La globalización del fútbol

El fútbol se ha convertido en una mercancía: puede ser comprado y vendido. Es conocido el caso del club inglés Manchester United, que se negó a jugar en la Copa FA del 2000. En vez de eso, viajaron a Sudamérica y tomaron parte en una competencia a la cual nadie prestó atención en ese entonces o desde entonces. El club más grande de Gran Bretaña le hizo desaire a la competición más importante del país por una oportunidad de marketing. Siguiendo este mismo estilo, los clubes de la liga inglesa realizan tours en Lejano Oriente, para ampliar su atractivo comercial en aquellos países y así vender unos miles de copias adicionales de sus camisetas. Tailandia y Malasia están llenos de hinchas de clubes británicos. Muchos clubes han comenzado a mirar hacia el resto del mundo, y si bien no le están dando la espalda a su apoyo local, este último ha perdido la importancia que una vez tuviera.

En 1996, Rupert Murdoch afirmó que “tenemos la intención de utilizar el deporte como un ariete para todas nuestras operaciones de TV paga” y ha cumplido con su palabra al pie de la letra. La cadena televisiva Sky Sports ha invertido fuertemente en la Liga, y ha valido la pena. Murdoch goza de un poder inaudito sobre el fútbol. La voz de Sky es una de las que resuenan más a la hora de hacer negocios en lo que respecta a la liga. Sky tiene acciones en Manchester United entre otros, y en el pasado Murdoch hizo oferta de asumir control directo del club. Esto no es acusación contra Murdoch (aunque suena como base para un buen artículo), pero ¿alguien piensa que el tipo que posee una estación televisiva con derechos a la liga tendría que ser dueño de uno de los clubes más importantes y más competitivos?

¿Cuáles son, en resumen, las consecuencias de la globalización, y qué significan para el futuro? Las naciones futbolistas ya no tienen un estilo que las defina, o si lo tienen, lo están dejando de producir paulatinamente. Las aptitudes supremas son un lujo que nadie puede permitirse, y poblar la defensa con jugadores dará resultados limitados.

Las competencias internacionales de fútbol son más abiertas que nunca. Las potencias mundiales están decayendo, y no faltan los países mordiéndoles los tobillos con hambre para ver algo del metal de la Copa. Brasil se encuentra todavía en la cima, pero sus oponentes ya no le temen. Italia no ha ganado una competencia de calibre desde 1982. Los países han dejado de tomar parte en compentencias internacionales para marcar presencia. Demostrando que La Vida de Brian de Monty Phyton estaba en lo cierto con lo de “los griegos heredarán la Tierra”, los griegos hicieron lo mejor del fútbol y heredaron Europa. Luego de sus sorprendentes logros, países en el mundo entero están pensando “nosotros también podríamos”.

Las ligas de fútbol atraen jugadores de todos los rincones del planeta. La temporada pasada Chelsea, jugando en una liga inglesa, contrató a un equipo que no tenía futbolistas ingleses. Significa más dinero para los jugadores establecidos y le hace las cosas más difíciles a los nuevos. Aquellos que ya tienen, seguirán recibiendo.

Cualquiera puede comprar o vender acciones en un club de fútbol, una vez que el club se haya transformado en una S.A. Cualquiera, desde el tipo que no se pierde ni un partido contra la oposición mediocre en noches lluviosas de noviembre inglés, al multimillonario que se ha aburrido con las carreras de caballos o con los pozos de petróleo. Saca tus propias conclusiones al respecto.

Los clubes más importantes buscan y reciben soporte de todas partes del mundo. ¿Qué esperanzas tiene la liga birmana cuando los hincha
s de fútbol en Birmania se interesan más por los equipos de la liga inglesa que en la versión local? En Irlanda, los clubes como Shelbourne y Bohemian se han vuelto profesionales y están intentando alcanzar el siguiente nivel. La cantidad de gente concurrente a sus partidos da lástima: Shelbourne cuenta por ejemplo con un promedio de sólo 1000 por juego, mientras que 15000 hinchas irlandeses de fútbol viajan a Gran Bretaña cada fin de semana. ¿Cómo pueden hacer los clubes locales para atraer suficientes hinchas, cuando las ligas más glamorosas repletas de jugadores internacionales están tan al alcance de la mano?

Hay un rayo de esperanza para los clubes más pequeños. Lejano Oriente estará lleno de niños que llevan copias de los jerseys de la liga inglesa, pero los dueños de esos jerseys no podrán ir a Nou Camp o San Siro cada fin de semana de por medio. Los clubes necesitan público que vaya a ver los partidos, y si descuidan a aquellos que pasan a través de los molinetes, verán como parte de su soporte los abandona. Los seguidores pueden abandonar a su corporación multinacional indiferente que fue una vez su club de fútbol, a favor de algún club de fútbol sencillo que aprecie su apoyo.

¿Hay algún signo de que esto esté ocurriendo, esta gran revolución del proletariado del fútbol? Bueno… no. Los grandes clubes todavía llenan las canchas a reventar, y la venta de mercancías sigue a tope. Dicho sea de paso, es desilucionante ver un club tras otro hacer cola tras las megamarcas de indumentaria deportiva. Las condiciones laborales de estas fábricas han sido bien documentadas en otras partes: están llenas de niños que trabajan 12-16 horas al día para ganar salarios mínimos si tienen suerte. Estos talleres se encuentran en los mismos países asiáticos donde los clubes de fútbol intentan vender más copias de sus camisetas. Espera, miremos esto nuevamente. Las camisetas están confeccionadas por las mencionadas marcas, a coste obviamente bajo. Los clubes obtienen su gran contrato de patrocinio. Los jerseys se venden por todo el mundo por unos 50 Euros. Y ahora, en un cruel giro del destino, los clubes más grandes están tratando de caer en gracia en los países casi indigentes donde las camisetas se han confeccionado a precio de ganga. Perdón si me cuesta alabar a la globalización y al libre comercio.

La globalización del fútbol no es una teoría, y no es siempre necesariamente buena. Mira alrededor tuyo: ya está aquí, y tiene una fuerza devastadora. Esto continuará…

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