Historia del miedo – Una entrevista con la catedrática Joanna Bourke

“Según dijera el archidiácono R.H. Charles en 1931: puede que la ciencia haya desenmascarado muchas supersticiones de la Alta Edad Media y descubierto la falsedad de la magia secular y religiosa del pasado y del presente, pero en su lugar ha introducido gran cantidad de inquietudes nuevas que nos acosan desde la cuna hasta la tumba” – Fear: A Cultural History, por la Profesora Joanna Bourke [Pág.5]

En 1862 Duchenne de Boulogne, un neurofisiólogo pionero francés, publicó un libro titulado The Mechanism of Human Facial Expression. Constituye una investigación notable, donde toma la cara de un hombre de edad anestesiado y a través de descargas eléctricas intenta reproducir diversas emociones. Con varios músculos contraídos, el retrato emocional del miedo que produjo y fotografió llamó tanto la atención a la vez que hizo reflexionar. Según Duchenne, la cara reflejaba las emociones en forma directa (por lo que una cara malvada indicaba asimismo mal carácter). Esto ocurría en paralelo a Darwin proponiendo argumentos a favor de la evolución y de los “principios de la expresión”, quien además sostenía que la cara del miedo tenía atributos que favorecían la supervivencia (los ojos abiertos de par en par con las cejas en alto permitían al individuo mirar a su alrededor con mayor rapidez). La catedrática Joanna Bourke, en su último libro, Fear: A Cultural History, toma este debate a modo de introducción a un tema profundo, señalando que mientras los expertos podrían estar de acuerdo sobre el aspecto de la cara del miedo, no nos han enseñado mucho en lo que respecta a la definición del miedo y las consecuencias del mismo.

Uno puede imaginarse que la idea para esta fascinante investigación ha surgido de alguna manera a raíz de la observación de nuestro mundo en pos de los eventos del 09/11, sin embargo la inspiración ha sido más histórica. Bourke, profesora conferenciante en Birbeck Collage, Universidad de Londres, explica que “(el libro) iba en principio a tratarse sobre la historia de las emociones de forma general: miedo, ira, odio, celos, amor, etc. Cierta intranquilidad con respecto a mis libros anteriores, que miraban a algunos de los momentos más traumáticos de la historia moderna a través de una óptica marcadamente fría, me hizo interesarme por la historia de las emociones. Me pasé una década leyendo las cartas y diarios de hombres y mujeres en o en las proximidades del frente de guerra, y aún así no había logrado tratar el tema de las emociones. Me convencí que era una falta común de la mayoría de los demás libros de historia que estaba leyendo: a los historiadores les encanta hablar sobre las respuestas lógicas, las “economías morales” y la causalidad, y se sienten menos cómodos con la irracionalidad, una característica a menudo atribuida a las emociones”.

El libro examina los temores preponderantes vividos y documentados en Gran Bretaña y Estados Unidos (incluye además a Irlanda y a Australia), durante el transcurso de los últimos 150 años. Comenzando en 1860 con los experimentos de Duchenne de Boulogne y concluyendo a la fecha con reflexiones sobre la “guerra contra el terror”, el libro es una mina de oro en episodios que hacen reflexionar. El enfoque cronológico le ha permitido a Bourke tomar una perspectiva que brinda comparaciones fascinantes entre los miedos que dominaban a la sociedad del siglo XIX y la contemporánea. Bourke comenta, como ejemplo, que “durante el siglo XIX, los temores relacionados a la muerte inminente estaban estrechamente vinculados con los miedos acerca de cualquier tipo de vida después de la muerte eventual así como relacionados con la inquietud sobre el diagnóstico correcto del deceso (o dicho de otra manera: que conduciera a un entierro prematuro). En nuestro tiempo, por lo contrario, tendemos a preocuparnos mucho más sobre el hecho que nos obliguen a permanecer vivos más de lo debido (denegándonos la oportunidad de ´morir con dignidad´). Es el personal médico, en vez de los clérigos, el que preside cada vez más sobre el terror a la muerte. Los debates actuales sobre la eutanasia y la muerte asistida están relacionados con estos cambios”.

¿Hasta qué punto puede Fear: A Cultural History [Historia Cultural del Miedo] considerarse complemento de sus libros anteriores? “Hasta cierta medida, el libro sobre el Miedo complementa a An Intimate History of Killing [“Historia Profunda del Asesinato”]. Una de las críticas a las que tuve que hacer frente con el libro anterior fue que hice demasiado hincapié en los placeres de asesinar durante tiempos de guerra (el regocijo, la excitación, y la alegría pura que muchos de los combatientes demostraban justo después de una carnicería brutal. Hasta cierto punto, acepté la crítica). Mi defensa fue que un libro anterior a An Intimate History of Killing había abordado los horrores de la guerra en forma explícita [el título de este libro anterior lo describe todo: Dismembering the Male: Men´s Bodies, Britain and the Great War: “Desmembrando al hombre: los cuerpos de los hombres, Gran Bretaña y la Primera Guerra Mundial”]. De todas formas, el libro del Miedo es mucho más que un “complemento”: sólo tres de sus once capítulos se tratan de las sociedades en tiempo de guerra. El libro del Miedo toca temas variados como las fobias, el miedo a Dios y a la muerte, las pesadillas, las preocupaciones infantiles, la enfermedad, el crimen y el terrorismo”.

Cuando estaba haciendo sus investigaciones para An Intimate History of Killing, Bourke se topó con cualquier cantidad de material honesto en la forma de diarios y cartas de hombres y mujeres que habían estado involucrados en la Primera Guerra Mundial. Cabe preguntar qué tan confiable como fuente es este material de primera mano cuando se está tratando con una emoción tan compleja, una emoción que culturalmente tanta gente niega tener. ¿Cómo se encuentran relatos honestos cuando, por ejemplo, ha habido generación tras generación de británicos a quienes se les ha enseñado a poner buena cara al mal tiempo? Bourke rechaza esta afirmación: “La idea de que los británicos ocultan los sentimientos es ridícula. Son un pueblo emocional, aunque quizás lo demuestren de una manera diferente. El problema con las fuentes es que eran muchas, no pocas. Las emociones se encuentran por doquier. El miedo se menciona constantemente: en cartas, diarios, informes oficiales, periódicos, obras de teatro, novelas, películas, documentos parlamentarios, memorias e incluso recopilaciones estadísticas (como por ejemplo el Archivo de Observación de Masas del condado inglés de Sussex). La cantidad enorme de material me obligó a identificar algunos de los “grandes miedos” de cada periodo, en lugar de intentar ver todos los miedos (una misión imposible). Esto quiere decir obviamente que tuve que dejar de lado algunos de estos “miedos” (miedo al dentista, por ejemplo) pero, al final, realmente significa que los lectores pueden examinar los cambios con respecto a lo que vamos temiendo con el transcurso del tiempo, y establecer las razones de ello”.

Definición del Miedo

La investigación de la histor
ia cultural de una emoción, tal como el miedo, es en gran medida una tarea más compleja que la de analizar eventos históricos específicos. Para comenzar, ¿podemos estar seguros de que la denominación de “miedo” de una persona en un período histórico es la misma que la de su predecesor? ¿Cuál es la diferencia entre miedo y furia, ya que muy a menudo comparten las mismas características (piénsese por ejemplo en las manos temblorosas de alguien infundido por el temor y las de alguien consumido por la furia)? Bourke está bien consciente de estas preguntas, las que aborda en forma directa: “Lo que la gente asegura “temer” en un periodo o en otro resulta significativo, y esto es lo que hace el libro. Definir categóricamente el “miedo” desde el principio no sirve (desde mi punto de vista). A los psicólogos evolucionistas les encanta hacer esto, claro, porque tratan de señalar ese “algo” biológico, esencial, subyacente, que es el miedo. Nunca estuve de acuerdo con este parecer, y he publicado un artículo que presenta mi respuesta a esta dicotomía esencialista/constructivista [ver la revista History Workshop, 2003]”.

Be Sociable, Share!

Páginas: 1 2 3