¿Adivina lo que hay para cenar? Una entrevista con Marsha Mehran, autora de Pomegranate Soup

Nueva York, Londres y París: receptáculos cosmopolitas de nacionalidades y personalidades, quizás las ciudades sobre este planeta que más se acercan a la idea colectiva de “crisol de culturas diversas”. Han llegado a serlo gracias a toda la gente que ha llegado y sigue llegando desde otras partes, y porque esta gente se mezcla, se casa y tiene hijos, se alimentan entre ellos con sus respectivas tradiciones, mantienen algo de su carácter original a la vez que se convierten, para todos los propósitos, en estadounidenses, británicos o franceses.

La escritora Marsha Mehran, nacida en Teherán de padres iraníes, está orgullosa y feliz de vivir en Brooklyn, Nueva York, donde luego de un peregrinaje relativamente rápido y aventurero alrededor del mundo (literalmente), decidió sentar cabeza. En 1979, en vísperas de la revolución islámica iraní, sus padres decidieron escapar del país y acabaron en Argentina. Irse a vivir a un país bajo una dictadura militar en plena guerra sucia durante la cual se estima que “desaparecieron” treinta mil disidentes parecerá a muchos una manera extrema de esquivar el fundamentalismo islámico, y aún así parece haber sido una buena elección para los Mehran, quienes abrieron un popular café medio-oriental en Buenos Aires. Tan pronto como se destituyó a los “Generales”, los Mehran se fueron, esta vez a Estados Unidos y se establecieron en Miami por un tiempo. Marsha, todavía una niña en esta etapa, se reajustó a un cambio de hábitos otra vez, sin ningún trauma considerable, hasta su adolescencia, cuando sus padres se separaron y ella acabó en Australia con su madre.

Aquí nunca se sintió completamente a gusto (“Todo lo que sabía era que este lugar blanco, de cultura homogénea, con sus salchichas chisporroteantes y su cerveza sin gas, no era lo mío”, escribió en la publicación neoyorkina The New York Times Magazine), y en la primera oportunidad se regresó a EE.UU., Nueva York esta vez, donde encontró trabajo y amor, pero no todavía un hogar. Casada con un irlandés, se volvió a mudar a fines de la década de los noventa, y vivió por un tiempo en la isla esmeralda. “Ahora he regresado a Brooklyn. En verdad si existe algún lugar en el mundo que encarne los lugares que he conocido es este distrito. Si bien la pequeña aldea de Ballinacroagh [escenario de su primera novela: Pomegranate Soup, “Sopa de Granada”] pareciera apartada del resto del mundo, resulta ser bastante multicultural: hay un marionetero alemán y un fabricante de juguetes sexuales de Holanda, un filósofo búlgaro y una corista portuguesa… No era mi intención, sólo un reflejo de mí misma, de los lugares donde he estado (o de las sustancias ilícitas que he consumido… je, je…)” le confiesa a Three Monkeys Online al final de la entrevista, la que toca lugares y personajes de su primera novela, así como también los temas actuales y más amplios del multiculturalismo, los escritores de medio oriente y de la pujante economía irlandesa.

Marsha no caminaba aún cuando sus padres emigraron, y no ha regresado nunca a Irán, por lo que todo lo que ha aprendido sobre su país de origen fue filtrado por su familia y/o los medios de comunicación. Lo que nunca faltó, de todas formas, en cada casa donde vivió fueron los aromas y sabores de los fragantes platos iraníes que sus padres primero cocinaban y luego le enseñaron a preparar. Es inevitable que su primera novela sea un libro lleno de viajes, culturas y recetas, escritas con un estilo interesante y con un buen sentido del humor. Pomegranate Soup es la historia de tres jóvenes hermanas que dejan Irán y abren un pequeño restaurante en County Mayo, en la atractiva y escarpada costa occidental de Irlanda. El libro se publicó hace unos meses y ya encabeza la lista de los libros mejor vendidos en muchos países europeos (“Las librerías de County Mayo están empapeladas con las tapas de este libro”, me informaron amistades de Westport), y se lanzó en EE.UU. a principios de este mes [septiembre].

¡Pero menos charla! Three Monkeys Online publica una reseña completa en la sección de Críticas Literarias (en inglés) e invita a disfrutar del intercambio de correo electrónico, publicado a continuación, con esta joven y prometedora escritora que detesta las etiquetas y las ideas falsas.

Uno de los puntos fuertes de la novela es cómo captas el dialecto irlandés, ¿por cuánto tiempo has vivido en Irlanda y cómo conseguiste captar el estilo irlandés tan bien?

La primera vez que viví en Irlanda fue en 1999-2000; la segunda vez (2004-05) viví en el oeste, donde he ambientado la historia, por casi 18 meses. Las inflexiones irlandesas son muy dominantes: cada vez que viví en Irlanda se me pegó el “acento irlandés” tan particular. Y créeme, terminé hablando con un acento muy raro. Respecto a la autenticidad de los dialectos irlandeses en Pomegranate Soup, todo lo que puedo decir es que no me di cuenta de esto mientras escribía; me limité a tomar nota de los ritmos que había oído en las calles de Mayo. Te recuerdo además que viví ocho años con un irlandés: ¡no hay escapatoria de este particular patrón del habla!

Irlanda ha cambiado un montón en los últimos 15 años, ¿piensas que podrías haber escrito un libro así en 1986 [año en el cual está ambientada la novela]? ¿Cómo piensas que habría sido la acogida entonces (quizás la Irlanda en vísperas del boom económico, antes de que naciera el “Tigre Celta”, lo hubiera catalogado de “ciencia ficción”)?

A lo largo de la novela se dan a conocer partes del Tigre Celta con delicada intimidad, quizás expresado por medio de personajes como Tom Junior y Padraig Carey, pero en conjunto creo que esta novela está firmemente ambientada en la década de los ochenta. Me imagino que ciertos elementos, tales como el concepto de la inmigración a Irlanda podrían haberle caído a los irlandeses de entonces como extravagantes, o como dicen en Mayo, bollocks (“tonterías”).

Desde programas de televisión de cocina hasta novelas como “Chocolate” y de hecho Pomegranate Soup, la comida y la cocina se están imponiendo cada vez más como parte de nuestra cultura: incluso en Irlanda, un lugar donde la aventura culinaria brilla notoriamente por su ausencia. ¿A qué piensas que se debe esto, y qué opinas de la categoría de Food Lit (“Literatura Gastronómica”)?

Aborrezco la tendencia actual en el mundo editorial de acortar nombres y agrupar libros bajo la denominación Lit: chick-lit (“literatura para chicas”), gossip-lit (“literatura de cotilleo”), etc. En mi opinión esto infravalora a una historia. Bite-sized (“de tamaño de un bocado”, “muestra”) o sound-bites (“entrevista” o “comentario”)… qué horror.

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