‘Sobre ruedas’ por España

Gracias a las olimpiadas que tuvieron lugar en 1992 Barcelona se convirtió en una de las ciudades más accesibles para turistas discapacitados. La renovación de la ciudad y la construcción de las instalaciones tuvieron en cuenta las necesidades de los atletas discapacitados. Como soy discapacitada y una estudiante de español decidí que ir de vacaciones a España sería ideal pero lo que encontré, incluso antes de llegar, me desilusionó un poco.

Encontrar un alojamiento barato y accesible es bastante difícil. Aunque una primera búsqueda por Internet muestra que hay bastantes hoteles accesibles, la mayoría de ellos tienen los precios por las nubes y yo, como muchos de los discapacitados que conozco, no me puedo permitir gastar tanto dinero. Hay poca información en el Internet sobre la accesibilidad de las numerosas pensiones y albergues juveniles cuyos precios son más razonables y las oficinas de turismo tampoco ayudan mucho. Aunque tienen información sobre lo que hay disponible para los turistas no saben nada sobre las necesidades de turistas discapacitados. Durante mis investigaciones por teléfono y correo electrónico me puse en contacto con algunos dueños de albergues y pensiones ?accesibles? y no es que fueran poco serviciales sino que ignoraban totalmente que significa realmente ?acceso?. No podían entender que si hay escalones al ingreso es casi imposible para una persona en silla de ruedas entrar, tampoco es accesible si hay un dormitorio adaptado pero no se puede usar el baño o el restaurante. A pesar de todo, deduje que la mayoría tienen ganas de hacer lo que puedan para ayudar a turistas como yo. Por ejemplo nos quedamos en una pensión en San Sebastián, en la que tuvieron que mover todos los muebles para hacer pasar la silla de ruedas y, durante nuestro viaje por la Costa Brava, el dueño del bungalow en el que nos hospedábamos me construyó una rampa, a las siete de la mañana, para que pudiera subir los dos escalones.

Existen todavía barreras arquitectónicas: la falta de rampas en los bordillos hace difícil cruzar la calle y algunas aceras son demasiado estrechas para dejar pasar una silla de ruedas. Muchas veces tuve que cambiar de calle o ir en otra dirección en búsqueda de un sitio por donde poder cruzar la carretera sin peligro. Tampoco era fácil entrar en algunos edificios: muchas tiendas, bancos y restaurantes, entre otros, tenían escaleras o puertas demasiado estrechas. Aunque hubiera cierto acceso no era posible pasar por los pasillos estrechos, entrar en los vestuarios o incluso acceder al lugar destinado a efectuar los pagos. En una tienda en particular yo no encontré ningún problema en circular por ella, hasta el mismo momento de acceder a las cajas: ¡tuve que recurrir a dar mi dinero a otra persona para que pagase por lo que yo había comprado!

Hasta en los supermercados se encuentran obstáculos: pasé cuatro horas en el sótano de un supermercado en Barcelona debido a un ascensor mal mantenido ¡pude bajar, pero no pude volver a subir! Aunque había otro ascensor ? el de la mercancía ? no lo pude usar debido a las reglas de seguridad.

La situación tuvo sus ventajas también: mientras que esperábamos al mecánico el jefe del establecimiento nos invitó a comer y beber todo lo que quisiéramos ? ¡y eso hicimos! Pero fue una pena: ¡sólo pasamos dos días en Barcelona!

Cuando llegamos al Delta del Ebro perdimos de nuevo el tiempo con la búsqueda de un banco que, además de cambiar cheques de viaje, también fuera accesible. Encontramos varios en los que sí se aceptaban los cheques pero a los que yo no tenía acceso y, a pesar de las explicaciones al respecto, no me pudieron ayudar.

Otro problema importante es la falta de baños públicos accesibles ? aunque suele haber baños públicos en restaurantes o bares raramente son adecuados. Para muchos discapacitados la falta de baños accesibles causa un dilema: o no salen de la casa por si acaso, o no beben, o beben poco cuando están fuera. ¡Yo siempre pensaba en dónde estaría situada la atracción turística o museo accesible más cercano para poder usar sus servicios!

En cuanto respecta a las atracciones turísticas que visité, la verdad es que me impresionaron grandemente: no sólo yo obtenía un descuento a la entrada, sino que incluso mi ayudante podía entrar gratis. En Londres, donde yo vivo nunca ocurre así. Pero, por otro lado, las dificultades encontradas en cuanto al estacionamiento nos solían obligar a aparcar lejos del lugar. Aunque los discapacitados españoles tienen los mismos derechos de estacionamiento que tenemos en Inglaterra, parece que el número de plazas para los discapacitados es muy bajo o están mal situados en comparación con los del Reino Unido. Yo contaba con el problema adicional de tener una furgoneta adaptada: siendo la misma 10 centímetros más alta del límite de altura, no pude entrar en ninguno de los numerosos parkings subterráneos.

A pesar de todos los problemas y quejas, disfruté muchísimo de mis vacaciones en España. Las aventuras, los retos y las discusiones (desde luego en español) además de las atracciones que vi y la gente que conocí hicieron de mi estancia una experiencia inolvidable.

¿Que si volvería otra vez a pesar de todos los problemas que tuve? ¡Claro que sí! Así quizás pueda llegar a conseguir que la gente entienda más sobre la accesibilidad y ayude a mejorar las condiciones de la vida cotidiana para los españoles discapacitados.

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