La globalización del fútbol

La palabra “globalización” está muy de onda en este momento. Al oírla, quizás te huela a teoría económica (…necesitas salir un poco más). Quizás te haga pensar sobre los disturbios contra la globalización que siguieron a la Cumbre de los G7 de ciudad en ciudad (…cálmate un poco). Pero la globalización no es sólo una teoría económica extravagante: en su encarnación diaria, “globalización” se traduce en la disminución de las barreras impuestas sobre el comercio, y el borroneo de las líneas divisorias entre lo nacional y lo internacional. Implica un enfoque “global” (…¿no me digas?) que trata al Mundo como si fuera un gran mercado único, y cuando se le hace un seguimiento, las diferencias entre los países parecen además disminuir. Adelantos en la tecnología y la apertura de mercados significan que la globalización se extiende a todas las profesiones, incluyendo al fútbol. Sí: el fútbol. ¿Crees que no? Por favor lee lo que sigue…

El fútbol es el deporte más popular del mundo, y tiene más de 200 países afiliados a un cuerpo regulador: la FIFA. La Copa Mundial de la FIFA es el evento deportivo más popular del mundo, y en el año 2002 se transmitió la final entre Japón y Corea del Sur a más de 1.800 millones de televidentes. El fútbol es ahora una marca global, y esto ha llevado a cambios en la manera de jugarlo, dirigirlo y administrarlo.

Comencemos mirando algunos de los cambios en la cancha: es correcto asegurar que las últimas décadas no han visto cambios significantes en las reglas impuestas al fútbol de asociación. La regla para el “fuera de juego” (offside) ha sido modificada levemente, y ha habido cambios en lo que respecta a los saques de arco para el equipo propio, pero los mismos no han modificado fundamentalmente el movimiento del juego (a menos que te llames David James). De todas formas algunas de las reglas del fútbol sí han sido modificadas, y han hecho que el traspaso de jugadores entre equipos sea más fácil.

En 1995, la Corte Europea de Justicia se pronunció a favor del futbolista belga Jean-Marc Bosman. Actualmente conocida como “la sentencia Bosman”, estipulaba que cuando el contrato de un jugador había caducado, el club perdía su derecho a percibir honorarios por la transferencia, y el futbolista era libre de firmar contrato con cualquiera que deseara contratarlo. Pero a partir de esta sentencia, se levantó el límite sobre el número de jugadores “extranjeros”. Previamente, un club podía presentar hasta un máximo de tres jugadores extranjeros en las competencias de la UEFA. Hoy en día, un club puede presentar un equipo entero compuesto de ciudadanos de la UE. Puede además contratar jugadores de países ajenos a la UE, sujetos a las leyes que regulan los permisos laborales en el país, y las reglas de la liga doméstica.

Esto ha sin duda alguna conducido a un aumento de movilidad entre los jugadores, y mientras esto es bueno para algunos futbolistas, hace que para los futbolistas locales jóvenes sea más difícil demostrar su talento. Es una de las razones por las cuales los salarios de los jugadores y los honorarios de la transferencia han aumentado durante la última década. Los clubes no tienen ya todo el control sobre los deportistas, y por lo tanto necesitan hacer atractivas su estadía y la firma de contratos de más larga duración.

A los directores de los equipos de fútbol les ocurre algo similar, aunque en su caso nunca se han visto bajo las mismas restricciones que los jugadores. A pesar de que los directores se han ido mudando de país en país (Venables, Robson y Toshack hicieron todos trabajo de gestión en España), el fenómeno ha aumentado en los últimos años. La Premiership, o Liga Inglesa, actual incluye gerentes franceses, españoles y portugueses, y recientemente ha contado entre sus rangos con directores de Holanda, Suiza e Italia. A medida que los mismos se han ido trasladando, han ido llevando su propio estilo consigo. Esto significa que cuando un director británico va a trabajar al extranjero, exporta los valores británicos tradicionales de trabajo arduo y presencia física con ellos. En cambio, desde que Arsene Wenger asumió el cargo sobre Arsenal (Londres), el club ha comenzado a jugar con una gracia y estilo que, con el mayor de los respetos, parecería totalmente ajeno al de personas tales como Tony Adams o George Graham.

Todo esto nos hace realizar un análisis de los estilos de juego de los distintos países. Bajo la dirección de Jack Charlton, al recibir la defensa la pelota, se le instruía patearla tan lejos y tan fuerte como pudiera. ¿Qué importaba si la pelota volvía recubierta de un poco de nieve? Nuestros jugadores atacantes constituían nuestra primera línea de defensa. La táctica irlandesa (singular) fue resumida por el mismo Charlton, cuando afirmaba que nosotros “los ponemos bajo presión, y les “imponemos” nuestro estilo.” Nos interesa más trabajar solos que destruir la capacidad del otro equipo. Desde entonces, hemos cambiado drásticamente. No siempre funciona, pero ahora permitimos que nuestros jugadores creativos gocen de la libertad de pasarse la pelota entre ellos, de enfrentarse a otros futbolistas y (esperemos) de ganarles.

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