Por Berit Keyes
Traducido por: Anna Escofet
De algún modo, y para su sorpresa, el librero accede a la propuesta, y Seierstad se pone manos a la obra. Durante cuatro meses duerme en el suelo de una habitación junto con otras seis mujeres y sus hijos. Viaja ilegalmente a Pakistán con el librero, acompaña al hijo mayor en peregrinaje, visita una comisaría de policía y la prisión. Pero, por encima de todo, pasa la mayor parte del tiempo observando las reservadas vidas de las mujeres, a menudo des del interior de su propio burka.
El resultado es un libro donde la familia Khan saca a la luz pública sus historias.
¿Porque cree que este libro ha tenido tanto éxito?
Para mí fue una gran sorpresa. A pesar de la gran cantidad de información que recibimos, aun existe un gran vacío de crónicas que le hablen al lector de manera directa. Yo me propuse escribir la historia de forma que mis amigos pudiesen entender algo sobre esta familia y sobre Afganistán. El estilo literario con que está escrito también ayuda a conseguir esta cercanía.
Seierstad decidió escribir esta crónica objetiva en formato literario. Ella queda totalmente al margen de la historia y solo aparece en la introducción y en el epílogo, a pesar de presenciar y ser informada de todos y cada uno de los hechos narrados. El libro se divide en capítulos y en cada uno de ellos se cuenta la historia de un miembro de la familia. Son historias entorno a los quehaceres cotidianos, las pequeñas cosas de cada día, a menudo entrelazadas con acontecimientos históricos y políticos. Historias sobre el tedio y el aburrimiento, sobre proposiciones y enlaces, sobre el amor y el odio.
“Creo que para entender un conflicto tienes que entender primero a la gente afectada. Tienes que hacerte una idea de cómo está construida esa sociedad. Creo que muchos periodistas escriben libros sobre grandes cosas y dejan de lado a los individuos, quienes en realidad son la base de la sociedad. A mí, el hecho de que sea tan difícil, a veces incluso imposible, que una chica afgana diga “Te quiero”, me dice mucho acerca de esa sociedad”.
En realidad son la opresión y la desesperanza lo que enlaza todo el libro, sentimientos que impregnan todas sus páginas de principio a fin. Seierstad puede que no aparezca, pero su indignación contra las injusticias descritas se siente a lo largo de todas las páginas.
“No soy una relativista cultural. La gente me acusa de condenar algo que no entiendo; dicen que es su cultura y que no tenemos derecho a criticarla. Pero, en mi opinión, todo el mundo tiene derecho a ser tratado bajo los mismos derechos fundamentales. Esta gente sufre. Es la sociedad más injusta que he visto jamás”.
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