Chuck Palahnuik : El arte de la tergiversación

Ver cómo funcionan los humanos forma parte de la idea detrás de Haunted, un libro donde se amontona a un grupo de escritores para que sufran, y para que crean que su sufrimiento puede convertirse en fama. Los críticos lo han catalogado rápidamente de golpe satírico, al mejor estilo cultural de los reality show predominante en la televisión durante los últimos años. «Nunca tuve la intención de que Haunted fuera una parodia de esta clase de emisiones televisivas», rebate Palahniuk, «el último show de ese tipo que miré fue An American Family en la década de los setenta. Desde 1990 no tengo más televisión en casa. Haunted va más sobre la manera que tiene la gente de crear su identidad de circunstancias externas, mientras que se niega a generarla por voluntad e intenciones propias. La gente parece más dispuesta a refunfuñar sobre su sufrimiento que a crear un mundo libre de ese sufrimiento. Pareciera que a la gente le encanta el drama y el conflicto, pero que no quiere admitirlo. Nos encanta cuando pasan cosas horribles, o más precisamente… cuando provocamos situaciones horribles. Y después nos encanta quejarnos al respecto. Y encima queremos que nos paguen por quejarnos. Todo el mundo es crítico,
pero menos personas se toman el trabajo de crear algo. Podemos decir que eso está mal, pero nadie mueve un dedo por solucionar nada».

En Diary, la narradora, una pintora fracasada, le escribe a su esposo, que está en coma. Eso, obviamente, es una manera simplista de decirlo: el esposo ha por ejemplo intentado suicidarse, y ha dejado atrás numerosos problemas, mientras que su mujer contempla la vida que podría haber tenido sin él. Existe un argumento que dice que Diary es autobiográfico, que describe la esencia del artista y el dolor que atormenta a la gente creativa. ¿Es verdad que el arte, ya sea la literatura, la pintura, o la música, nace del sufrimiento? ¿Puede la gente feliz ser artista? «Mi manera de escribir me obliga a explorar y agotar las cuestiones personales, ocultas dentro de la historia», responde Palahniuk, francamente. «Desde que comencé, con ninguna promesa de dinero o atención, necesité algún tipo de recompensa por el esfuerzo de escribir. Tenía que pasármela bien. Y tenía asimismo que procesar y resolver algún problema. Todavía trabajo de esa manera, por lo que comienzo cada libro a raíz de un problema, algún tema personal que no puedo resolver y tampoco tolerar. Una enfermedad o una lesión o alguna relación fracasada o alguna desilución o fallecimiento. Enmascarándolo con alguna metáfora, puedo investigar y escribir y estar con la gente, siempre explorando y agotando mi reacción emocional con respecto al trastorno. Las personas felices no necesitan este tipo de terapia. A un nivel físico básico, la enfermedad o la lesión o la crisis nerviosa te dejan sentado en una silla el tiempo suficiente como para crear algo. Estar incapacitado te autoriza a aprender la aptitud que necesitas para hacer tus ideas realidad. La gente sana y feliz (o la gente de Zoloft) no tiene tiempo, está todo el día corriendo como para molestarse en aprender a pintar».

Su obra será negra, pero se atreve a ser creativo, y a apuntar alto. Con Guts, por ejemplo, la historia hace temblar las rodillas y revela que su «objetivo era escribir un tipo de historia de horror que cambiara el concepto del género, tal como la historia de Shirley Jackson The Lottery («La lotería»). Cuando la clásica historia de Jackson se publicó por vez primera en el periódico The New Yorker en la década de los cincuenta, cientos de lectores anularon su suscripción a la publicación. Claro que los lectores primero reaccionaron choqueados. Años después, la gente puede ver las metáforas. Con Guts, la gente primero se ríe. Luego, cuando se dan cuenta a qué va la historia, se retuercen de miedo. Y luego (a veces), se desmayan. En última instancia, la historia los autoriza a explorar y expresar sus propias historias de horror más secretas. Ahora, luego de cada lectura, encuentro una docena de gente ansiosa de contarme historias mucho más siniestras y más angustiantes que Guts«.

Las agallas combinan tres historias reales que habían llegado a los oídos de Palahniuk (que lo obligaron a rezar durante años, afirma, antes de subirse a un avión, «Por favor Dios, no estrelles este avión, porque soy el único de Tus Hijos que conoce todas de estas tres grandes historias…»). La masturbación, en una variedad de formas, y la mutilación física constituyen el corazón de la historia. Es asquerosa (hay que dejar los remilgos de lado y leerla), ciertamente, aunque cuando la leí no me desmayé. Y más que horror al final, me quedé con una curiosa sensación de tristeza y empatía. Empatía por un personaje que había hecho algo que yo no querría nunca hacer. «Según las cartas que recibo», responde Chuck, confirmando que no soy el único, «muchos lectores encuentran la historia lo más divertido y los más triste que jamás hayan leído. El final es increíblemente desgarrador, cuando el padre llama al hijo «el perro de la familia». Es la misma tristeza que logra Jackson cuando los niños de The Lottery («La lotería») ayudan a apedrear a su madre a muerte».

Este año Stephen King causó un escándalo en el mundo literario estadounidense porque (a) la American National Book Foundation lo galardonó con la Medal for Distinguished Contribution to American Letters («Medalla por contribuición distinguida a las Letras de EE.UU.»), y (b) sugirió la existencia de cierto elitismo a la hora en que los críticos dividen el trabajo entre ficción popular y ficción literaria (preguntó: «¿Se consiguen puntos social-académicos extra por no estar al día con la cultura propia a propósito?). La respuesta de Palahniuk a la controversia brinda un buen punto para finalizar esta entrevista como cualquier otro. Nuevamente reitera el hecho que las historias, para este autor estadounidense, son mucho más que sangre y agallas: «Estoy lejos de juzgar la literatura de los demás. La mayor parte de lo «literario» me aburre como una ostra. Pero dame un buen «relato» y estaré más contento que perro con dos colas. King es un buen narrador, y su éxito es la prueba. Consideremos que las historias tienen diferentes propósitos. Algunos buscan consuelo. Algunos buscan confrontación. Algunos quieren que la historia sea apasionante, pero algunos la prefieren con un efecto calmante. Personalmente busco el horror y el placer, y quizás un poco de trauma. Cuando leo, cuando dedico todo ese tiempo y esfuerzo, quiero que la historia me cambie, me transforme. Y cuando trabajo en una historia, pretendo ser una persona en gran parte diferente para cuando escriba «fin». Lo que se espera de una historia es probablemente lo que se espera de la vida».

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