de los grandes debates científicos del día trataba sobre la definición de la cochinilla (el microscopio estaba aún en pañales). “Una de las causas principales de la disolución de los gremios estuvo estrechamente relacionada con los cambios a largo plazo que se estaban produciendo en la economía europea y con los nuevos desarrollos con respecto al intercambio de información” aclara Greenfield,
“y la historia de la cochinilla ayuda ciertamente a aclarar lo que estaba sucediendo. En la Europa del Medioevo y del Renacimiento Temprano los gremios de los tintoreros podían conservar sus secretos para sí, generalmente amenazando de muerte o desmembramiento a aquellos que violaran sus códigos. Pero para el siglo XVII, los científicos comenzaban a invadir su territorio. El nuevo tipo de “filósofos naturales” tomó un interés especial por la cochinilla. No tenían idea sobre si era de origen animal, vegetal o mineral, pero esperaban penetrar los misterios de la luz y el color o, por lo menos, desarrollar nuevas estrategias para producir el valioso colorante luego de haber descifrado el enigma. A los tintoreros les parecía vital mantener los misterios del secreto de la cochinilla, y para su disgusto muchos científicos estaban determinados a discutir el asunto de la cochinilla abiertamente”.

El progreso de la ciencia fue lo que también, en última instancia, acabó con la cochinilla: “Una vez que se inventaran tinturas artificiales económicas durante el siglo XIX” explica, “se hizo inconcebible que alguna persona arriesgara su vida por un color, de la manera por la cual la gente se había arriesgado por la tintura de cochinilla. Y de una manera muy real, la cochinilla misma comenzó a desaparecer. Una vez destruído el mercado, la gente dejó de cultivarla, y a mediados del siglo XX, el insecto se había vuelto raro incluso en el mismo Méjico”.

Es interesante que el acceso a materiales colorantes más económicos y duraderos conduciera a un cambio en el valor cultural del color rojo. “Cada vez que algo raro se hace ubicuo, pierde su exclusividad, por lo que era inevitable que la reputación del rojo sufriera una vez que se inventaran las tinturas artificiales económicas” comenta Greenfield, si bien el valor en decadencia del rojo era más complejo que eso: “De todos los tintes chillones nuevos, los que más les molestaban a la elite victoriana eran los nuevos rojos. Eso se debía en parte a que estos rojos eran particularmente populares entre los inmigrantes, los trabajadores de las clases bajas y la gente de color, renegando el rojo por el negro, el azul marino, el gris y los colores pasteles.

La pérdida de estatus del rojo tuvo algo que ver además con las antiguas asociaciones del rojo con el sexo y la violencia y la pasión. Durante siglos, estas asociaciones habían estado dominadas por los atributos primarios del rojo: su rareza, belleza, y su consecuente vínculo con el poder y el estatus. Pero una vez que el rojo dejara de ser una rareza, estas ideas antiguas pasaron a primera plana, y en la mentalidad victoriana el color comenzó a asociarse con la vulgaridad, las morales sueltas, y estatus de clase baja”.

A Perfect Red es el sueño de cualquier casa editorial, porque combina investigación formal con temas de conquista imperial, piratería, héroes de capa y espada y mucho más. Como tal, forma parte de una ola de no ficción muy popular que está invadiendo los espacios tradicionalmente reservados para los novelistas. Kazuo Ishiguro llegó a sugerir, durante el Festival Hay, patrocinado por el periódico británico The Guardian (Guardian Hay Festival), que los lectores de la actualidad temen a cualquier lectura “imaginativa”. “Me horrorizan las historias que se apartan de los hechos y agarran vuelo con lo estrambótico, pero no estoy de acuerdo con la idea de que la buena Historia no pueda ser imaginativa” rebate Greenfield. “Entretejer los trocitos de evidencia que ha sobrevivido los estragos del tiempo es una tarea difícil que requiere perspicacia e intuición y una buena dosis de imaginación. El truco, por supuesto, reside en que un buen historiador se mantenga dentro de los límites impuestos, que verifique con hechos conocidos, y que siempre busque evidencia adicional que pueda demostrar o desmentir el relato que ha construido. Pareciera haber una gran demanda por la buena historia en este momento. El hecho que haya un considerable número de historias interesantes y accesibles publicadas en este momento ayuda. Pero también pienso que factores más profundos entran en juego. Vivimos en un mundo donde la verdad muy a menudo es subvertida por los consejeros, vendedores y censores. Además, la vida moderna nos ha apartado de muchas de las cosas que daban sentido a la vida en el pasado: no sabemos cómo se cultivan nuestros alimentos o dónde se confeccionan nuestras ropas; no sabemos quién construyó nuestra casa o qué aspecto tenía el terreno antes de que fuera construida; a menudo no conocemos a nuestros vecinos e incluso a nuestra familia de segundo grado. La gente está hambrienta de historias verdaderas que sirvan para explicar cómo funciona el mundo y que los conecte al pasado, y sospecho que eso es parte de la razón por la cual están leyendo historia”.

Three Monkeys Online es propensa a arrojar la pregunta estándar de periodismo literario/músico a los historiadores: ¿quiénes son sus influencias? Y Amy Butler Greenfield no tiene problema en responder: “Entre los historiadores me encanta leer a Eileen Power, cuyo animado y detallado “Gente de la Edad Media” (Medieval People) fue el primer libro que hizo que la Edad Media cobrara vida ante mí. La serie de Fernand Braudel sobre el capitalismo y la civilización amplió mi percepción sobre lo que podía hacer la historia. Tengo además muchísima admiración por Edmund Morgan, Sir John Elliott, y J H Parry, quien escribe bien y con gracia, y que hace las preguntas adecuadas. He aprendido además un montón de la obra de Laurel Thatcher Ulrich, Claire Tomalin, Lisa Jardine, Daniel Boorstin y Jacques Barzun”.

Greenfield, quien casualmente desciende de una familia de tintoreros, es una apasionada de la historia de la cochinilla y del color rojo. De hecho, casi a la manera de los intrépidos aventureros del siglo XVII que tomaron riesgos considerables para dar con la fuente de la misteriosa tintura, ella tomó sus propios riesgos y se aventuró hacia la ciudad mejicana de Oaxaca, en su día el centro del cultivo de la cochinilla. Riesgo porque, aunque no lo mencione inmediatamente, Butler Greenfield padece de una enfermedad autoinmune que hace que los viajes, entre otras cosas, sean peligrosos para ella. Luego de completar el primer borrador del libro, contra consejo médico, decidió hacer el viaje a Oaxaca, el hogar del rojo perfecto. “Ocurrió que sí me enfermé durante el viaje, y tardé largo tiempo en recuperarme, pero valió la pena ver esas montañas dentadas y antiguas ciudades, y hablar con los amigos oaxaqueños con los cuales me había correspondido mientras escribía el libro” explica, “Vi cochinillas vivas por vez primera, y pasé algo de tiempo con tintoreros de Oaxaca los cuales generosamente compartieron su conocimiento de técnicas de cultivo de la cochinilla conmigo. En la década de los 1770, un espía francés que buscaba robar cochinilla de Méjico describió a Oaxaca como una tierra que disfrutaba de una “eterna primavera”. “Para una norteña como yo” concluye, brindando una pista más sobre por qué el rojo tiene una influencia tan poderosa, “Oaxaca es como algo salido de un sueño, un lugar lleno de canto de aves y enredaderas colgantes y la música de muchos idiomas, donde la gente hace sociales en la plaza cen
tral hasta mucho después que se haya puesto el sol, disfrutando de la noche dulce y cálida”.

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