Un hombre de letras se daría cuenta de la ironía de Khrushchev, que condena el culto del individuo mientras que lo perpetúa. El Stalin de su documento secreto era un superhombre, que había intimidado una nación entera, dirigido (equivocadamente) una guerra sin ayuda de nadie, logrando escapar de la mirada vigilante de sus camaradas del Partido Comunista.
Sin duda alguna se podía hablar del “culto del individuo”, y Khrushchev atacó mucho más que la mera glorificación de Stalin y las películas militares e históricas que, según él, “nos enferman”. Echándole toda la culpa a un individuo, Khrushchev tenía la esperanza de llevar a cabo un cambio, aunque no muy grande. De acuerdo a sus propias palabras, “Estábamos asustados, muy asustados. Teníamos miedo de que el descongelamiento ocasionara una inundación que no fuéramos capaces de controlar y que nos ahogara”.
Durante su discurso Khrushchev leyó una carta que había estado suprimida y que se había llegado a conocer como “el testamento de Lenin”. En la misma, Lenin se queja de las malas maneras de Stalin, recomendando que no lo nombren Secretario General (“conmoción en la sala”). Khrushev llega rápidamente al párrafo que menciona los “graves abusos” de poder cometidos por Stalin y las represiones a las masas de la década de los treinta. Aquí también se anda con cuidado y compara a Lenin, cuyas malas maneras estaban dirigidas a las clases enemigas, con Stalin, quien no tenía esos límites y que era responsable de la muerte de camaradas comunistas aún cuando ya se había ganado la revolución. Lenin había abolido la pena de muerte incluso antes que se hubiera derrotado a la Guardia Blanca.
Nótese que, con la excepción de su condena a la deportación de, entre otros, los chechenos, Khrushchev dijo poco o nada sobre los crímenes de Stalin contra los no comunistas. Para ser generosos con Khrushchev en su censura a la crueldad de Stalin con los comunistas: puede haber entendido “comunista” como sinónimo de “cualquier ciudadano soviético”.
Existen datos de algunos de los crímenes de Stalin, así como una increíble estadística: de los 139 miembros del comité central del Partido electos en el Vigésimo-séptimo Congreso, 98 fueron arrestados y ejecutados. 1.108 de los 1.966 delegados presentes fueron subsiguientemente arrestados por crímenes revolucionarios. El análisis de Khrushchev de la guerra librada por Stalin es igual de crítico. La liquidación de oficiales llegó hasta los comandantes de batallón y de compañía y naturalmente afectó la capacidad de la Unión Soviética de enfrentarse a Alemania. Según Khrushchev, Stalin se negaba a creer lo que estaba sucediendo incluso después de la invasión alemana (Churchill y los propios servicios de inteligencia rusa le habían advertido ya sobre el peligro de invasión meses antes). Stalin prefería pensar que la invasión era la acción aislada de soldados indisciplinados y ordenó que no se tomaran represalias. Describiendo la incompetencia militar de Stalin, comentó que “Llamé a Vasilevsky por teléfono y le supliqué: ´Alexander Mikhailovich, tome un mapa… y muéstrele al Camarada Stalin la situación a la que hemos llegado´. Nótese que Stalin planificaba sus operaciones sobre un globo terráqueo. [Animación en la sala.] Sí, camaradas, solía tomar el globo terráqueo para localizar a la línea de frente”.
Khrushchev se mete a la audiencia en el bolsillo y se gana un fuerte aplauso cuando les asegura que fueron ellos (y no Stalin) los que ganaron la Segunda Guerra Mundial. Luego de la guerra, continúa, “Stalin se volvió más caprichoso, cruel e irritable; en particular se volvió más desconfiado. Su manía de persecución alcanzó dimensiones increíbles”. Khrushchev asegura que se aisló del pueblo, de lo que Beria sacó provecho, perdonando a los otros apparatchiks1. Nos enteramos que Stalin estaba tan lejos de la realidad que se creyó toda la propaganda política acerca de las exitosas granjas colectivas. La trascripción no deja en claro si Khrushchev estaba consciente de la ironía de que sólo un líder comunista podía creer en la propaganda comunista: “Conocía el país y la agricultura únicamente por las películas. Y estas películas habían disfrazado y embellecido la situación actual de la agricultura. Muchas películas mostraban la vida en los kolkhoz2 de tal manera que hacían ver las mesas de hundiéndose por el peso de los pavos y gansos. Y Stalin pensó obviamente que éste era el caso”.
Roy Medvedev ha afirmado que el Vigésimo Congreso inició el proceso que terminó con el despotismo soviético, pero el descongelamiento ya había comenzado poco después de la muerte de Stalin en 1953. Jacek Kuroń y Jacek Żakowski informaron cómo los polacos lloraron de manera franca y natural a su muerte, y sin embargo a los pocos días ya circulaban bromas. Solzhenitsyn describió memorablemente una escena en un Gulag3 donde los prisioneros se enteran de la muerte del Gran Líder. Todos al unísono tiraron sus gorras al aire.
Los polacos que sintonizaban con Radio Free Europe eran recompensados con escenas entre bastidores de la vida del Partido y del servicio secreto. Se comenzó a dar un cambio cultural cuando la gente empezó a oír jazz y a alejarse de los temas musicales públicos impuestos por el Realismo Socialista a favor de tendencias artísticas más personales y privadas. (En diciembre de 1956, un periodista que cubría la Conferencia de Escritores Polacos escribiría: “Y con esto se enterró modestamente el Realismo Socialista, sin honores. Ni siquiera hubo velatorio”).
El informe no permaneció secreto por mucho tiempo. Durante varias semanas el Trybuna Ludu, el órgano del partido oficial de Polonia, mencionó poco y nada al respecto, a pesar de que se imprimieron bastantes discursos (en una edición se emitieron seis discursos, todos concluyendo con, “el discurso era interrumpido frecuentemente por largas rondas de fuertes aplausos”). El 26 de febrero se imprimió la resolución del Congreso en su totalidad, incluyendo a la condena del culto al individuo, sin más detalles. Luego, el 27 de marzo, se publicó un artículo por Jerzy Morawski en la página 3, titulado “Lecciones del Vigésimo Congreso del Partido Comunista de la Unión Soviética”. Luego de un comienzo intransigente, [el periodista] regresa al culto del individuo para seguir las líneas del informe secreto de Khrushchev.
El informe se leía además en las reuniones públicas del Partido. Se había distribuido entre los líderes de los partidos comunistas del Bloque del Este pero sólo Polonia lo había traducido y hecho circular. La versión comúnmente disponible (http://www.trussel.com/hf/stalin.htm), publicada en Nueva York en junio de 1956, muestra evidencias de haber sido traducida del polaco.
Piotr Osęka informa que la gente se desmayaba durante el discurso inicial de Khrushchev en Moscú. En Polonia los oyentes reaccionaban escandalizados e incrédulos. Una reunión llevada a cabo para discutir el informe duró 27 horas. Hubo ocasiones en las que la lectura del informe encontró un silencio avergonzado. Un residente de Krakovia escribió haberse quedado de piedra por las noticias y que estaba en cama, enfermo. Las revelaciones presentaban un problema para los docentes, que no sabían qué enseñar acerca del hasta entonces tan venerado líder. ¿Habría que quitar sus retratos de las aulas de clase?
No es ninguna sorpresa, por lo tanto, que una y otra vez se preguntara si los camaradas de Stalin estaban al tanto del culto del individuo y en caso de así serlo, por qué no hicieron nada. Con respecto a esta cuestión, el discurso de Khrushchev fue poco convincente: “Primero y principal, hemos de considerar el hecho que los miembros del Partido Comunista no hayan considerado siempre este asunto en forma igual a través del tiempo”. Ofrece una disculpa en defensa del Partido porque Stalin no había convocado casi nunca a reuniones del Partido Comunista o sesiones plenarias del Comité Central en los últimos años.
Osęka cita a Jan Józef Lipski, quien afirmó durante una reunión del Instituto Editorial Estatal: “¿Qué es lo que quieren decir con que ninguno sabía? Todos los hombres de negocios en Varsovia lo sabían. La gente lo comentaba en los tranvías y en los mercados”. De hecho, resulta difícil creer que los crímenes de Stalin hubieran sido una sorpresa para muchos y una de las razones del discurso de Khrushchev propuestas por Martin Malia es que, con los antiguos internos de los gulag regresando a casa en tropel, la verdad era inminente. Osęka sugiere que al otorgar permiso oficial para divulgar algo ya sabido por todos, Khrushchev obligó a la gente a enfrentarse a la verdad.
Durante reuniones políticas llevadas a cabo para discutir el informe secreto muchos preguntaron si el arresto de Gomulka, quien había sido secretario general del Partido Laboral Polaco, había sido justificado y si se le permitiría regresar al Partido. De hecho Gomulka no sólo fue readmitido, sino que además fue nombrado Primer Secretario en octubre de 1956, luego de un par de meses turbulentos durante los cuales la gente cuestionaba abiertamente la subordinación estatal a la autoridad del Partido. En Rusia había también mayor libertad de palabra pero el efecto fue menos espectacular que en Hungría o en Polonia, donde Jacek Kuroń describe un sistema que se desintegraba ante los ojos de la gente.
En junio, trabajadores salieron a las calles de Poznań, rasgando banderas rojas. Las autoridades abrieron fuego, dando de baja a alrededor de 70 civiles. En un intento de desprestigiar a los manifestantes, el apparatchik del Partido, Cyrankiewicz, declaró que “cualquier loco o provocador que se atreva a levantar una mano en contra de la autoridad del pueblo puede estar seguro de que la autoridad del pueblo le cortará la mano en beneficio de la clase obrera, en beneficio de la clase trabajadora urbana y rural”. Pero alegaciones de que una quinta columna era responsable fueron desmentidas en Trybuna Ludu, donde Krzysztof Wolicki escribió que los caídos eran simplemente trabajadores protestando. La aproximación de la Octava Plena Asamblea del Comité Central del Partido Comunista Polaco en octubre vio un aumento en los disturbios. Miles demostraban diariamente y una carta pública dirigida a todos los estudiantes polacos exigía la democratización, el freno a la censura y la desestalinización. La creencia general, de acuerdo a Kuroń, era que una facción interna del Partido, con el apoyo de los rusos, efectuaría un golpe de estado. Corrían rumores de columnas armadas en marcha rumbo a Varsovia.
Eventualmente, los rusos sí llegaron a Varsovia: Khrushchev, junto con Kaganovich y Molotov, volaron a Varsovia con el fin de llevar a cabo negociaciones, pero el primer secretario Edward Ochab les dijo algo que Stalin nunca hubiera oído: “no entablaremos negociaciones con una pistola apuntándonos a la cabeza”. Como resultado de las negociaciones Gomulka fue nombrado Primer Secretario. Khrushchev aceptó “la trayectoria polaca al Socialismo” a cambio de una declaración de lealtad a Moscú. La colectivización en Polonia llegó a su fin, y la Iglesia adquirió considerable autonomía. Se retiraron a los oficiales soviéticos del ejército polaco y se cancelaron las deudas de Polonia con la URSS.
Gomulka pronunció un estrepitoso discurso en contra de Stalin mientras que todavía se llevaban a cabo reuniones en masa por todo el país (300.000 asistieron a su mitin unos días después). Admitió que los líderes de Polonia eran responsables por las muertes en Poznań y afirmó que el Vigésimo Congreso había sido “un estímulo importante a favor del cambio en la esfera política nacional”. Pero, como en el caso de Khrushchev, su audaz declaración tenía algo de autosuficiente: él mismo no había sido miembro del Partido en el momento de las muertes de los trabajadores en Poznań.
Notas de Traductor:
1 Miembro del gobierno leal a la organización o al líder político.
2 Granja colectiva del estado comunista.
3 Red de campos de labor forzada en la antigua Unión Soviética.
Fuentes:
Khrushchev, Nikita, On the Cult of the Individual and its Consequences (“En el culto de la personalidad y sus consecuencias”)
Jacek Kuroń y Jacek Żakowski PRL dla Początkujących, 1995
Martin Malia, The Soviet Tragedy, 1994 (“La tragedia soviética”)
Roy Medvedev, Khrushchev’s secret speech & end of communism (“El discurso secreto de Khrushchev y el fin del comunismo”)
Piotr Osęka, Towarzysze, mózgi się lasują, Gazeta Wyborcza, 25th-26th Feb 2006
Nicolas Riasanovsky, A History of Russia, 1993 (“Historia de Rusia”)

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