Recuerdos, lucha y fantasía de la mano de la gran superheroína de la narrativa hispana – Entrevista con Isabel Allende

Isabel Allende, la mundialmente conocida escritora chilena, sobrina del fallecido presidente de Chile, Salvador Allende, lleva con humor y paciencia el hecho de que, a pesar de ser ella misma una de las máximas representantes de la literatura escrita en castellano y un personaje clave en el ambiente de las letras hispanas, en algunos países todavía la confundan en ocasiones con su prima, la hija del presidente. Y es que la escritora forma parte de una de las familias más conocidas en el mundo hispanohablante. Pero ella misma no necesitó nunca apoyarse en la popularidad de nadie para obtener sus propios éxitos. Al contrario, ha sido su propio talento, su conocimiento de los medios y su uso magistral de la lengua los que la han conducido a acumular una larga lista de premios literarios y en este momento la autora cuenta con una fructífera carrera a sus espaldas. Su primera novela La casa de los espíritus fue llevada a la gran pantalla con aclamado éxito y desde entonces, trabajos como De amor y de sombras, Eva Luna, El plan infinito o Paula, entre otros, la han mecido suavemente de triunfo en triunfo, en el amplio y rico océano de la literatura hispanoamericana contemporánea.

En los últimos años, la autora se ha concentrado en una escritura más ligera, excitante, dirigida a un público más joven pero manteniendo al mismo tiempo, todo ese misterio y fuerza emotiva que indiscutiblemente caracterizan su obra. Su trilogía Memorias del Águila y del Jaguar, sigue las aventuras de dos muchachos que, acompañados de su abuela periodista, recorren misteriosas regiones convirtiéndose ella en águila y él en jaguar, como el mismo título indica. Pero es su último trabajo, El Zorro, el que confirma su gran versatilidad como escritora. En este último proyecto, el mítico personaje cobra vida bajo la pluma de Allende y nos muestra una faceta desconocida de su vida, nos guía por esa etapa que la leyenda había dejado olvidada, los años de su juventud y sus inicios como lo que la propia autora llama, “el primer superhéroe de la historia”; y también el único verdaderamente humano, el único que no hace gala de superpoderes irreales, sino de su propia astucia y audacia.

La autora declaró en varias ocasiones que “todo viene de la memoria”, y mientras que el lector no tiene ninguna duda de ello al seguir la trayectoria de sus primeras novelas, uno comienza a cuestionarse la veracidad de esos recuerdos mientras que se va adentrando más y más en el intrincado mundo fantástico de sus trabajos posteriores. “La memoria siempre es subjetiva”, aclara Allende, “tú y yo podemos presenciar el mismo evento y recordarlo en forma totalmente diferente, incluso una de nosotras podría olvidarlo por completo, como si jamás lo hubiese vivido. Recordamos los momentos más luminosos y los más oscuros de la existencia, pero los grises se pierden en el tráfico de la vida cotidiana.”

Por lo tanto: “¿son mentiras o interpretaciones involuntariamente subjetivas, idealizadas?” pregunto en referencia a la plasmación de sus recuerdos en su mundo literario.
“Toda memoria literaria es, de necesidad, una forma de ficción. El hecho de que escogemos qué contar y qué callar, ya limita la veracidad de los hechos. Creo que todos tenemos derecho a inventarnos recuerdos, o al menos a mejorar los que tenemos. En mi caso, ni siquiera intento aproximarme a la objetividad, me siento muy confortable en el limbo de la imaginación”.

El lector se integra también fácilmente en ese limbo. La narración de Isabel Allende es fluida, rápida, nos lleva de la más espantosa realidad a la magia envolvente de su mundo de espíritus, de sueños, de premoniciones. Siempre todo su trabajo, sin embargo, plagado de una determinación y una concienciación tanto política como social admirables. Ella desde sus comienzos como periodista, incluso antes de su salida de Chile y de la publicación de su primer éxito editorial, ha mostrado una preocupación por las causas justas, por los derechos humanos y en particular por la situación de las mujeres en el mundo. No es de extrañar pues, que la mayoría de sus personajes más elaborados sean mujeres.
“La condición de la mujer ha sido uno de los temas predominantes de mi vida”, dice al respecto, “junto a la justicia, el amor, la violencia y la muerte. Nací en los años cuarenta en un ambiente conservador, católico y machista, donde las mujeres teníamos pocas oportunidades. Era necesario realizar el doble de esfuerzo de cualquier hombre para obtener la mitad de los resultados. Nuestras ideas no eran respetadas, no teníamos voz.”

Afirma que la situación ha cambiado inmensamente gracias a “la lucha sin cuartel” de las mujeres de su generación. En respuesta a una pregunta mía sobre la evolución de la mujer en su ruta hacia la igualdad especialmente en Latinoamérica, predice (y aclaro aquí que me lo dice el martes 10 de enero del 2006), la victoria en las urnas de la actual presidenta de Chile, Michelle Bachelet, elecciones que tuvieron lugar el pasado 15 de enero y en las cuales, la candidata socialista de 54 años, obtuvo el 53,49% de los votos, convirtiéndose así en la primera mujer presidente del país.“En América Latina se ha progresado, especialmente en las clases sociales con acceso a la educación y la salud”, añade Allende. Pero la igualdad de la mujer, no es la única causa que le preocupa. Isabel, en homenaje a su hija Paula a quien perdió tras una larga lucha contra la porfiria, creó una fundación benéfica con la que procura dar a mujeres y niños, en su opinión los más necesitados , una educación, un cuidado de la salud y una protección. Allende está también activamente involucrada en proyectos por la paz, la justicia y la ecología. Observo que en la primera página de su libro “El Bosque de los Pigmeos” editado en castellano por Random House Mondadori en su colección DeBolsillo, la propia autora manifiesta su compromiso con la defensa de los bosques; compromiso que demuestra no sólo con palabras sino con la fundación junto con otras personalidades chilenas, como ella misma explica, del grupo ecologista “Defensores del Bosque Chileno”.

En una entrevista dada al conocido periodista español Sánchez Dragó al inicio de su trayectoria profesional, Isabel comparó la escritura con el arte de hacer ganchillo, añadiendo que:“Es muy complicado contar una historia en forma coherente, manteniendo el suspenso y sin perder de vista la idea central. Escribo sin plan, sin un guión. Eso significa que tengo todos los hilos de mi ganchillo en la cabeza y no puedo perder ninguno”, nos dice ahora. “Corrijo mucho. No tengo correctores y no discuto mis libros, pero a veces, al leer la traducción al inglés, veo defectos que me pasaron desapercibidos en el original. Normalmente me da tiempo para corregirlos, porque mi traductora trabaja rápido”.
Admite que nunca ha tirado un manuscrito a la papelera, pero que es algo que podría ocurrirle en cualquier momento:“No todas las ideas son buenas y a mi edad no vale la pena gastar demasiada energía en un proyecto que no pesca desde el principio”, dice.

La escritora lógicamente, ha evolucionado desde sus primeras publicaciones. Tras el éxi
to indiscutible de su Casa de los Espíritus, parecía difícil producir algo mejor, sin duda la crítica siguió con escrutinio cada movimiento de la entonces jovencísima novelista que sin problemas, demostró poderse superar a sí misma y se convirtió en la gran exponente de la literatura española que es hoy en día. “El éxito da confianza y seguridad”, admite, “yo he tenido la suerte de que mis libros se publican, se leen y permanecen en las librerías muchos años después de haber sido escritos”. Con humildad añade: “Si mis libros no tuvieran éxito, ¿cómo podría seguir escribiendo? ¿De qué viviría? Hace veintitantos años no sabía cuál sería mi trayectoria, pero ya adivinaba que no iba a ser un camino fácil”.

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