
“Dijo que la producción de Laberinto y El Cristal Oscuro, películas producidas por la familia Henson durante la década de los ochenta, habían costado unos cuarenta millones de dólares, pero que no tenían cuarenta millones de dólares, y quería saber si podíamos hacer una por cuatro millones de dólares”, el escritor de fantasía inglés continúa, sin mover un músculo del rostro. “Agregó que sabía bien que no podía permitirse pagarme tanto por escribirla, por lo que quizás podía yo idear la trama y ella conseguiría a alguien más para que produjera el guión. Yo le dije que si Dave McKean consentía en dirigirla, yo me comprometería a escribir el guión y que no mencionaríamos más el tema del dinero. Y resultó ser que Dave aceptó dirigirla, y así comenzamos un intercambio de correo electrónico sobre lo que queríamos hacer en una película infantil. Dave tenía en mente hacer algo sobre una muchacha camino a una ciudad con dos mundos: el de la Oscuridad y el de la Luz. Yo por mi parte tenía la idea de una muchacha algo así como dividida en dos: dos muchachas que se sustituían la una a la otra, y entonces”, concluye con una pausa dramática, “Dave fue y produjo la película con cuatro millones de dólares”.

MirrorMask aparenta ser una película infantil. “Aparenta”, porque poner juntos a Gaiman y McKean, quienes han colaborado en una cantidad increíble de proyectos de libros y novelas gráficas anteriormente (incluyendo la premiada serie Sandman), es equivalente a producir algo que probablemente sea difícil de clasificar. James Greenberg, periodista del Hollywood Reporter, comentó que “si se volviera a producir El Mago de Oz en el siglo XXI, se parecería mucho a MirrorMask”. La comparación con El Mago de Oz resulta interesante, porque MirrorMask” relata la historia de una joven muchacha transportada a un extraño mundo de fantasía, lleno de posibilidad, peligro y misterio. “Creo que Alicia y Dorothy son una comparación válida”, asiente Gaiman cuando Three Monkeys Online sugiere que existen paralelos entre Helena, la protagonista de la película, y las heroínas de Alicia en el País de las Maravillas y El Mago de Oz. ¿Dónde reside el atractivo de crear un personaje principal que sea una joven muchacha que entra en un mundo de fantasía? “Hay algo verdaderamente interesante en lo que respecta tener a una muchacha como la base de la historia, y esto es la transición de niña a joven mujer adulta. Es más difícil de detectar esto en los muchachos, ya que es un proceso mucho más gradual. Lo bueno con algo como La Máscara del Espejo es que hemos podido tratar uno de los grandes temas que queríamos abordar: la transformación. ¿Cómo se deja de ser niña para convertirse en joven mujer? ¿Se puede dejar de ser niña, o se puede parar la transformación? ¿Qué significado tiene?
Pero regresemos al aspecto técnico de la película. Los espectaculares efectos visuales podrían hacer creer que la película contó con un enorme presupuesto. No es el caso, tal como lo ha ya mencionado Gaiman. ¿Cómo se produce una película de USD 40 millones con un presupuesto de USD 4 millones? “Primero y principal se hacen dos semanas de rodaje en vivo, sobre todo lo que ocurre en ´nuestro´ mundo. Luego se pasa a un estudio con una pantalla azul, donde todas las paredes están pintadas de azul, y donde los actores trabajan durante seis semanas, actuando con la pared azul de fondo. Al concluir esto, Dave McKean va a una sala grande con quince jóvenes, animadores técnicos de profesión y recién recibidos (conste que ésta no era sólo su primera película, sino que además su primer trabajo). Se pasan los siguientes 18 meses produciendo la película. Progresivamente, a medida que se van agotando los fondos, se va dejando ir a los animadores, hasta que se llega a cuatro personas trabajando en la sala. Luego quedan dos, y luego queda sólo Dave McKean. Cada vez que lo llamaba a Dave durante estos 18 meses, se mostraba convencido que en cierto momento algo iría mal y que cancelarían la película al día siguiente. Por lo que cada vez que le llamaba y le preguntaba ´Hola Dave, ¿qué tal todo?´, gruñía como Lurch en La Familia Adams: uuuuurgh. De alguna forma u otra sobrevivimos y terminamos la película”.
Existe una sensación muy real de que esta película es el resultado único del trabajo en equipo McKean-Gaiman, un presupuesto que se reducía (“La economía no es una prioridad en la agenda de Bush”, se ríe Gaiman, “por lo que cuatro millones de dólares equivalían a dos millones y medio de libras esterlinas cuando comenzamos, que se hicieron dos millones cuando acabamos: un 20% menos de nuestro presupuesto”) y la tecnología. Reducirla a simplemente efectos especiales sería un error: “Lo que me hizo más ilusión fue ver cómo Dave creaba su propio mundo”, continúa Gaiman, “lo hace tanto con lo que se rueda en vivo como con el trabajo animado. La escena inicial en este pequeño circo de familia se ve exactamente como el pequeño circo de familia imaginado por Dave McKean. No se le parece a nada que haya visto fuera de su trabajo, y lo produjo con casi nada de dinero. Mientras escribía pensaba una y otra vez que sólo Dave sabía realmente lo que se podía producir con el presupuesto y lo que no. Yo no tenía idea, porque yo soy de la escuela de escritores de guiones cinematográficos que enseña que hacer algo normal es barato, pero en el momento que se decida utilizar efectos especiales, el asunto se encarece. Si yo le dijera a Dave ´Filmemos una escena en un aula de clase´, él me respondería con ´Cuesta demasiado´. ¿Por qué? Porque hay que alquilar un aula de clase, conseguir niños, asistentes escolares, una maestra (o maestro), reservar un día para el rodaje, y todo eso. Me vería la cara y diría ´¿Sabes qué, podemos arrugar el Mundo y convertirlo en una flor, y eso no te costaría nada!´”.

Cuando McKean habla sobre la producción de la película suena como un hombre que ha sobrevivido la tormenta. “Diría que más que nada he aprendido sobre mis propios puntos fuertes y débiles. Tiendo a enamorarme de la pureza de una solución formal a un problema, y luego me enceguezco a sus posibles defectos; cualquier cambio mínimo me hace sentir como que están atenuando la idea. Creo que esto trajo consigo varios problemas en la película, y de ahora en más quiero intentar evitar la estrechez de miras, aunque posiblemente sin esta estrechez de miras la película no hubiera resultado en la forma particular en la cual ha emergido”. “Presentamos la película en el Festival de Cinematografía de Sundance, donde la aceptaron como una película independiente, aunque hubiera estado financiada por Sony, sólo por el hecho de estar producida por Dave”, comenta Gaiman, el socio de McKean, casi a la defensa del apasionado director de cine. “No hubo comité, ni reuniones grupales alrededor de una mesa con gente haciendo sugerencias como ´Creo que deberías filmar…´. No fue nunca el caso. No contábamos con los fondos para eso. Es de verdad una película independiente, casi diría hecha a mano”.
Luego de trabajar tan arduamente en la película y por tanto tiempo, uno puede perdonarle a McKean por sonar agotado. Quizás incluso más que al concluir una película “normal” respaldada por grandes equipos de producción y posproducción. Al principio McKean no se sentía cómodo con la producción porque no sabía bien si había logrado la película que él, Gaiman y los productores habían querido. La reacción del público es lo que consigue tranquilizar a cualquier cineasta. “Una vez que Dave hubiera visto al público ver la película por vez primera”, sonríe Gaiman, “un público compuesto por adolescentes de quince años que aplaudían y se reían con las bromas, bien al final cuando los escuchó aplaudir y hacer ovaciones, y una muchacha sentada adelante nuestro se dio vuelta y le dijo a su amiga ´Viste, eso es lo mejor que he visto en mi vida´, en ese momento Dave comenzó a animarse [Risas]´”.

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