La definición de «genocidio»: Armenia, 1915.

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Se dice que cuando Hitler planificaba el holocausto se refirió sobre los armenios como ejemplo de la rapidez con la que el mundo olvida las atrocidades. El genocidio armenio, sin embargo, no ha quedado en el olvido, y ochenta y nueve años después de los acontecimientos sigue siendo un tema controversial. Turquía, Israel y Estados Unidos se cuentan entre los países que se niegan a reconocer los sucesos en la región oriental de Anatolia, acontecidos en 1915, como genocidio. El tema, que a primera vista podría parecer simple, implicaría diferentes polémicas. Fuentes históricas irrefutables han ayudado, sin embargo, a reconocer este hecho como histórico. Derechos de propiedad, indemnización fiscal, alianzas internacionales y estudios sobre el holocausto: todo esto entra en juego y complica el asunto. Three Monkeys Online entrevista al profesor Denis R. Papazian, director del Centro de Investigación Armenia (Armenian Research Centre) de la University of Michigan-Dearborn.

El genocidio armenio de 1915 ha sido denominado el primer genocidio del siglo XX, pero hay críticos que preguntan si realmente fue un genocidio, y si fue el primero.

Algunos dicen que el pueblo herero en África sufrió el primer genocidio del siglo XX cuando los colonialistas alemanes los destruyeron a gran escala. No sé mucho sobre el tema, por lo que no puedo determinar si se trató o no de un verdadero genocidio. De cualquier forma, podemos notar que ya en aquella época los alemanes favorecían el concepto de pueblos inferiores, prescindibles para un fin más noble.

En lo que respecta al genocidio armenio, representó el primer gran genocidio del siglo XX que se llevó a cabo en un país que no sólo formaba parte del concierto de Europa sino que era además un país (el Imperio Otomano) que contaba entre sus residentes con muchos empresarios europeos y funcionarios diplomáticos, y de hecho muchos consejeros militares con puestos importantes dentro del ejército turco. Liman von Sanders, por ejemplo, era el comandante del primer ejército turco, que protegió a Constantinopla y a la región oriental de Anatolia. Además, existían muchos misioneros estadounidenses distribuidos por todo el Imperio Otomano, en especial en Anatolia, tradicionalmente la patria armenia. El territorio turco formó parte de la mayor empresa misionaria llevada a cabo por los estadounidenses… y era en verdad inmensa. El trato de los armenios en el Imperio Otomano se convirtió en un problema en 1878: el mismo era un derivado de la “cuestión oriental”, es decir, qué hacer con el Imperio Otomano en decadencia.

Por lo tanto, las grandes potencias habían estado vigilando la situación y estaban bien al corriente de lo que estaba sucediendo. El Imperio Otomano había llegado, hasta el momento de la exitosa revolución griega, hasta el corazón de Europa y se había extendido por los Balcanes. Por esta razón, los líderes turcos se consideraban en gran parte europeos. Obviamente luego de las dos guerras de los Balcanes en 1912 y 1913 los turcos fueron expulsados de la mayor parte de Europa.

Turquía, como parte del «concierto de Europa”, se encontraba en la esfera de influencia política europea durante la segunda mitad del siglo XIX y por lo tanto se suponía que se adhería a los estándares de comportamiento europeos. Muchos armenios vivían, además, en diásporas europeas y armenias, habían adoptado la cultura europea y estaban considerados más europeos que los mismos turcos. De hecho los armenios son una nación indoeuropea y cristiana, más en armonía con Europa que Medio Oriente. Los armenios del Imperio Otomano eran en su mayor parte campesinos, aunque muchos de los que vivían en aldeas, pueblos y ciudades eran artesanos, mercaderes y profesionales. Muchos armenios en Constantinopla (hoy en día conocida como Estanbul) y Smirna (hoy en día Ismir) formaban parte de la clase amira y enormemente ricos. Muchos enviaron a sus hijos a colegios europeos y se adhirieron a las últimas filosofías sociales europeas de libertad, igualdad y fraternidad.

Como he ya dicho, los europeos del Imperio Otomano, en su mayoría, consideraban a los armenios más progresistas y europeos que los turcos. Es por esta razón que las masacres genocidas y las expropiaciones de los armenios llamaron mucho la atención y el oprobio a lo ancho de toda Europa. El genocidio armenio, por lo tanto, puede ser calificado como el primer genocidio del siglo XX, ya que tuvo amplia difusión y estuvo ampliamente reconocido.

¿Por qué considera que el reconocimiento de este genocidio crea tantos problemas, tales como por ejemplo la resistencia de Turquía, Israel y Estados Unidos a reconocerlo?

Los estados no son naciones. Un individuo puede tener conciencia, pero un estado actúa generalmente en propio interés, o al menos en lo que cree ser su propio interés (que puede incluso incluir la filantropía). Puede que un individuo tenga cargo de conciencia y que llegue a confesar un crimen, pero un estado no tiene concienca y no tiene remordimientos. Un estado confesará un crimen sólo bajo presión. Consideremos que Turquía no perdió la primera guerra mundial. Perdió sus colonias en el norte de África, Arabia y la Mesopotamia, pero el estado permaneció intacto bajo un nuevo nombre. La mayor parte de los «jóvenes turcos» sobrevivientes pasaron a formar parte del nuevo gobierno nacionalista. De hecho, Turquía llegó a expandir su territorio hacia el este, a costa de Armenia.

Esto significa que la etnogénesis de la Turquía moderna está basada en genocidio y la expropiación de las riquezas. De la misma manera que los estadounidenes detestamos confesar nuestros pecados en cuanto a los aborígenes americanos, los turcos no quieren reconocer el genocidio de los armenios en la patria armenia, que pondría en entredicho la fundación moral del estado turco. Además, a diferencia de los indios americanos, muchos armenios en el Imperio Otomano eran sumamente ricos. Algunas de las fortunas de la Turquía moderna están basadas en esa riqueza, que fue expropiada de los armenios.

El caso de Estados unidos es mucho más vergonzoso ya que no está basado en ningún tema de profundo interés nacional. Los estadounidenses sabían que el genocidio armenio estaba ocurriendo, en el mismo periodo de los acontecimientos. Recibían información directamente de Henry Morgenthau, el embajador estadounidense en Constantinopla, y de los oficiales consulares con puestos en las mayores ciudades del Imperio Otomano, como además de los misionarios estadounidenses que estaban aún más esparcidos. Había mucha compasión por la nación armenia durante este periodo, porque en ese entonces los estadounidenses consideraban a nuestro país un estado cristiano y existía cierta abominación hacia los musulmanes, que tenían fama de masacrar cristianos de la forma más sangrienta.

El presidente Woodrow Wilson llegó a presentar una petición ante el Senado de EE.UU. después de la primera guerra mundial, requiriendo un Mandato de Armenia. Luego del derrame cerebral de Wilson, el tema de la responsabilidad estadounidense por Armenia y los armenios dejó de ser una alternativa viable. De todas formas, el Congreso de EE.UU. estableció el American Committee for Armenian and Syrian Relief (&ldquo
;Comité estadounidense de ayuda para Armenia y Siria”), que pasó luego a conocerse como Near East Relief (“Ayuda a Oriente Próximo”), mayormente para socorrer a los sobrevivientes armenios que habían sido forzados a marcharse al desierto de Siria para morirse. La mayor parte de estos sobrevivientes eran niños, porque los niños son más resistentes y en algunos casos pueden soportar las terribles marchas forzadas. Además, tropas británicas y árabes que lucharon y se abrieron camino desde el sur tomaron el área, y salvaron a muchos de la muerte.

¿Por qué niega Estado Unidos el genocidio armenio? Simplemente para complacer a los turcos. La negación comenzó en la década de los veinte cuando empresarios estadounidenses, sus representantes y el gobierno decidieron que reestablecer a Turquía era más lucrativo que ayudar a niños huérfanos. Luego de la primera guerra mundial la influencia misionaria en el Departamento de Estado de EE.UU. se vio reemplazado por la influencia de los hombres de negocios y las petroleras. De hecho, los misionarios abandonaron a los armenios con la esperanza de poder conservar sus propiedades en la nueva Turquía kemalista. Irónicamente, un par de años después que los misionarios se hubieran apartado de los armenios, sus propiedades fueron también confiscadas. Desde entonces las cosas no han cambiado mucho. Además, durante la Guerra Fría se consideró a Turquía como un alidado responsable. Y de hecho lo fue, ya que a Turquía le convenía la alianza con Estados Unidos. Ahora que las mismas presiones han dejado de ser pertinentes, Turquía se está volviendo un aliado caprichoso. Era de esperarse. El gobierno turco debe preocuparse principalmente por el bienestar de Turquía, no el de Estados Unidos o de cualquier potencia extranjera. Después de todos estos años, el Departamento de Estado de EE.UU. era reacio a reconocer los cambios que se estaban dando en Turquía, ante sus propias narices. Nótese la actitud turca para EE.UU. con respecto a la invasión de Irak, la cuestión kurda en Irak, y el surgimiento de un gobierno islámico.

Hace poco el gobierno francés reconoció el genocidio armenio: los turcos vociferaron, hecharon humos y todo tipo de amenazas, pero a los pocos meses todo había vuelto a la normalidad. Esto es lo que ocurriría si el gobierno de EE.UU. reconociera el genocidio armenio una vez más; los turcos organizarían una gran protesta y meses más tarde todo volvería a la normalidad. La denegación de EE.UU. es, por lo tanto, vergonzosa porque no está basada en ninguna amenaza real a los intereses estadounidenses.

El caso de Israel es algo diferente. Para empezar, siempre ha habido un tipo de relación amistosa entre los judíos y los armenios. De hecho, muchos armenios en Armenia y en el extranjero se han casado con mujeres judías. Ambos grupos eran minorías en una diáspora, ambos profesaban una religión distinta a la religión predominante estatal, ambos sufrieron persecución e incapacidad social, y ambos grupos se mantuvieron unidos por sus instituciones eclesiásticas ya que carecían de un estado propio. Históricamente, por lo tanto, ambas naciones han mantenido lazos amistosos.

En el caso de Israel, no obstante, Turquía controla el agua que fluye hacia el sur. Si los turcos llegaran a enojarse con los israelíes, podrían reducir la cantidad de agua que fluye hacia el sur y causar todo tipo de vandalismos en Siria e Irak, afectando el equilibrio. Turquía vende además agua a Israel, la que transporta en buques sisternas. En segundo lugar, EE.UU. ejerce gran influencia entre la elite laica turca y Turquía, aunque sea un estado predominantemente musulmán, no profesa el mismo odio hacia Israel que los estados árabes circundantes. Los turcos, claro está, no son árabes y no le tienen mucha simpatía a los palestinos, quienes son árabes con una fuerte minoría cristiana.

Según la vieja regla de oro de la diplomacia, “el vecino de mi enemigo es mi amigo”. Israel cultiva la relación con Turquía por razones económicas. Ésta última recibe numerosos beneficios económicos del comercio, en particular gracias a la alta tecnología que Israel posee y que Turquía ambiciona. El estado israelí se encuentra bajo tremenda presión, y la necesidad le ha ganado la carrera a la moralidad. El estado de Israel, por lo tanto, puede ser en cierta medida perdonado, principalmente porque la mayoría de los judíos del mundo reconocen el genocidio armenio y le tienen simpatía a los armenios. Israel cambiará su política cuando llegue el momento.

¿Por qué es importante reconocer los eventos como “genocidio”? Si se reconoce ampliamente que las atrocidades fueron cometidas contra los armenios en 1915, ¿por qué se requiere un reconociemiento oficial?

El reconocimiento abre las puertas jurídicas a todo tipo de restitución. Puede probarse que el actual estado turco es el sucesor legal del estado del Imperio Otomano, en particular aquel que, bajo el gobierno de los «jóvenes turcos», perpetró el genocidio armenio. Mientras que no es de esperarse que ocurra ninguna cesión de tierras, existe la posibilidad de alguna indemnización de índole económica. Mi familia, por ejemplo, era dueña de parcelas de terreno a lo largo del Bósforo, tierras que hoy serían de un valor incalculable. Personalmente a mí me gustaría tener una participación en parte de ese dinero. No tiene nada de malo que una víctima busque indemnización.

Existe el argumento que el reconocimiento de los eventos de 1915 como genocidio reduciría el impacto del holocausto. Si bien los eventos de 1915 fueron horrendos, no se pueden comparar con el exterminio sistemático que se llevó a cabo en Europa durante la segunda guerra mundial.

Si bien cada evento histórico es único, se dice a menudo que la historia se repite. Dicho de otra forma, se puede hablar de patrones en la historia. Estos patrones tienen a veces un valor predictivo, pero la mayoría de las veces son simplemente parecidos a eventos anteriores. El holocausto fue único en muchas formas, y sin embargo compartió sus características con otros eventos en su carácter de genocidio. Nos basamos en ese carácter compartido para ver las similaridades entre las causas judía y armenia.

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