L Edifici Laquibianha sido publicado en Egipto, tras miles de dificultades, un año después del 11 de septiembre del 2001. Desde entonces es el libro más vendido en el mundo árabe solamente precedido por el Corán. Con los tonos agridulces de la comedia, su autor Ala-Al-Aswani (que ha tenido durante años su ambulatorio de dentista en el verdadero Yacoubian del Cairo) narra las microhistorias de los habitantes de este vivísimo edificio que, en lo referente a los inquilinos, las peleas, los gritos, las insignificancias de cada día, recuerda a cualquier vecindario del Sur de Italia: tenemos a la joven hermosa y exitosa obligada a aguantar los toquiteos de su jefe para mantener el puesto de dependienta; su prometido que sueña con un futuro puesto de trabajo en el cuerpo de policía, el cual se le niega por ser hijo de un miserable portero, y que de joven pacífico pasa a convertirse en un verdadero camicace; tenemos al viejo traficante que compra su lugar en la política y al periodista gay protagonista de una trágica historia de amor…
El espíritu observador del entomólogo y su habilidad para entrelazar destino y personajes, han asegurado al autor la definición (con la que estamos de acuerdo) del “Robert Altman en salsa medioriental”, pero habiendo conocido a Aswani con ocasión de un acto público, la sensación que da es de que, más que honores literarios o reconocimientos de estilo, su Palazzo Yacoubian quiera despertar una atención política sobre el mundo musulmán, parece que quiera que el libro sea leído como un documental ni siquiera demasiado novelado, acerca de la insostenible situación egipcia en concreto y árabe en general. He aquí las declaraciones de Aswani al respecto, y el intercambio de bromas con las cuales hemos intentado entender mejor un mundo tan lejano para nosotros, pero a fin de cuentas, tan cercano al mismo tiempo.
“He escrito este libro también para tratar el tema de la religión. En Egipto están presentes las tres más grandes religiones monoteístas, el islamismo, el cristianismo y el judaísmo, pero el problema no es la religión en sí sino la interpretación que se da de la misma. Como quizás ya sepáis, el islamismo nació en el desierto pero después evolucionó y prosperó en los grandes lugares civilizados: en Irán, en Iraq y en el Medio Oriente. La realidad de Egipto está fundada sobre dos elementos extremadamente negativos: la dictadura y, por consiguiente, la pobreza de millones de personas. Muchos egipcios se han visto obligados a emigrar a Arabia Saudita para buscar trabajo y una fuente de ingresos; allí entraron en contacto con una realidad muy rica pero también empapada de wahabismo, que es una de las interpretaciones más intolerantes del islamismo. Esto trajo consecuencias negativas para todo Egipto.”
Habla de dictadura sin comillas.
El señor Mubarak gobierna y manda en Egipto desde hace treinta años con una serie de elecciones falsamente democráticas, y ahora está intentando colocar al hijo en una situación de poder. No hay otra manera de describir este régimen sino llamarlo dictadura.
Desde hace 14 años hay una ley en Egipto que dice algo así como: “Tú puedes decir todo lo que quieras, nosotros hacemos todo lo que nos apetezca”. Por un lado puede ser positiva, pero en realidad es sólo una declaración de fachada para el régimen, una libertad de expresión pasiva. En un país democrático, la libertad de expresión debería producir resultados políticos, a una denuncia debería de seguirle una investigación y a la investigación, una cuantas dimisiones. En lugar de esto, en Egipto no sucede nunca nada, estamos en una realidad sin un parlamento libre porque las personas que lo ocupan, han sido elegidas mediante elecciones falsas. Por la existencia de la tortura, como digo en el libro, hay millones de personas detenidas ilegalmente, y así podriamos continuar contando. El mundo árabe no conoce la expresión ex-presidente, los presidentes acaban todos muriendo, es el único modo de cambio.
En las intenciones del régimen, esta nueva ley no ha surtido el efecto deseado, porque en vez de tener a los intelectuales cada vez más frustrados, vemos la posibilidad de intervenir y crear un movimiento democrático secular, láico. Y de hecho, yo no soy sólo un escritor de novelas, sino que también soy un activista político, escribo artículos de periódico también.
En la escuela de medicina, una de las enseñanzas fundamentals es que el médico debe aprender inmediatamente la diferencia entre patología y enfermedad, y esta discriminación es muy importante: si se cura la enfermedad, se puede sanar verdaderamente, si se cura la complicación como si fuese una enfermedad, el paciente muere. Esta es una comparación para decir que en mi país ha sucedido lo mismo: la enfermedad es el régimen, la complicación de la enfermedad es el fanatismo. El régimen quiere convencernos por todos los medios de que el fanatismo y el integralismo son la enfermedad a curar, mientras que en realidad son una consecuencia de la enfermedad. Este elemento aparece también en el joven protagonista de mi libro, quien inicialmente es un idealista, pero que luego se inclina a la elección del terrorismo por ser detenido injustamente, torturado, etc.
Usted es un escritor que también trabaja cotidianamente como dentista, un trabajo que deja una libertad de gestión del tiempo y de escritura notables (si fuera periodista lo podrían meter a la cárcel immediatamente). ¿Cómo es que todavía practica de dentista tras todo el dinero que ha ganado con este libro?
Este libro se ha llevado también a la pantalla: ¿ha pensado alguna vez en escribir para el cine, no es también ese un buen modo de llegar al pueblo?
La literatura es muy importante para mí, pero seguí el consejo de mi padre , que murió cuando yo contaba 19 años y que me había dicho que si la literatura se convierte en el elemento dominante, debo dejar de escribir. Me han hecho muchísimas ofertas de escenografía, sobre todo tras la publicación del libro. Te ofrecen también mucho dinero, pero al fin y al cabo me he dado cuenta de que me arruinarían la vida. Yo vivo de una manera pacífica, tranquilamente, puedo escribir todos los días con calma. Si por el contrario se gana de manera desproporcionada por el trabajo de tres o cuatro meses, a un cierto punto, el juego puede volverse verdaderamente peligroso puede llegar a impedirme la escritura de otra novela. Si se gana tanto, ¿cómo se hace para vivir por dos o tres años más sin ganar nada mientras se escribe el libro siguiente? Después, imagino a mis personajes en el cine y no puedo verlos. Tengo muchos amigos guionistas, no tengo nada en contra de ellos, pero ¡yo no me veo en ese papel!
“El edificio Yacoubian” se encuentra editado en catalán: “L Edifici Laquibian” por Edicions De 1984 (2007) isbn:8496061809

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