Sexualidad, pecado, sacrificio: un análisis del patriarcado. Entrevista con la Dra. Mary Condren

El sacrificio, en términos teóricos feministas es una manera política de suplantar la natalidad. Lo importante no es que las mujeres tengas niños, sino que la natalidad “cultural” por medio de la guerra y la muerte se lleva a cabo a través de la institución del sacrificio. Por esa razón, estas instituciones están rígidamente controladas por hombres, por ejemplo en cualquier Iglesia donde todavía se considere a la eucaristía como un sacrificio, sólo el hombre puede administrar la eucaristía. En Iglesias donde la eucaristía no está considerada un sacrificio, se les permite ordenarse a las mujeres. Es un gran debate tanto político como teológico. Tiene sus orígenes en la política, así como también en algunos procesos psíquicos profundamente inconscientes. Gente como Freud y Melanie Klein lo han mencionado el tema.

Existen dos tipos de sacrificio: el sacrificio político patente, hecho bajo los auspicios de la guerra. Y el autosacrificio, hecho solamente por la gente sin poder. Tradicionalmente, en la cristiandad, la mujer no podía nunca celebrar los ritos del sacrificio, pero no era problema celebrar el rito del autosacrificio. El autosacrificio no tiene por lo general lo que llamamos efectos genealógicos. No ocasiona un linaje político efectivo. Por ejemplo con los Hunger Strikers (“huelguistas de hambre”) en las cárceles de Irlanda del Norte, fue el amparo de aquellos a quienes no les quedaban medios instrumentales de poder. Esto significa que, al sacrificar sus propios cuerpos, estaban intentando establecer otro linaje político, que echaría leña a las llamas de la revolución. Fue una estrategia femenina, sin embargo, y bastante precaria, porque en la fase final intervinieron las familias. La Familia, según Hegel, ha sido siempre la antítesis del Estado.

En The Serpent and the Goddess expuse que habían habido sagradas anoréxicas en la edad media. Mientras que el hombre podía ir a predicar, convertir, y recorrer el mundo, el único intrumento con el que contaba la mujer era el propio cuerpo, por lo que lo flagelaban. Se sumían en la miseria, en sus cuerpos, de maneras autosacrificantes. Era un intento desesperado de conseguir algo de poder, pero al final surtió el efecto contrario, causándoles la propia muerte. Lo mismo ocurre con los terroristas suicidas: evidentemente tiene un efecto diferente, causa caos, pero es poco probable que logren establecer un linaje político legítimo, porque por definición se identifica con el terror más que con el gobierno racional”.

Progreso

La investigación y análisis de Condren ofrecen una crítica devastadora sobre las estructuras de poder todavía dominantes en nuestra sociedad. Su crítica al rol de la Iglesia en establecer y promover el patriarcado podría ser perezosamente misinterpretada por enteramente negativa, pero gran parte de la temática de su trabajo ha estado dirigida hacia la comprensión del pasado para cambiar el presente y el futuro. “Considero a todas estas cosas en cierta medida un mal necesario, de la misma manera que Marx consideraba al capitalismo un mal necesario. Algunas de mis amigas feministas no estarían fundamentalmente de acuerdo con esto pero, a medida que las sociedades se van volviendo más complejas y estratificadas, el sistema patriarcal sustituye a algún sistema más antiguo para mejor o para peor. El desafío ahora no es refugiarse en un pasado idealizado sino mirar al pasado, examinar cómo hemos evolucionado, y preguntarnos qué clase de dialéctica habrá entre los sexos en el futuro. Bajo el patriarcado la mujer es completamente servil. Existían por ejemplo dialécticas entre los Morrígan y los Cúchulainn que mostraban una voz vibrante y alternativa. Dentro de la complejidad de la estructura social y simbólica que hemos heredado, y vista la necesidad de recuperar los valores que hemos perdidos con el patriarcado, particularmente el énfasis en los débiles y vulnerables, esa voz necesita ser recuperada, para que haya un dialecto genuino entre hombres y mujeres a medida que progresamos.

Existe una mitología alternativa, y necesita de teorías y divulgación. Una de las cosas más emocionantes que encontré durante los últimos años es el trabajo de Peggy Reeves Sanday, una antropóloga que en 1983 publicó un libro titulado Female power and male dominance (“Poder femenino y predominio masculino”), donde investigó 200 sociedades y descubrió que cuanto más femenina es la imagen de la deidad, más probable es que tanto el hombre como la mujer compartan las responsabilidades de criar a los hijos, y que existía poca o nada de violencia contra mujeres y niños. A medida que las deidades comenzaron a cambiar, volviéndose más masculinas, se dio una división del trabajo y el hombre dejó de jugar un papel activo en la crianza de los hijos. Desarrolló una correlación muy clara en lo que respecta el sexo de las deidades y la actitud para con las mujeres, los niños, y la crianza de hijos. La criticaron mucho por la envergadura de su trabajo. Como consecuencia de ello se pasó los siguientes veinte años estudiando una sociedad matriarcal contemporánea en Indonesia llamada Minangkabau, que comprende a cuatro millones de habitantes en Sumatra Occidental. Está muy entusiasmada con esa sociedad porque ha mantenido las viejas estructuras matrilineales, el foco de la sociedad es la mujer y el niño, ya que son los elementos más vulnerables de la sociedad. La sociedad entera está adaptada para el cuidado de ést
os, y se basa en que si se cuida a los más vulnerables y necesitados, los demás estarán también bien cuidados”.

Una de las figuras de la mitología irlandesa que Condren descubrió durante su investigación es la de Macha, una de las diosas irlandesas importantes que le ha legado el nombre a la ciudad de Armagh. Mientras que lo mitos sobre hechos heroicos de gente como Fionn McCumhaill están más extendidos, la leyenda de Macha es el tema principal de The Serpent and The Goddess. Macha, una misteriosa mujer relacionada con el Sol, es citada, embarazada, a la carrera de caballos anual de Ulster por el orgullo o vanidad de su marido Crunnchu mac Agnoman. Crunnchu hace alarde que su esposa puede correr más rápido que los dos mejores caballos del Rey, lo que tiene como resultado que Macha es obligada a correr contra dos caballos, a pesar de sus súplicas por piedad, “por vuestra propia madre”. Obligada a correr, gana la carrera pero muere, dando a luz y maldiciendo a los hombres de Ulster. Su famosa maldición se conoce como The Pangs of the Men of Ulster (“Los remordimientos de conciencia de los hombres de Ulster”), y condena a los hombres, durante un tiempo de opresión, a ser vencidos por la debilidad de una mujer en parto. El análisis que hace Condren sobre la maldición de Macha brinda un punto elocuente para concluir esta entrevista:

“El filósofo Kant sostenía que Dios es la precondición de la ética. Pero vista y considerada la maldición de Macha, una maldición que todavía nos persigue hoy en día, podríamos sostener lo contrario: el interés por la preservación del planeta y sus criaturas debe convertirse ahora en la precondición para, y la prueba final, para cualquier sistema ético o conocimiento de Dios”. [The Serpent and the Goddess – pág. 210]

The Serpent and the Goddess: Women, Religion and Power in Celtic Ireland es publicado por New Island Books (en inglés).

La Dra. Mary Condren y la profesora Peggy Reeves Sanday estarán entre los ponentes de la próxima conferencia del Institute del Feminismo y Religión (Institute for Feminism & Religión), cuyo tema será la mujer y el alma (Celebrating the Landscape of Woman-Soul), y que se llevará a cabo del primero al siete de julio de 2006. Para obtener más detalles, hacer click aquí.

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