Un rojo perfecto: la historia de la cochinilla

“Dos siglos atrás nadie se hubiera imaginado que algo de tanto valor como la cochinilla, considerada junto al oro y la plata como uno de los grandes tesoros del Imperio Español caería en el olvido”, explica la historiadora Amy Butler Greenfield, autora de A Perfect Red (“Un Rojo Perfecto”). Para los principiantes: la cochinilla es un pequeño insecto que cuando se seca y se pulveriza genera un tinte que produce un color rojo profundo y duradero. Mientras investigaba la introducción del chocolate en Europa con la idea de que éste fuera el tema de la tesis para su maestría, Greenfield notó las constantes referencia a la “grana” y la “grana cochinilla” en documentos guardados en los Archivos de las Indias en Sevilla, lo que despertó su curiosidad. Resultó que una de las importaciones más importantes de España provenientes del Nuevo Mundo había sido un tinte rojo.

Esta información hizo que Greenfield, años más tarde, investigara la historia de la cochinilla, y las razones por las cuales la tintura roja cobraría tanta importancia en la Europa pre industrial.

Uno de los puntos de partida es el color rojo de por sí: la humanidad ha tradicionalmente tenido una relación especial con este color en particular. Según la misma Greenfield, “Los antropólogos Brent Berlin y Paul Kay han demostrado que los primeros términos que las culturas desarrollan con respecto a los colores distinguen entre lo claro y lo oscuro. Si un idioma se ha desarrollado hasta el punto de incluir tres vocablos que describan colores, casi siempre la tercera palabra se referirá al color rojo. Términos para especificar otros colores se desarrollan sólo más tarde, luego que la palabra para rojo se haya establecido. Es interesante que Berlin y Kay señalen que no es poco común que el vocablo “rojo” esté relacionado con la palabra para la sangre. Citan ejemplos de sociedades aborígenes donde la misma palabra sirve para expresar ambos conceptos”.

La importancia del rojo en el Medioevo iba más allá de una afinidad natural por este color; se valoraba además porque era relativamente raro. Los tintoreros medievales, que estaban bien entrenados y eran muy especializados, eran capaces de producir muchos colores ricos, pero el rojo resultaba sumamente difícil de producir, al menos en forma duradera. Las raíces vegetales de chapi chapi que se utilizaban para producir madder, un mordiente rojo, eran conocidas desde la antigüedad pero el tinte era susceptible a ligeros cambios en alcalinidad y temperatura. Los colorantes con base animal o vegetal tales como la coscoja, el hipérico (hierba de San Juan) y el porphyraphor (rojo armenio) eran altamente apreciados pero difíciles de obtener (según los documentos presentados por Greenfield, teñir telas de rojo intenso en una tintorería medieval en Florencia hubiera costado diez veces más que teñirlas de azul cielo). Como resultado, las vestimentas rojas eran caras y por lo tanto representaban un importante símbolo de estatus.

A Perfect Red contiene muestras culturales fascinantes, todas acerca de este especial color. Por ejemplo, ¿quién hubiera pensado que era común pintar las representaciones de la Virgen María vestidas de rojo? “Muchos asocian a la Madonna con los colores azul o blanco” afirma la historiadora, “pero en las pinturas del Renacimiento se la muestra con frecuencia en vestimentas rojas, o bien una combinación de rojo y azul. Existen buenas razones para esto: a pesar de que el rojo tenía cierta conexión con la idea de pecado, estaba aún más fuertemente asociado con la Iglesia y con Dios. Era el color de la zarza ardiente, del Fuego de Pentecostés, de la sangre de Jesucristo y los santos mártires, sin olvidarse del emblema de la Iglesia misma. Constituía además un color asociado con la alta sociedad: quien se vistiera de rojo era una persona de mucho poderío, que merecía gran respeto”. (Al parecer, “esta práctica cayó en desuso en parte como resultado de tendencias artísticas durante el periodo Barroco. En el siglo XIX, cuando el Papa declaró que el color oficial de la Virgen María era el blanco, el color rojo había dejado de ser favorecido y estaba probablemente más asociado con el pecado que con lo celestial”).

El descubrimiento de América por la Corona española abrió un nuevo mundo con varias riquezas desconocidas en la Europa de aquel momento. Una de tales riquezas era la cochinilla, el pequeño insecto que abundaba en ciertos tipos de cactus que crecían en México (en particular en la región de Oaxaca). La cochinilla tenía un número de ventajas por sobre los colorantes utilizados en la Europa de aquella época: debido a su composición química, producía un rojo tanto más oscuro como más duradero, resultaba más fácil de producir, incluso si esto tenía que ser en México. Para la década de los 1570, la industria textil europea se había transformado y había pasado a depender en gran parte del uso de la cochinilla, aportando al trono español muy necesitadas por ganancias.

Greenfield es la persona indicada para describir el proceso de introducción de la cochinilla habiendo, como mencionado anteriormente, estudiado la introducción de otra materia prima proveniente del Nuevo Mundo: el cacao. “El chocolate tuvo un comienzo difícil en Europa. Antes de que los europeos aceptaran la bebida hubo de pasar un siglo entero, y lo que los convenció fue tanto el azúcar que le agregaban a la bebida como el cacao mismo. Pero una vez que el chocolate cobrara popularidad, los colonos españoles en las Américas no tuvieron dificultades en cultivar el cacao a la usanza colonial: grandes plantaciones, con labor de peones y esclavos” explica. Mientras “lo contrario se aplicaba a la cochinilla: los europeos habían valorado las tinturas rojas durante siglos, y por lo tanto apreciaron de sobremanera a la cochinilla desde el comienzo. Pero cuando los colonos españoles intentaron producir cochinilla en plantaciones, fracasaron una y otra vez. En vez de esto, se vieron forzados a depender de las poblaciones indígenas de Méjico para obtener su provisión de tintura. Esto brindó a los productores de cochinilla indígenas cierto grado de control contra los peores abusos del gobierno colonial”.

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