El laberinto moral, segunda parte: la respuesta de Rocco Buttiglione.

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El catedrático Rocco Buttiglione, miembro del Parlamento Italiano (actualmente Ministro de Cultura en el gobierno saliente de Berlusconi), hizo noticia cuando en octubre de 2004 vio su candidatura para la posición de comisario europeo para la Justicia, la Libertad y la Seguridad bloqueada por el Parlamento Europeo debido a sus opiniones conservativas y católicas sobre la homosexualidad y el aborto.

En una entrevista con Three Monkeys Online que tocó los temas de la moralidad, la ética, y la política, Richard Holloway, el antiguo Arzobispo de Edimburgo, comentó lo siguiente acerca del “caso Buttiglione”: “Para empezar, no creo que deberían haberle permitido postularse. Existe en Europa una ética laica con respecto a las minorías raciales y sexuales, y cualquier funcionario público cuyas creencias personales se opongan a estos valores debería abstenerse de prestar servicios públicos”.

Retomando el recorrido por el laberinto moral, esta vez desde una perspectiva indudablemente diferente, Three Monkeys Online se puso en contacto con Rocco Buttiglione y le propuso una entrevista similar a la efectuada con Holloway. El Ministro Buttiglione aceptó la oferta amablemente, y extendió debidamente una invitación a Three Monkeys Online de la cual resultó la siguiente entrevista:

Una frase muy repetida entre los conservadores y los líderes religiosos es que la sociedad permisiva de las décadas de los sesenta y los setenta ha ocasionado la erosión de los “valores morales”, lo que ha conducido a una sociedad más violenta y menos cohesiva. ¿Opina que la sociedad de principios del siglo XXI es menos ética?

¿Menos ética? Qué pregunta difícil. La historia de Occidente ha tenido siempre que ver con la evangelización, o con la reacción contra la evangelización, y con la “reevangelización”. Algunos han intentado describirla como una historia de secularización que debe terminar en la muerte de la Cristiandad, pero esto no coincide con la realidad. Es difícil decir si es una sociedad menos ética. ¿Fue el pasado más cristiano? A veces quizás sí, pero otras, sin embargo, no.

¿Dónde nos encontramos ahora en términos de evangelización, reacción, y “reevangelización”?

No sé si habrá visto una película titulada Sophie Scholl . Es una hermosa película sobre un grupo de jóvenes católicos alemanes que formaban parte de una organización llamada The White Rose (“La Rosa Blanca”) para atestiguar su fe en la cara del Tercer Reich. Pagaron con sus vidas. ¿Era Europa, o Alemania, más cristiana en esos días? Me parece que no. Los cristianos de hoy en día, como mucho, deben renunciar su escaño en la Comisión Europea. Para un político esto es doloroso, pero es mucho mejor que que le corten la cabeza. Naturalmente ha habido periodos de distanciamiento del cristianismo, característicos de la primera mitad del siglo XX, pero luego de la segunda guerra mundial hubo una fase de recristianización que culminó en la década de los sesenta. Siguió una fase de secularización hedonística que continuó hasta aproximadamente los comienzos de la década de los ochenta. Considero que hemos entrado en una nueva fase de recristianización.

Si se acepta este ciclo, ¿están Europa y Estados Unidos al mismo nivel?

No, estamos atrasados con respecto a Estados Unidos, aproximadamente unos veinte años… como siempre. Este fenómeno de reevangelización comenzó a lo mejor antes que nosotros, en Estados Unidos porque… Mire, cuando yo tenía veinte años, en el 68, llegó la revolución sexual. ¿Cuál era el tema principal de la revolución sexual? Que ya no hacía más falta canalizar la sexualidad hacia el matrimonio y la familia, que la familia era un fenómeno histórico que había caracterizado ciertas fases de la historia de la humanidad, destinadas a desaparecer en un mundo que ya no las necesitaba. ¿Y las funciones de la familia? Ofrecer compañía, apoyo de por vida, tener hijos, educarlos, cuidar a los ancianos. De todo esto se encargarían las nuevas agencias emergentes. Se hablaba de la “comuna”, el lugar que se iba a encargar de todas estas cosas. Desgraciadamente no funcionó. Profanamos los valores tradicionales, pero los nuevos valores no progresaron. Y ahora la gente está comenzando a consagrar nuevamente los viejos valores, de una forma diferente a la del pasado, pero la tendencia es siempre a “reconsagrar” los valores tradicionales. Una “reconsagración” a veces explícita, a veces tímida, pero un hecho que se ha estado dando ya desde hace un par de años.

En el caso de Europa, tiene que tenerse en cuenta la caída del Comunismo, así como el hecho que en la lucha contra el Comunismo el motor fue la recuperación de las raíces cristianas en Europa. El Comunismo cayó sin necesidad de una guerra, y probablemente hubiera caído sin la ayuda del Papa Juan Pablo II, pero hubiera caído con una terrible guerra civil desde el Báltico hasta el Adriático, una Bosnia y Herzegovina multiplicada por diez, por cien, por mil, con cantidad de armas nucleares dispersas por todo el territorio. En vez de esto, cayó sin derramamiento de sangre. Juan Pablo II, por sobre todo, logró contener la gran cantidad de frustración y de odio que se había ido acumulando en esa región, a favor de una transición pacífica. Esto fue, sin duda, algo que cambió la historia europea.

En el caso de Estados Unidos, sin embargo, existió un momento decisivo. ¿Sabe dónde lo puede encontrar? En una película llamada Pretty Woman (“Mujer Bonita”), ¿la ha visto? La película parte del tema de la liberación sexual, por lo que la protagonista es una prostituta que se acuesta con un “cliente”, pero esto son sólo apariencias para honrar las tendencias prevalecientes, ya que el tema verdadero es el amor: cuando ella se enamora, no quiere que la traten como un objeto sexual. Quiere que la cortejen, tal como a una princesa. Y el hombre, cuando se enamora, descubre otra dimensión en su vida. Primero era un tiburón en el mundo de los negocios: compraba compañías, acciones, para disolverlas, para venderlas y sacar ganancias, llegando a despedir a los empleados, para hacer dinero. Cuando se enamora quiere construir algo, quiere que el negocio prospere, salvar a los empleados, y al final terminan formando una familia.

Si se mira más allá de las apariencias, ha habido un fuerte progreso que coincide con la vida real. Yo tenía veinte años en el 68. Treinta años más tarde, me encontré con un amigo que me dijo, “Ahora entiendo lo hermoso que es tener hijos” (yo tengo cuatro), “lamentablemente es demasiado tarde para mí”. Probablemente a los cincuenta quieras criar hijos, pero no veo a nadie comenzando una familia a esa edad.

Una pregunta con respecto a la ética y la legislación: ¿cómo se pue
de definir la relación entre ambos conceptos? ¿Deberían ser todas las leyes morales? ¿O se debería legislar cada valor moral?

Por supuesto que no. Si todos los actos inmorales fueran penalizados, quedaría menos gente caminando por la calle, estaríamos todos en la cárcel, yo mismo incluido. La consciencia moral es una cosa, y la ley es otra. Tenemos que saber diferenciar. Puedo pensar que esté equivocado, pero he de estar listo a dar mi vida para mantener su derecho a cometer errores. Lo que sí tengo, sin embargo, es el derecho de decir que está equivocado. En este principio se basa la sociedad liberal. Los curas tienen el derecho a decir que un pecado es un pecado. La gente laica tiene el derecho a definir cuándo un pecado es un pecado. Los pecadores deben tener el derecho a pecar, siempre y cuando no perjudique a terceros, que es cuando la justicia interviene. La justicia no menciona la moralidad de nuestro comportamiento, pero sí menciona la defensa de la parte perjudicada. Es una vieja distinción que sigue en pie, aunque hoy en día existe la tendencia a negar esta distinción. Mi caso en Bruselas es un ejemplo. Soy partidario de la no discriminación a los homosexuales, por ejemplo, pero mantengo (o al menos tengo el derecho a pensar así, sin aclarar si lo he pensado o no) que tengo el derecho a pensar en las mismas líneas que el catequismo de la Iglesia Católica, que la homosexualidad es inmoral. Tengo el derecho a pensarlo. En Bruselas no me interrogaron acerca de mi política: querían saber cuáles eran mis convicciones morales. Y me discriminaron por mis convicciones morales, que valga decir nada tienen que ver con la política, aparte del hecho que en asuntos relacionados con la familia, la Unión Europea no tiene ninguna competencia. Es una competencia del Estado, y así debe quedar.

Hemos mencionado que los “pecados” no son necesariamente ilegales si no perjudican a los demás. ¿Qué opina sobre la campaña efectuada en varios países europeos para crear nuevas leyes que reconozcan la unión civil (que incluya a los homosexuales)? Los defensores sostienen que la falta de reconocimiento legal de la unión homosexual es una denegación de un derecho civil.

¿Un derecho civil? No. El problema es la definición de matrimonio. No creo que el Estado tendría que meter su nariz en la vida sexual de los adultos, eso es opción propia. Por otra parte, pienso que la familia, la familia tradicional, cumple un rol social fundamental, porque es allí donde nacen niños, y la inversión en niños es la mayor inversión que un país puede hacer. Es una inversión que beneficia a todos. Los que no tienen niños tienen un ingreso disponible mayor que aquellos que tienen niños. Con el mismo ingreso, con el mismo salario, la persona soltera es casi rica, pero si tiene niños, es casi pobre. No es justo, porque los niños pagarán impuestos y harán contribuciones que irán a parar a las jubilaciones y el sistema de salud de aquellos que no han querido tener niños y que son por lo tanto más ricos. El problema que debe abordar Europa es el de cómo animar a la gente joven a casarse y tener hijos, porque de otra manera Europa morirá. La familia cumple una función social y por lo tanto debería ser sustentada. Cualquier otra forma de unión sexual es un asunto privado: puede acudir a un abogado, si lo desea, para preparar un contrato con esta otra persona.

Pero hay personas que se casan y no tienen hijos. Estar casado tiene muchas ventajas.

Posiblemente. La legislación, y de hecho la política deberían graduar las ventajas a favor de aquellos que tienen niños y conceder menos a aquellos que no tienen niños. En principio, sin embargo, si me caso es porque me estoy preparando a tener hijos. Este es el propósito del matrimonio, incluso en su sentido etimológico. Intentaron discutir esto conmigo también, pero yo no me inventé la etimología. Quiere decir “el contexto que ayuda a sustentar a la madre” (matris manus en latín) y el matrimonio cumple esta función. Es cierto que en ciertos casos no hay hijos, y en estos casos la ley no debería conceder beneficios, pero existe una estabilidad prevista para traer niños al mundo. Tiempo atrás el problema de Europa era la clase trabajadora: Kart Marx escribió al respecto en el “Manifesto Comunista”, pero el Papa León XIII también lo mencionó en su encíclica De Rerum Novarum. Hoy en día quedan pocos trabajadores manuales, y los que quedan no están mal. Pero con respecto a las familias, si Ud. investiga el tema de la pobreza, la encontrará, a menudo, en la familia. ¿Por qué? Porque la familia hace esta gran inversión, que beneficia a todos, pero para la que nadie contribuye. Tenemos que dirigir el centro de la atención a la familia, y tomar decisiones políticas que sustenten a la familia. Me da la impresión que se hace mucho hincapié en temas como la unión homosexual para distraer la atención de donde debería estar: concentrada en la familia.

Slavoj Žižek ha escrito que “en el periodo pospolítica, en el cual la política verdadera se ha visto progresivamente sustituida por una administración social especializada, las tensiones culturales (religiosas) o naturales (étnicas) son la única fuente legítima de conflicto que queda”. ¿Qué opina al respecto? ¿La política de hoy está más basada en valores que en programas?

Bueno, la política siempre se basa primero en valores, porque los programas provienen de los valores. La política se basa en la claridad de los valores. Uno necesita saber cuál es la jerarquía de valores de la cual uno se inspira, y en una sociedad democrática esto es un continuo debate. En este debate a veces se gana y a veces se pierde. Y si se pierde, ¿qué se hace? Se espera al momento propicio, porque de esto se trata la democracia. Noto, sin embargo, un tipo de globalidad anticristiana que sostiene que “los cristianos no deberían participar en este debate”, en cualquier cosa que se esté discutiendo porque “dado que eres cristiano, no puede participar en ninguna discusión libre”. ¡No es cierto! No es que sostengamos que las maneras prescritas por la Biblia sean las únicas. Sostenemos, presentando argumentos racionales, humanos, que tenemos el derecho de ser tomados en cuenta tanto como todos los demás. Y que la gente, cuando se presenta la oportunidad, decide.

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