La globalización del fútbol

En el extremo opuesto, Brasil ha gozado durante largo tiempo de la reputación de ser el país del fútbol con estilo. El equipo brasilero de la década de los setenta está considerado por muchos como el mejor equipo de todos los tiempos. Jairzinho, Tostao y Rivelino eran todos maestros en el arte, junto con un joven muchacho llamado Pelé. Gracias a jugadores como estos, muchos fanáticos del fútbol afirman que Brasil es su “segundo equipo”, el que apoyan cuando su propio país ha sido eliminado.

Pero incluso los grandes brasileros se vieron forzados a evaluar su situación y a cambiar su estilo. La Copa Mundial de 1994 resultó en un empate entre Brasil e Italia, y fue probablemente la Copa Mundial más aburrida de la que se tiene memoria. Brasil ganó, pero sólo gracias a un tiro de penalty. En la Copa Mundial de 2002, Brasil concedió tres goles en las etapas de grupo. En los cuatro partidos que quedaron (octavos de final, cuartos de final, semifinales y el partido final) sólo permitieron un gol y metieron siete. Brasil había sido obligado a modificar su táctica arrogante y ahora hace hincapié tanto en una defensa bien constituida como en un ataque fluido. ¿Pero qué es lo que está causando estos cambios? Por una parte, hay más gente jugando al fútbol que nunca. Más países ingresan en competencias internacionales: 116 países entraron en la Copa Mundial de 1990, que culminó en una final bastante triste entre Argentina y Alemania. La Copa de 2002, reclamada al final por Brasil, vio 199 participantes, y la FIFA incluye actualmente 205 asociaciones registradas en su lista que participarán en la Copa Mundial de 2006, con las finales que se llevarán a cabo en Alemania. Las mayores ligas se enorgullecen de contar con jugadores de todas partes del mundo, y estos deportistas pueden llevar con sí todo lo que aprenden en los distintos clubes y aportarlo a sus equipos nacionales.

Sangre nueva equivale a ideas nuevas, y
los equipos existentes lo toman en cuenta o pierden. Grecia ganó el Campeonato Europeo de 2004, si bien había comenzado como 50/1 outsiders [no estaba entre los favoritos]. Corea del Sur y Turquía llegaron a las semifinales de la Copa Mundial de 2002, y nadie los consideraría gigantes del fútbol. Los logros de estas “naciones emergentes” en un contexto futbolístico son prueba positiva de que el fútbol tiene más atractivo internacional que nunca.Durante el ultimo par de décadas, la forma por la cual se dirige al fútbol ha comenzado a cambiar. Muchos clubes se cotizan ahora en los mercados de valores (Manchester United y Celtic son dos ejemplos obvios). Para muchos fanáticos-accionistas, las ganancias no son lo más importante: les gusta poseer acciones de su propio club por razones sentimentales. Esto es en particular relevante para quienes hayan emigrado. En el ejemplo de Celtic, a mucha gente que se ha ido de Escocia les gusta tener acciones de Celtic de la misma manera que los emigrantes solían llevarse un puñado de tierra de su país natal en sus bolsillos. Si tu club funciona como una S.A., puedes ahora comprar acciones del mismo desde casi cualquier parte del mundo.

Por otra parte, nos hemos dado cuenta de la creciente tendencia que tienen ciertos millonarios extranjeros a comprar un club de fútbol de un saque. Mohammed Al-Fayed adquirió el club de fútbol de Fulham (Londres), y hace menos de dos años, el millonario ruso Roman Abramovich compró el Chelsea. El Liverpool FC se ha visto vinculado con tanto Thaksin Shinawatra, el Primer Ministro de Tailandia, como Mike Jeffries, el ejecutivo de cinematografía. Las opiniones de los fanáticos se encuentran divididas. Acogen la inyección de fondos tan necesitada, y están entusiasmados con la habilidad de comprar jugadores de primera calidad. Pero por lado contrario, cuestionan la lealtad al club del nuevo dueño.

Están preocupados de que su club sea algo más que una inversión, quizás un juguete sobre el cual gente como Al-Fayed y Abramovich gastan su cambio suelto. Abramovich ha sin duda alguna hecho crecer los caudales de Chelsea hasta el punto de que pueden comprar prácticamente cualquier jugador que deseen, pero esto les ha costado. Existen rumores de que interfiere en los asuntos del equipo, “aconseja” sobre las compras de jugadores y aparentemente está presente durante algunas de las negociaciones del equipo.

Silvio Berlusconi, el Primer Ministro italiano, es dueño del AC Milán (junto con tres estaciones televisivas y un par de los periódicos italianos más populares), pero muchos de los Rossoneri (como se conoce a los hinchas del AC Milán) dudan de sus motivos. Se ha sabido que Berlusconi mezcla la política con el deporte en sus entrevistas, y se especula que su participación en el AC Milán es sólo otra forma de lograr que su cara aparezca en primera página. Hizo constar sus críticas al manager Carlo Ancelotti, y el hecho de que es además Primer Ministro de Italia (nuevamente) le ha permitido extender su alcance, a veces utilizando su discutible sentido del humor. Antes de la Copa de 2003, bromeaba que encarcelaría al equipo italiano si no traían la Copa a casa, como referencia a las acusaciones de los maltratos al equipo de fútbol iraquí.

En un Mercado cada vez más globalizado con reducidas barreras al comercio, existe poco que se pueda hacer para evitar este estilo de dirección. En un mercado abierto, cualquiera que tenga el dinero puede comprarse un club. Más dinero tienes, mayor parte del club podrás comprar, y los clubes se han mostrado poco interesados en las opiniones de sus hinchas comunes. Es un síntoma del mundo en el que vivimos.

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