Entrada al laberinto moral: una discusión sobre la religión y la ética con Richard Holloway

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Joan Bakewell escribió sobre Richard Holloway, el antiguo arzobispo anglicano de Edimburgo, en la publicación británica New Statesman, y dijo que “siempre ha sido un radical dentro del mundo real, que casi se conforma con las agitadas exigencias y restricciones del mismo”. El arzobispo anglicano del Sureste Asiático, Moses Tay, describió a Godless Morality [Moralidad sin Dios], escrito en 1999, como “horrendo y herético”, una opinión que sin duda gozó del apoyo de sus colegas prelados igualmente escandalizados por la defensa de Holloway a los derechos de los homosexuales y de la liberalización de la droga, entre otras cosas.

“Sería difícil exagerar las confusiones morales de hoy en día y la urgencia e importancia de encontrar un punto de partida común para la conducta de unos para otros en calidad de cohabitantes de este planeta”, escribió Holloway en el epílogo de Godless Morality, lo que inspiró a Three Monkeys Online a entrar en el laberinto moral. Por medio de una entrevista realizada por correo electrónico, el Dr. Holloway tuvo la gentileza de ser nuestro guía.

Un estribillo conocido de líderes religiosos y conservadores es que la sociedad permisiva de las décadas de los sesenta y los setenta condujo a la merma de los “valores morales”, y por ende a una sociedad más violenta y menos cohesiva. ¿Piensa que la sociedad de principios del siglo XXI es menos moral?

En cierto punto sí, en cierto punto no. El desarrollo humano (y con esto no quiero decir “progreso”) zigzaguea moralmente, dando tanto con pérdidas como con triunfos. Ha habido pérdidas en fidelidad y disciplina, pero se ha ganado en amabilidad y preocupación por el prójimo, incluyendo los otros animales con los cuales compartimos el planeta. Si bien es posible que nos hayamos vuelto sexualmente más licenciosos, o quizás más honestos al respecto, hoy en día ya no enviamos niños a trabajar en minas de carbón o a limpiar chimeneas; ya no encarcelamos a aquellos hombres que aman otros hombres; ya no quemamos brujas en la hoguera; ya no torturamos a personas (con excepción de, por supuesto, el gulag de tortura estadounidense). Podría seguir y seguir. Todo depende de la definición que se tenga de 'moralidad'. Lo que la gente haga sexualmente no me importa tanto (siempre y cuando no hieran o dañen a terceros) como lo que hagan políticamente, la crueldad entre sí. Y algo más: el movimiento más revolucionario de la historia reciente ha sido la economía de mercado global, tan apreciada por algunos tipos de cristianos conservadores. Ha tenido un efecto profundo en la cultura y la sociedad por todas partes. Es el único juego en el planeta, pero no importa lo que se piense al respecto, está fundado en el amor a la riqueza material, algo que a Jesús no le entusiasmaba demasiado.

Ética y legislación: ¿cómo podemos definir la relación entre estos dos términos? ¿Debería cada ley ser moral? ¿Debería legislarse cada valor moral? En resumen, ¿cuál es la relación entre nuestros marcos legal y moral?

No. Debe distinguirse entre un pecado y un delito. El pecado es un concepto religioso, pero si no se comparte la religión por qué debería compartirse el castigo. Esta es la diferencia que forma la base de la evolución de las actitudes entorno a la homosexualidad. Puede que para los grupos religiosos sea un pecado, un acto inmoral, pero ¿por qué deberían los grupos religiosos imponer sus nociones de urbanidad (como por ejemplo reglas de limpieza y alimentación) sobre personas que no comparten su fe? Esa es la razón por la cual los gobiernos se han alejado del trato de la homosexualidad como un delito. Algunos 'pecados' caen obviamente dentro de la categoría de 'crímenes', como por ejemplo la violación, el homicidio, etc. La mejor prueba son sin duda los daños y perjuicios causados a terceros, y la mayoría de la gente puede estar de acuerdo con respecto a lo que esto significa.

El Nuevo Papa, Benedicto XVI, es quizás famoso por su crítica al relativismo, habiendo declarado que “Nos estamos dirigiendo hacia una dictadura del relativismo, que no da nada por cierto y que sostiene que el ego y los propios deseos son los objetivos supremos”. En Godless Morality Ud. escribió sobre un “jazz ético”, donde podría compararse la vida moral con una improvisación. Señaló la importancia de encontrar un equilibrio entre la diversidad en enfoques éticos como además de negarse a aceptar la alegación de que ningún sistema sea mejor que otro. La pregunta es sin embargo, ¿cómo valoramos los diferentes sistemas éticos? Tomando un ejemplo muy discutido, ¿cómo valoramos el sistema que exige a las mujeres llevar el velo hiyab o la burqa? Existen argumentos avanzados que sugieren que por una parte esto le otorga poderes a las mujeres, y por otra parte impone la misoginia. ¿Cómo decidimos, e igualmente importante: quién decide?

Esta es la pregunta más difícil a la que se enfrentan las sociedades multiculturales y pluralistas que no desean imponerse a grupos religiosos cuyos estándares (tales como su actitud hacia las mujeres) pueden estar en desacuerdo con los códigos morales de la cultura anfitriona. El relativismo tiene dos significados. Unos pocos, si se llega a tanto, son partidarios del significado tan criticado por el Papa, que sostiene que todos los valores son relativos y que no se puede afirmar que alguno sea mejor o más elevado que los demás. Esto va en contra del sentido común. Ninguna persona en su sano juicio apoyaría a un sistema que permita a las personas a quienes se les da la gana torturar, violar o asesinar a otros. Ninguna sociedad podría funcionar partiendo de esa base. Por otra parte es asimismo cierto que nuestra percepción de la moralidad tiene que ver con nuestra ubicación en el contexto humano, si se tiene en cuenta la amplia gama de diferencias en las áreas de dieta alimenticia y sexualidad que caracterizan a las comunidades humanas a lo ancho del planeta. Una de las características marcadas de los sistemas religiosos tradicionales es su desvaloración de las mujeres, lo que explica los numerosos códigos de vestimenta. Francamente no se me ocurre cuál es la mejor manera de llevar esto en las sociedades mixtas, modernas y complejas donde la libertad de expresión religiosa es un valor humano genuino. Tengo el presentimiento que tendríamos que mostrarnos flexibles ante estas tradiciones, con la esperanza que cambien dentro de sí mismas, de la misma forma que lo hizo el cristianismo: sin demasiadas presiones externas.

¿Qué opina sobre los esfuerzos para introducir legislación que proteja contra la instigación al odio religioso? En Italia, por ejemplo, las leyes contra la difamación religiosa, que antes protegían solamente a la Iglesia Católica, se han extendido hacia otras religiones reconocidas, lo que acabó en que un musulmán italiano llevara a juicio a la polemista. ¿Deberían los sistemas religiosos estar protegidos del insulto?

Esto me preocupa. La definición del odio en tal contexto no puede ser fácil. Preferiría equivocarme en un debate bien fundado sobre religión, especialmente a nivel intelectual, antes que herir susceptibilidades. El problema en Gran Breta
ña es que los musulmanes tienen que acostumbrarse a vivir en una cultura secular que se enorgullece de tener bromas y críticas para todo. El cristianismo se ha acostumbrado a esto con el pasar de los siglos, pero es todavía relativamente novedoso para los musulmanes, porque, por lo que sé, no ha sido parte de su cultura social. Pero me andaría con cuidado en lo que respecta proteger su susceptibilidad. Preferiría que se fortalecieran y que se lo tomaran como el resto de nosotros.

En una sociedad liberal la mayoría de las cuestiones morales pueden ser resueltas preguntándose si la acción repercutirá en daños y perjuicios contra terceros. Si mis acciones no perjudican a otros, tengo entonces buen motivo para permitirlas. Como resultado, quizás la cuestión moral más difícil es la del aborto. Dependiendo de cómo se considere al feto, el aborto puede ser o bien un asesinato o bien una elección médica aceptable. Constituye, en cierta medida, una situación negra y de varios matices de gris, que no permite una posición de compromiso de parte de aquellos que la consideran asesinato. ¿Cómo puede una sociedad moderna como la de Italia, Irlanda, o de hecho EE.UU., que está tremendamente dividida sobre el tema, llegar a un consenso moral?

Una pregunta difícil. Es posible, de todas formas, ocupar una posición intermedia que desapruebe el aborto y que a la vez considere que declararlo ilegal contribuye a la creación de un mal diferente, como por ejemplo abortistas ilegales, mujeres desesperadas, muerte y miseria. No conozco a nadie que piense que el aborto no trae problemas morales con sí, pero muchos piensan que prohibirlo es aún más problemático. Por un lado, sugerir que el embrio es un ser humano completo, con todos los derechos y estado moral de un ser humano, es algo que no me convence. Pero aquí existe un continuo claro, por lo que los abortos tempranos son más fáciles de justificar. Puede ser que la tecnología médica quite gran parte de este dilema moral con, por ejemplo, píldoras del día siguiente, aunque estas últimas son incluso desaprobadas por algunas tradiciones morales [tales como la Iglesia Católica].

¿Necesitamos extender el alcance de nuestras vidas morales en un mundo global? Donde hasta aquí nos habíamos preocupado de nuestro comportamiento sexual y social y sobre el efecto de nuestras acciones sobre nuestros vecinos inmediatos, progresos actuales en la recolección de noticias y tecnología de la información nos dejan en claro que nuestras actitudes y acciones tienen impacto sobre aquellos que quizás nunca conozcamos. En este contexto, por ejemplo, ¿qué tiene de moral comprar un vehículo deportivo S.U.V. de los que consumen demasiada gasolina? La mayoría de las viviendas en Europa Occidental y Estados Unidos no utilizan la energía eficientemente, gastan la electricidad y la calefacción despreocupadamente, ¿se puede considerar esto como inmoral?

Estoy totalmente de acuerdo. Y constituye además un ejemplo de cómo pueden cambiar las actitudes morales. Estoy cada vez más preocupado por la crueldad humana por el reino animal y nuestro desprecio por los delicados equilibrios del planeta.

Si consideramos que Europa es mayormente secular (lo que constituye un debate en sí mismo), nos enfrentamos al dilema de regulación de las posiciones de poder en nuestros parlamentos y asambleas legislativas. Por ejemplo, ¿qué opina del boicot a la candidatura de Rocco Buttiglione para comisario europeo de Justicia a causa de sus puntos de vista firmes y tradicionales sobre la homosexualidad y el aborto?

Pienso que fue lo correcto, pero no creo que debería haberse permitido ser nominado en primera instancia. Existe una ética secular válida que funciona en Europa con respecto a las minorías raciales y sexuales, por lo que cualquier funcionario público cuyas convicciones religiosas privadas se oponen a esos valores tendría que abstenerse de prestar servicios públicos.

En su reseña sobre el libro de Jonathan Sack, The Dignity of Difference [La dignidad de la diferencia] , hizo Ud. el intrigante comentario de que “son los aventureros morales los que conservan las instituciones por medio de inocularlas con el futuro. Necesitamos conservativos, de la misma manera que necesitamos frenos en un automóvil; pero estamos hechos para andar, no para estar en descanso”. ¿Cree que las instituciones religiosas como las Iglesias Anglicana o Católica Romana están abiertas a este tipo de inoculación? ¿Qué piensa sobre las tradiciones religiosas tales como el Islam, donde no existen líderes institucionales?

Con esta afirmación estaba repitiendo las palabras de Nietzsche. De hecho, el cambio moral siempre viene de aquellos que están más avanzados que la institución, nunca de aquellos que están a cargo de la misma. Esto ha sido cierto en el caso de la emancipación femenina. El cambio nunca viene de arriba, aunque los líderes pueden responder a las presiones de abajo y llevar a cabo modificaciones. Creo que el Anglicanismo está más abierto que Roma a este tipo de inoculación porque practica una política más abierta, pero Roma puede hacer cambios rápidamente cuando quiere. En mi opinión el Islam cambia también, orgánicamente, cuando se dan las condiciones. El Islam balcánico era mucho más abierto a eso que por ejemplo el Islam saudita.

El choque cultural entre la ciencia y la religión es tan fuerte hoy en día como siempre. Un argumento que muchos creyentes proponen es que el punto de vista científico es simplemente la otra cara de la religión, y que intrínsicamente no se puede llamar superior. En el debate sobre el diseño inteligente y la evolución, George W. Bush nos dice que ambas “corrientes de opinión” merecen el mismo tiempo en la clase. Mientras reseñaba el libro de Richard Dawkins, A Devil´s Chaplain [El capellán del diablo], Ud. se refirió a Dawkins como un “cruzado moral”, aparentemente sugiriendo que la ciencia no tiene una superioridad inherente a la religión. ¿Deberíamos buscar nuestros valores morales del siglo XXI en la ciencia?

No creo que nuestros valores morales provengan de la ciencia, pero la ciencia puede apoyar el cambio moral. El punto fuerte de la ciencia es su habilidad de cambiar de parecer. El punto débil de la religión es su incapacidad de cambiar de parecer. Mi propio punto de vista es que no se necesita un conflicto entre la religión y la ciencia si se reconoce que la religión no es casi una ciencia, sino que tiene más afinidad con el arte y la poesía.

Richard Holloway es el ex arzobispo anglicano de Edimburgo, y continúa siendo catedrático de Teología del Colegio Gresham en la Ciudad de Londres, así como además miembro de la Royal Society. Es el autor de un gran número de libros (23 y más) sobre religión y espiritualidad que incluyen Godless Morality [Moralidad sin Dios], Looking into the Distance [Mirando a lo lejos], y Doubts and Loves. What is left of Christianity? [Dudas y amores, ¿qué queda del cristianismo?].

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