El gato negro que pasó bajo la escalera el martes 13: un vistazo histórico a las supersticiones

Por Berit Haugen Keyes

Traducido por: Abigail Schteinman
¿Contaste las urracas camino al trabajo hoy a la mañana? ¿Te da miedo pasar por debajo de una escalera? Si la respuesta es “sí”, algunos dirán que eres supersticioso/a. Esta es, sin embargo, una afirmación con la cual los expertos estén probablemente poco de acuerdo. Steve Roud, un folklorista que ha sacado un libro al respecto, sostiene que hoy en día sólo fingimos ser supersticiosos.

“Aunque todavía tocamos madera, consultamos el horóscopo y a lo mejor aún llevamos amuletos de la suerte, todas estas cosas constituyen sólo una burda imitación de cómo las supersticiones dominaban la vida de la gente. Creo que por lo general, las supersticiones han perdido su fuerza y en la actualidad sólo pretendemos ser supersticiosos”.

Pero todavía es bastante común oír a la gente hablar sobre “no tentar a la suerte” o pedir “deséame buena suerte”, ¿no es eso una prueba de que las creencias irracionales están sanas y salvas?

“Un montón de supersticiones se han integrado en parte del lenguaje que usamos, aunque la mayoría son sólo eso: refranes tradicionales. Es decir, si hace cien años una vaca se enfermaba, es posible que intentáramos arreglar la situación agrediendo al vecino con un alfiler. Existía la creencia generalizada de que los accidentes y las enfermedades estaban causados por maldiciones, y la cura consistía en sacar sangre para romper el hechizo. Por suerte hoy en día es más probable que llamemos al veterinario. No importa cuán mal pueda irnos, pocos pensarían que la causa es la maldad del vecino o los hechizos de una bruja”.

Roud está deseoso de disipar algunos mitos sobre las supersticiones, afortunadamente sin recurrir a ninguna clase de práctica extraña o violenta. Se basa en investigación histórica, el resultado de años de búsqueda de ejemplos de supersticiones en cada fuente imaginable: libros, periódicos, obras de teatro, como también prestar atención a las conversaciones de la gente en los autobuses, en los locales comerciales y en los parques. Esto conforma la base del libro A Pocket Guide to Superstitions of the British Isles [“Guía de Bolsillo de las Supersticiones de las Islas Británicas”], que es como una biblioteca de referencia, hecha para hojear. Roud se pronuncia de manera bien fundada sobre los orígenes, desarrollo y popularidad de las creencias.

Una de las primeras cosas que demuestra esta investigación, según Roud, es exactamente el argumento de cuan menos supersticiosos nos hemos vuelto como sociedad en comparación con cien, incluso cincuenta años atrás. Lo que es mucho más sorprendente, nos muestra además que las creencias más comúnmente populares son de origen bastante reciente. Ninguna de las diez supersticiones que encabezan la lista (en términos de las mejor conocidas) puede trazarse más allá del 1800, lo que quiere decir que han sido inventadas en los últimos 200 años.

“Creo que existe la idea, promocionada por los medios de comunicación, que todas estas supersticiones han sobrevivido desde los tiempos de los antiguos rituales de la fertilidad o sacrificios precristianos, ¡1200 años antes de que nadie, en ningún lugar, pudiera tomar nota de todo ello! Me parece un poco rebuscado pensar que si habían existido todo ese tiempo, nadie se había dado cuenta. El hecho es que la mayor parte de las supersticiones que conocemos son invenciones victorianas [fines del siglo XIX – principios del siglo XX]. El martes 13 es un buen ejemplo por ser una de las supersticiones más conocidas, y pensábamos que era de gran antigüedad. La noción de que el 13 es un número de mal agüero, de todas formas, no se remonta más allá de 1852. Desde el siglo XVII en adelante, no existe escasez de material fechado como almanaques y calendarios, y ninguno de estos señalaban el martes 13 en particular. Los dramaturgos en los siglos XVI y XVII produjeron tragedias llenas de augurios: los perros aullaban, los búhos chillaban y los cometas predecían desastres; aún así no hay ninguna tragedia que incluyera el elemento del martes 13”.

¿Existe alguna superstición antigua que haya sobrevivido?

“La idea de que un estornudo deba ser correspondido por un saludo de gente en la cercanía es tanto antigua como prácticamente universal. Se conoce a lo ancho de toda Europa y posiblemente a través de todo el mundo. Resulta interesante que los antiguos griegos no solamente respondieran a un estornudo sino además se preguntaran el origen de este extraño hábito. Plinio se preguntaba ya en el 77AD, “¿por qué le decimos “salud” a aquellos que estornudan?”.

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